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Posts etiquetados con: trastornos de ansiedad

La búsqueda de la felicidad

felicidadMucho se habla de la felicidad en libros de autoayuda, medios de comunicación, etc. Hoy en día, se considera una legítima aspiración de todos los seres humanos. Pero, ¿cómo se consigue? A nivel social, se dan tantas injusticias y conflictos que casi parece una broma que nos lo planteemos:  en cualquier caso, dependerá de hasta donde seamos capaces de luchar para hacer respetar nuestros derechos básicos y hasta donde llegue nuestra creatividad y coraje para construir nuevos modelos sociales y económicos, más justos y solidarios. A nivel individual, no obstante, sí tenemos herramientas para poder vivir mejor y sentirnos mejor (y cuando lo consigamos a nivel individual, a nivel social también será más fácil).

Resumiendo las aportaciones de muchos estudiosos del tema, podemos decir que lo que LA FACILITA es:

-       Cultivar buenos pensamientos, potenciar un diálogo interno sano y eliminar la “cháchara” mental que nos llena de ansiedad y nos desenergetiza. Como dice Rimponché, la felicidad está en la mente, en los pensamientos: la mente es la que crea el mundo, nuestro mundo particular. O como dijo de forma parecida Marco Aurelio: nuestros pensamientos crean nuestra realidad. Seguir Leyendo


Agorafobia y ataques de pánico: qué son y cómo se superan

canstockphoto0631584Decimos que una persona tiene agorafobia cuando teme (y tiende a evitar, a menos que vaya acompañada) salir de casa, ir a lugares públicos muy concurridos como calles, supermercados o centros comerciales, quedarse solo, etc. Ese miedo está relacionado con el temor a perder el control sobre las propias reacciones y a sufrir un ataque de pánico.

Esas crisis de angustia o ataques de pánico implican períodos cortos de ansiedad intensa que alcanzan su punto culminante a los 10 minutos aproximadamente (para luego ir descendiendo progresivamente de forma espontánea) y que pueden abarcar: sensación de asfixia, mareo o desmayo, náuseas, taquicardias, dolor torácico, sudoraciones, temblores, entumecimiento u hormigueo, miedo a morir o a volverse loco, a perder el control, etc. Aparte de eso, algunas personas piensan que pueden hacer el ridículo en público, marearse, caerse y quizás lastimarse o despertarse inconscientes en un hospital o, incluso, que la sensación de pérdida de control sea permanente.

Es frecuente que las personas que sufren estas crisis por primera vez, no entiendan lo que les sucede y teman tener alguna enfermedad grave o, incluso, piensen que se pueden morir durante alguno de estos ataques. A menudo, acuden a los servicios de urgencias donde, después de descartar otras patologías como problemas cardíacos o respiratorios, les suelen recetar tranquilizantes y, en algunos casos, les sugieren seguir un tratamiento psicológico.

El origen de la agorafobia se suele situar en un episodio más o menos “traumático” o bien en períodos de estrés y tensión prolongados que, desencadenaron una crisis de ansiedad (con algunos de los síntomas mencionados) que no se comprendió bien y que, a partir de entonces, provoca un fuerte temor a que se pueda repetir, con la consiguiente evitación de aquello que se crea que podría volver a desencadenarlo, es decir, de lugares o estímulos relacionados con esa sensación de miedo original.

De alguna manera, la persona queda condicionada a esa situación de miedo. a esa primera crisis de ansiedad. Y las posteriores evitaciones de lugares y estímulos asociados, no hace sino agravar el problema: el miedo se extiende a más situaciones, se hace más “resistente”, la persona se siente cada vez más vulnerable, cada vez teme más cosas, cada vez son menos los lugares y situaciones en que se siente segura (le suele preocupar especialmente estar lejos de casa o sola).

A corto plazo, el/la afectado/a se siente mejor evitando lo que le provoca ansiedad; a medio y largo plazo el trastorno se agrava y tiende a cronificarse. Llegados a este punto, si no busca ayuda, se instala en ella la desesperanza, se siente en un callejón sin salida, depende demasiado de personas cercanas a ella para salir de casa, etc. Las personas próximas tienden, o bien a protegerla demasiado, o bien a enfadarse con ella por no hacer frente al problema con más “valentía”, o ambas cosas a la vez. Nada de eso ayuda a la persona agorafóbica, por supuesto.

La agorafobia afecta a 6 personas de cada 1.000, y es más frecuente en mujeres que en hombres. No está relacionada con ninguna enfermedad mental grave ni con ninguna enfermedad física.

Si te identificas con estos síntomas u otros parecidos, desde mi consulta de psicólogos Barcelona o psicólogos Vilassar de Mar te puedo ayudar a superarlo mediante una serie de estrategias cognitivo-conductuales encaminadas a una mejor comprensión del trastorno, a un aumento de la confianza en ti mismo/a y a un afrontamiento progresivo y guiado de los temores que limitan tu vida y tu libertad. La única condición para el éxito es que estés dispuesto/a a implicarte activamente en el proceso, y que seas perseverante y no tires la toalla en los momentos más duros. No importa la cantidad de tiempo, tal vez años, que lleves con este problema: se puede superar.

