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Posts etiquetados con: terapia online

Creencias irracionales en el TOC

TOC

En las personas que sufren de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) se suelen encontrar una serie de creencias irracionales caracterizadas por:

  • Una sobreestimación de la amenaza o catastrofismo, que les lleva a exagerar la probabilidad o gravedad de algunos errores o sucesos desafortunados que “teóricamente” se podrían haber producido. Por ejemplo, haber dejado la puerta de la casa abierta, no haber cerrado la llave del gas, contagiarse del SIDA, etc, A partir de la pregunta: “¿Y si…?”, su imaginación se dispara y se puebla de horrores”.
  • Atribución de importancia excesiva al poder de los pensamientos. Tienden a creer que por el mero hecho de pensar algo, es muy probable que ese pensamiento se transforme en acción sin control de la mente. Por ejemplo, después de ver por la tele que un piloto suicida ha estrellado su avión con todos los pasajeros dentro (suceso que realmente ocurrió hace unos años, como recordarán), creer que ellos también podrían hacer algo parecido (tirarse al metro, etc.) sólo con pensarlo, llevados por un impulso que no podrían controlar. Olvidan que todos tenemos fantasías y pensamientos “indeseables” o “no deseados” en algún momento sin que esto implique que vayamos a convertirlos en actos de forma incontrolada, como si la mente fuera un coche sin frenos. De forma similar, también pueden creer que por el hecho de pensar algo “malo” o que va en contra de sus valores, se convierten automáticamente en seres humanos despreciables, olvidando que “malo” solamente es aquél que comete malas acciones: el que sólo las piensa alguna vez es simplemente un ser humano (imperfecto, como todos). Seguir Leyendo

Manejar el malestar emocional


malestar emocional
Podemos sentir diversas emociones, algunas agradables
como la alegría, la sensación de felicidad, bienestar o calma internos, etc. y otras desagradables como ansiedad, depresión, culpa, vergüenza, rabia, tristeza, etc.

Todas ellas, incluso las que no nos gustan y consideramos “negativas”, cumplen una función importante si son adecuadas al contexto. Por ejemplo, sentir rabia ante una injusticia nos ayuda a poner límites y protegernos; sentir culpa o vergüenza cuando hemos actuado mal, a rectificar y corregir nuestros errores. Por tanto, solamente debemos intentar librarnos de ellas cuando no cumplen una función útil, es decir, cuando no son apropiadas al contexto bien por sus características o por la intensidad (desproporcionada) con que las sentimos. Seguir Leyendo


¿Funcionan realmente los antidepresivos?

placebo.1[1]Hace unos años, el profesor Irving Kirsch y su equipo de investigadores fueron los artífices de una prometedora y provocadora línea de investigación que puso en tela de juicio la eficacia de los antidepresivos y cuestionó la práctica médica basada exclusivamente en la intervención farmacológica para pacientes con depresión. En su libro, “The Emperor’s New Drugs: Exploding the Antidepressant Myth”, publicado en el año 2009, expone los resultados de quince años de investigación al respecto.

Inicialmente, se centró en el análisis del efecto de los placebos y tras revisar, en 1995, 38 ensayos clínicos publicados en revistas científicas, donde se comparaba el efecto de los antidepresivos frente a placebos o el efecto de la psicoterapia frente a la ausencia de tratamiento en la depresión, sus resultados mostraron una mejoría de todos los pacientes, incluso de aquellos que sólo habían tomado placebos. Pero, lo que captó especialmente su interés fue el hecho de que los antidepresivos “sólo resultaban ser un poco mejores” que los placebos.

A partir de ahí, Kirsch comenzó su línea de investigación, incluyendo los ensayos controlados que las compañías farmacéuticas (que son las que patrocinan este tipo de estudios sobre eficacia de los psicofármacos) no llegan a publicar en muchos casos (si les son desfavorables) puesto que podrían perjudicar los ingresos de esta industria multimillonaria (según un artículo publicado en el diario La Razón en fecha 19/8/2013, el consumo de antidepresivos en España se ha triplicado en diez años y supone un 47 % del gasto farmacéutico en salud mental de España). De esta manera, consiguió acceder a los datos de un total de 46 estudios controlados, que demostraban que el nivel de eficacia de los placebos era todavía superior con relación al primer hallazgo: los placebos alcanzaron un nivel de eficacia del 82% respecto a los antidepresivos en el tratamiento de la depresión, diferencia que no era clínicamente significativa, es decir, que no demuestra que los antidepresivos sean realmente eficaces.

