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Posts etiquetados con: terapia individual

Lo que se ve y lo que no se ve

En la terapia se ve a dos personas sentadas una frente a la otra, al psicólogo/a que intenta escuchar y ser amable, al paciente que intenta explicar lo que le ocurre y que desea ser comprendido y ayudado. En la terapia se escuchan palabras, se ven gestos, emociones que se contienen o que afloran; se ven intentos de complacer, gestos de confianza o desconfianza; se ven intentos de ayudar y de ser ayudado/a. En la terapia, se cuenta o se intuye pero no se ve la historia de ilusiones y desilusiones de cada paciente, su dolor auténtico, sus esfuerzos para ser querido/a, las zancadillas que le ha puesto la vida, las oportunidades que le ha ofrecido, cómo era de pequeño/a, la gente que le quiere o lo/a ha querido, la gente que le ha odiado… En la terapia, se oyen las palabras de consuelo o de ayuda del terapeuta, se ven o se conocen sus diplomas y sus masters pero no se ven tampoco sus ilusiones y desilusiones, la trayectoria de su vida, cómo ha sido su infancia, los retos que ha tenido que afrontar, lo que espera del futuro, lo que teme, lo que le mueve… En la terapia, dos personas están sentadas una frente a la otra pero hay cosas que se ven, y otras que no se ven. Aparentemente una es el/la experto/a y el otro alguien que desea ser ayudado pero son, ante todo, dos seres humanos frente a frente.


La teoría del Yin y el Yang

No debemos perder de vista que todos formamos parte de un mundo que va más allá de nosotros mismos, que se extiende más allá de nuestras fronteras -sobre todo- individuales, pero también de nuestras fronteras como grupo (familia, nación, etc.) e incluso, me atrevería a decir como planeta Tierra hasta unos confines desconocidos en la vastedad del universo. Un mundo en que las cosas están de alguna manera -visible o invisible- interrelacionadas, y en el que no podemos o no debemos actuar como si estuviéramos solos, ignorando la influencia de nuestros actos en el entorno, ignorando la influencia del entorno en nosotros. Creo que debemos, pues, actuar con responsabilidad individual pero también colectiva; que debemos procurar hacernos plenamente responsables de nuestra propia vida y de las elecciones que hacemos, sin victimismos ni atribuciones de culpa trasnochadas pero a la vez no permanecer ciegos a los condicionamientos del entorno. Y la psicología debe intentar encontrar e inculcar este justo equilibrio entre responsabilidad individual y colectiva, entre mirar hacia adentro y mirar hacia afuera, entre ocuparme de mí y ocuparme de los otros, entre yo y los demás. Estoy convencido de que los intereses individuales no se han de sacrificar a un supuesto bien colectivo -de forma sistemática-, pero tampoco los intereses colectivos al individuo porque no puede existir lo uno sin lo otro, al igual que no existiría el día sin la noche, el yin sin el yang.


Ansiedad, depresión y estrés los síntomas de la crisis

La situación económica que estamos viviendo se ve reflejada en muchos ámbitos de nuestro día a día. La ansiedad, la depresión o el estrés se están convirtiendo en las enfermedades de la década,  y son cada vez más las personas que acuden a consultas de atención psicológica con estos síntomas derivados de la situación económica que les rodea.

Las mujeres (87%) mayores de 60 años (65%) son el grupo más afectado por estos trastornos. Según los especialistas esta situación se produce en este grupo al ver a distintos de sus círculos más cercanos o  en una situación económica complicada.

El constante goteo de noticias sobre la crisis y la negativa situación del país es otro de los motivos que generan estrés y ansiedad, patologías que sufren 3 de cada 10 pacientes.

Para sobrellevar la situación de crisis y no verse afectado por estas patologías los expertos recomiendan una actitud positiva, intentar ver el lado positivo de cada momento y pensar en la  crisis como un cambio que puede dar lugar a nuevas oportunidades.


La importancia de la autoestima

La autoestima es importante porque tiene que ver con aspectos esenciales de nuestra existencia, tales como la manera en qué nos relacionamos con los demás, la profesión y la pareja que escogemos y el grado de paz y armonía interior que alcanzamos.

Así, por ejemplo, en el tema del amor si no nos queremos a nosotros mismos, nuestra inseguridad nos hará también desconfiar de que los demás puedan querernos y, como consecuencia de ello, podremos provocar involuntariamente conflictos que terminen por dañar o romper el vínculo con lo cual, finalmente, reforzaremos nuestra creencia de no ser dignos de amor o no ser capaces de alcanzarlo. Es como el pez que se muerde la cola. Por otro lado, difícilmente vamos a poder querer a los demás si no nos queremos nosotros: de todos es sabido que no se puede dar aquello que no se tiene. A lo sumo, podremos hablar de dependencia, pero no de amor auténtico. Además, con una baja autoestima es posible que en lugar de buscar a personas apropiadas para nosotros, valorándolas por sus cualidades y el grado de compatibilidad que tengamos con ellas, tendamos simplemente a buscar personas que nos acepten, que no nos rechacen. En el tema del trabajo ocurrirán cosas parecidas. Guiados por el miedo más que por la ilusión, por la inseguridad más que por la confianza, por el afán de seguridad más que por el riesgo creativo, lógicamente actuaremos por debajo de nuestras posibilidades e incluso nos sabotearemos posibles éxitos. Finalmente, ¿cómo podemos alcanzar paz y equilibrio interno si nos machacamos a menudo con pensamientos negativos sobre nosotros mismos, si no nos aceptamos mínimamente, si nos llevamos “a matar” con nuestro propio yo?