El mayor enemigo está, no en la gravedad del problema, sino en el desánimo, en la actitud derrotista que a veces está tan enquistada en la persona que ya se ha acostumbrado a llevar una vida recluida, limitada, de “ir tirando”, dependiente de las personas de su entorno, que tal vez lo ha intentado (por su cuenta) demasiadas veces sin éxito y que ya empieza el tratamiento sin mucha convicción y lo abandona ante las primeras dificultades.

Finalmente, quiero resaltar que la medicación en estos casos en mi opinión solamente puede actuar como un paliativo y, aunque se puede pasar por períodos mejores y peores, con toda probabilidad, si no va acompañada de psicoterapia no resolverá el problema de forma definitiva.

Josep Planas –psicólogo Barcelona, psicólogos Maresme, psicólogos online


Miedo y ansiedad: ¿puedo controlarlos?

canstockphoto3594533El miedo es la reacción ante la percepción de una amenaza o peligro (reales o imaginarios) para nuestra seguridad física o emocional. Las posibles respuestas pueden ser: a) lucha o afrontamiento, b) huida o evitación, c) parálisis o bloqueo. Hay que distinguir entre miedo normal ante un peligro real o probable, y miedo excesivo o patológico, desproporcionado a la situación o provocado por una falsa alarma. El miedo normal nos protege. El miedo patológico nos limita, empobrece nuestra vida y nos causa un sufrimiento innecesario.

Ejemplos: 1) Me dispongo a cruzar la calle, me doy cuenta de que el semáforo está en rojo, siento miedo y retrocedo,      2) Camino de noche por una calle poco iluminada, oigo pasos a mis espaldas, y me quedo quieto sin saber qué hacer, paralizado por el miedo,       3) Noto un repentino dolor en el pecho, siento miedo y acudo a un servicio de urgencias. En el primer caso, el miedo es normal y me protege de un posible atropello. En el segundo, parece excesivo pero no lo sabemos del todo puesto que depende del contexto: peligrosidad del barrio, etc. En el tercero, depende también del contexto: si se trata de una persona joven y con buena salud, o que ha tenido otros episodios similares que han resultado falsas alarmas, con toda probabilidad se tratará de miedo generado por síntomas físicos de ansiedad únicamente y que no entrañan riesgo alguno para nuestra salud.

La ansiedad, a diferencia del miedo, es un sentimiento más complejo, de incomodidad o malestar que se prolonga (con altibajos) a lo largo del tiempo y causado por ciertos pensamientos repetitivos de aprensión o temor hacia determinadas situaciones.

Ejemplos: 1) He tenido varias veces la sensación de mareo o vértigo estando fuera de casa, y ahora siento ansiedad de salir a la calle por temor a desmayarme, etc.        2) Cada vez que he de ir al dentista, me paso varios días ansioso porque le tengo una cierta fobia.

El problema de los trastornos de ansiedad, no es la experiencia de miedo o de ansiedad en sí (que puede no ser patológica en muchos casos), sino el hecho de que esta ansiedad se active inapropiadamente, cuando “no toca”. Por ejemplo, tener algo de ansiedad antes de un examen seguramente me hará estudiar más pero si esta ansiedad es excesiva o se da por una sobrevaloración de ciertos peligros o por “películas” que me monto sobre cosas negativas que podrían pasarme -pero cuya probabilidad es mínima o, incluso, inexistente- entonces estoy sufriendo inútilmente.

Tanto en el caso del miedo como de la ansiedad, uno de los modos que solemos utilizar para “protegernos” es el de la huída-evitación pero (a menos que el peligro sea real) ello sólo nos proporcionará alivio a corto plazo con abundantes efectos secundarios, además: frustración y posible pérdida de autoestima por no haber sido capaces de enfrentarnos a lo que nos daba miedo, empeoramiento a largo plazo de ese miedo o ansiedad que se puede generalizar a otras situaciones parecidas (por ejemplo, si tengo fobia al metro y lo evito es posible que acabe teniendo también miedo a ir en autobús, en coche y hasta puede que al final a salir de casa)

La psicoterapia para los trastornos de ansiedad, en la consulta de psicologos Barcelona, consiste en: 1) entender qué mecanismos activan ese programa de miedo o ansiedad: qué pensamientos, creencias, fantasías, etc.,       2) desactivar ese programa, mediante cambios tanto cognitivos (a nivel de creencias internas) como conductuales (afrontamiento gradual, y bajo supervisión terapéutica, de todas las situaciones provocadoras de ansiedad)

Josep Planas –psicólogo Barcelona, psicólogo Vilassar de Mar, psicoterapia online