A partir de aquí Kirsch intentó buscar una explicación a estos sorprendentes resultados, para determinar si esta pequeña diferencia observada en la eficacia del antidepresivo frente al placebo era atribuible a un efecto real del fármaco o a la presencia de otro tipo de factores. Su equipo de investigación (método doble-ciego en el que ni los participantes ni los investigadores saben inicialmente quién está recibiendo el fármaco y quién el placebo) descubrió algunos resultados inesperados: tanto los antidepresivos (cuya acción radica en aumentar el nivel de serotonina) como otras sustancias totalmente diferentes (con un efecto contrario al de los antidepresivos) como opiáceos, sedantes, estimulantes o algunos remedios herbales tenían unos resultados parecidos en el tratamiento de la depresión. La explicación de estos resultados la atribuyó a otra característica compartida por todas estas sustancias: los efectos secundarios (boca seca, taquicardias, etc.), lo que le confirmaría al paciente de que está recibiendo el “verdadero tratamiento” y no un placebo y, por lo tanto, le hace más propenso a creer que se ha producido una mejoría real en sus síntomas de depresión. La conclusión es que el descenso en los niveles de depresión no se puede atribuir tanto al componente químico del fármaco, como a las expectativas de mejoría del paciente.

A partir de ahí, y para poner a prueba su hipótesis de que los efectos secundarios estaban sesgando las respuestas de los participantes, Kirsch emprendió una nueva investigación empleando, en vez de los habituales placebos, lo que se denominan placebos “activos”, es decir, placebos que producen efectos secundarios. En estos ensayos no se observaron diferencias significativas entre los antidepresivos y el placebo activo, es decir, todos los participantes manifestaron algún efecto secundario de uno u otro tipo y todos informaron del mismo nivel de mejoría. Tampoco se observó que las dosis más altas funcionaran mejor que las bajas, lo que pone de manifiesto que es extremadamente poco probable que los antidepresivos funcionen y sean realmente eficaces.

Para Kirsch, por tanto, los antidepresivos no son más que otro tipo de placebos, con efectos secundarios más notables, y que las mejorías no se deben al mecanismo de acción de la serotonina sino a la expectativa que tiene el paciente de mejorar cuando se convence de que está siguiendo un tratamiento eficaz.

A pesar de estos revolucionarios resultados, parece que no ha habido grandes cambios en el modelo médico/ biologista del tratamiento de la depresión. Es más, como he mencionado anteriormente, el consumo de antidepresivos, lejos de disminuir ha aumentado considerablemente. ¿Por qué? Tal vez haya demasiados intereses económicos detrás de todo esto que hacen lo posible para que determinadas informaciones no lleguen al gran público.

Según Kirsch y otros investigadores, habría que poner el acento, no en un supuesto desequilibrio neuroquímico, sino en los aspectos psicológicos y ambientales asociados al trastorno depresivo. A este respecto, la intervención cognitivo-conductual sí ha demostrado ser eficaz tanto en la reducción de los síntomas depresivos como en el mantenimiento en el tiempo de los cambios terapéuticos, con una notable disminución de las recaídas y sin efectos secundarios de ningún tipo.  El National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE), que marca las directrices para las políticas de salud del Reino Unido basando sus recomendaciones en el análisis de la evidencia científica, indica que la intervención psicológica fundamentada en técnicas cognitivo-conductuales ha de ser el tratamiento de primera elección para el trastorno depresivo leve y moderado, y sólo en los casos más severos, se recomienda el uso de antidepresivos, pero siempre en combinación con tratamiento cognitivo-conductual.

Ver artículo relacionado “¿Pastillas o psicoterapia?

Si quieres más información acerca del tratamiento cognitivo-conductual de la depresión, puedes dirigirte a Josep Planaspsicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos Maresme


Psicólogos online

canstockphoto4138688La psicoterapia online ha tenido un considerable crecimiento en los últimos años. Desde sus inicios hasta ahora, ha experimentado una importante evolución gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y al uso, cada vez más frecuente, de Internet por personas de todas las edades.

Si bien, no se puede equiparar al contacto humano del tú a tú en la psicoterapia presencial, sí podemos actualmente, y a través de programas como el Skype, no sólo hablar o chatear sino también “ver” a la otra persona a través de una webcam, observar sus gestos, etc. lo cual enriquece considerablemente la comunicación. Por supuesto, también se puede realizar por teléfono, email, etc.

Ahora bien, ¿para quienes estaría indicada la psicoterapia online y qué ventajas o inconvenientes tiene? Pues bien, podemos decir que:

  • Está indicada para personas que, por diversos motivos, no quieren o no pueden trasladarse a la consulta del terapeuta. Por ejemplo, personas que viven en otra ciudad o, incluso, en otro país, que viajan constantemente, que tienen dificultad para desplazarse por motivos de salud, algún tipo de incapacidad física o trastornos psicológicos limitantes como la agorafobia.
  • Como ventajas tiene la de un coste algo más bajo, la comodidad de poder hacerla desde casa y sin perder tiempo en traslados, la conservación del anonimato (si uno quiere), etc.
  • Y como inconvenientes o limitaciones, tenemos que la proximidad física, necesaria o muy recomendable sobre todo para algunos trastornos más complejos, no se da en la comunicación virtual, con lo cual la psicoterapia online puede no ser eficaz en algunos casos o quedar muy debilitada. Por ejemplo, no sería la opción más recomendable para aquellas personas cuyo problema fundamental es la evitación del contacto (fobia social, etc.).

Hay que estudiar caso por caso para determinar su idoneidad y, para ello, el paciente ha de consultar previamente con el profesional las particularidades de su demanda concreta. Algunas veces, sería también posible empezar las consultas con nuestros psicólogos online para, después, seguir con psicoterapia presencial (o a la inversa)

Cabe añadir que la psicoterapia on line no surge para sustituir a la psicoterapia presencial, sino que su utilidad está en facilitar y aproximar aún más las herramientas de la psicología a la gente que lo necesite, haciendo la psicoterapia cada vez más accesible a un mayor número de personas y potenciando el trabajo entre pacientes y terapeutas.

Si tienes dudas sobre el tipo de terapia más adecuado para ti, puedes consultar con “psicólogos Barcelona” a través de los formularios de contacto o vía telefónica (933150084. 654898716)


Lo que se ve y lo que no se ve

En la terapia se ve a dos personas sentadas una frente a la otra, al psicólogo/a que intenta escuchar y ser amable, al paciente que intenta explicar lo que le ocurre y que desea ser comprendido y ayudado. En la terapia se escuchan palabras, se ven gestos, emociones que se contienen o que afloran; se ven intentos de complacer, gestos de confianza o desconfianza; se ven intentos de ayudar y de ser ayudado/a. En la terapia, se cuenta o se intuye pero no se ve la historia de ilusiones y desilusiones de cada paciente, su dolor auténtico, sus esfuerzos para ser querido/a, las zancadillas que le ha puesto la vida, las oportunidades que le ha ofrecido, cómo era de pequeño/a, la gente que le quiere o lo/a ha querido, la gente que le ha odiado… En la terapia, se oyen las palabras de consuelo o de ayuda del terapeuta, se ven o se conocen sus diplomas y sus masters pero no se ven tampoco sus ilusiones y desilusiones, la trayectoria de su vida, cómo ha sido su infancia, los retos que ha tenido que afrontar, lo que espera del futuro, lo que teme, lo que le mueve… En la terapia, dos personas están sentadas una frente a la otra pero hay cosas que se ven, y otras que no se ven. Aparentemente una es el/la experto/a y el otro alguien que desea ser ayudado pero son, ante todo, dos seres humanos frente a frente.


La teoría del Yin y el Yang

No debemos perder de vista que todos formamos parte de un mundo que va más allá de nosotros mismos, que se extiende más allá de nuestras fronteras -sobre todo- individuales, pero también de nuestras fronteras como grupo (familia, nación, etc.) e incluso, me atrevería a decir como planeta Tierra hasta unos confines desconocidos en la vastedad del universo. Un mundo en que las cosas están de alguna manera -visible o invisible- interrelacionadas, y en el que no podemos o no debemos actuar como si estuviéramos solos, ignorando la influencia de nuestros actos en el entorno, ignorando la influencia del entorno en nosotros. Creo que debemos, pues, actuar con responsabilidad individual pero también colectiva; que debemos procurar hacernos plenamente responsables de nuestra propia vida y de las elecciones que hacemos, sin victimismos ni atribuciones de culpa trasnochadas pero a la vez no permanecer ciegos a los condicionamientos del entorno. Y la psicología debe intentar encontrar e inculcar este justo equilibrio entre responsabilidad individual y colectiva, entre mirar hacia adentro y mirar hacia afuera, entre ocuparme de mí y ocuparme de los otros, entre yo y los demás. Estoy convencido de que los intereses individuales no se han de sacrificar a un supuesto bien colectivo -de forma sistemática-, pero tampoco los intereses colectivos al individuo porque no puede existir lo uno sin lo otro, al igual que no existiría el día sin la noche, el yin sin el yang.


Ansiedad, depresión y estrés los síntomas de la crisis

La situación económica que estamos viviendo se ve reflejada en muchos ámbitos de nuestro día a día. La ansiedad, la depresión o el estrés se están convirtiendo en las enfermedades de la década,  y son cada vez más las personas que acuden a consultas de atención psicológica con estos síntomas derivados de la situación económica que les rodea.

Las mujeres (87%) mayores de 60 años (65%) son el grupo más afectado por estos trastornos. Según los especialistas esta situación se produce en este grupo al ver a distintos de sus círculos más cercanos o  en una situación económica complicada.

El constante goteo de noticias sobre la crisis y la negativa situación del país es otro de los motivos que generan estrés y ansiedad, patologías que sufren 3 de cada 10 pacientes.

Para sobrellevar la situación de crisis y no verse afectado por estas patologías los expertos recomiendan una actitud positiva, intentar ver el lado positivo de cada momento y pensar en la  crisis como un cambio que puede dar lugar a nuevas oportunidades.


La importancia de la autoestima

La autoestima es importante porque tiene que ver con aspectos esenciales de nuestra existencia, tales como la manera en qué nos relacionamos con los demás, la profesión y la pareja que escogemos y el grado de paz y armonía interior que alcanzamos.

Así, por ejemplo, en el tema del amor si no nos queremos a nosotros mismos, nuestra inseguridad nos hará también desconfiar de que los demás puedan querernos y, como consecuencia de ello, podremos provocar involuntariamente conflictos que terminen por dañar o romper el vínculo con lo cual, finalmente, reforzaremos nuestra creencia de no ser dignos de amor o no ser capaces de alcanzarlo. Es como el pez que se muerde la cola. Por otro lado, difícilmente vamos a poder querer a los demás si no nos queremos nosotros: de todos es sabido que no se puede dar aquello que no se tiene. A lo sumo, podremos hablar de dependencia, pero no de amor auténtico. Además, con una baja autoestima es posible que en lugar de buscar a personas apropiadas para nosotros, valorándolas por sus cualidades y el grado de compatibilidad que tengamos con ellas, tendamos simplemente a buscar personas que nos acepten, que no nos rechacen. En el tema del trabajo ocurrirán cosas parecidas. Guiados por el miedo más que por la ilusión, por la inseguridad más que por la confianza, por el afán de seguridad más que por el riesgo creativo, lógicamente actuaremos por debajo de nuestras posibilidades e incluso nos sabotearemos posibles éxitos. Finalmente, ¿cómo podemos alcanzar paz y equilibrio interno si nos machacamos a menudo con pensamientos negativos sobre nosotros mismos, si no nos aceptamos mínimamente, si nos llevamos “a matar” con nuestro propio yo?