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Posts etiquetados con: teràpia de parella

La teoría de la balanza en las relaciones de pareja

relaciones de parejaSegún Iván Entusiasmado, autor del libro “Cómo olvidar a alguien en 10 pasos”, las leyes de la atracción entre hombres y mujeres están regidas por una serie de factores que se pueden resumir en la siguiente fórmula:

-          Valor total de una persona en la relación = valor de mercado + valor de situación + valor por el interés recibido.

Y de acuerdo con su “teoría de la balanza“, tendemos a buscar personas que tengan para nosotros el mayor valor de relación posible (el cual, a su vez, irá en función de nuestro propio valor de relación).

Aclaremos los conceptos: Seguir Leyendo


Cómo formular demandas a tu pareja de forma asertiva y respetuosa

pareja hablando-      Define claramente el problema, centrándote únicamente en la conducta que te ha molestado o que te desagrada. Evita juzgar, culpar o cualquier tipo de ataque personal (que desencadenaría idéntica respuesta defensiva por parte de tu interlocutor). Evita, asimismo, la tentación de sacar otros “asuntos pendientes” que podrían venir a complicarlo todo.

-      Formula verbalmente tus sentimientos, en primera persona del singular (yo). Para ello, has de Seguir Leyendo


Saber asir, saber soltar (en la pareja y en la vida)

el arte de la pareja con psicologos BarcelonaRamiro Calle, nos habla, en su libro “El arte de la pareja” de la importancia tanto de saber “asir” como de saber “soltar”.  En la pareja (y en todo) hay un momento para “agarrar” y comprometerse, y otro momento para dejar ir. Saber cuándo es más sabio elegir una cosa o la otra es todo un arte.

El libro nos habla, entre otras cosas, de los motivos por los cuales a las personas nos suele costar salir de una relación cuando todos los indicadores nos dicen que no es sano o bueno para nosotros permanecer en ella.  Entre los más comunes estarían:

-           El miedo al cambio. Salir de nuestra “zona de confort” nos asusta y, a veces, preferimos no arriesgarnos.

-           La angustia de tener que afrontar situaciones nosotros solos, sin la pareja, la inseguridad en nuestros propios recursos.

-           No relacionarnos bien con nosotros mismos.  De alguna forma, en este caso tememos encontrarnos a solas con nuestro propio Yo.

-           La sensación de fracaso y, tal vez, el sentimiento de culpa por no haber sabido mantener la pareja, aún cuando sea la otra persona la responsable de la ruptura.

-           El disgusto que, supuestamente, provocaría en familiares y amigos.

-           El miedo a salirnos de los esquemas tradicionales, familiares y sociales, de lo que parece “políticamente correcto”.

-           El miedo a hacer daño a los hijos y/o a que se alejen de nosotros.

-           El miedo a la soledad. A menudo, es más el miedo a la “idea” que nos formamos de la soledad ya que por no estar en pareja tampoco estamos solos: tenemos a nuestra familia, a nuestros amigos, podemos conocer gente nueva, etc.

-           El miedo a no conseguir “rehacer” la vida, tanto a nivel externo (economía, etc.) como interno (superar el duelo, encontrar nueva pareja si lo deseamos, etc.)

-           La idea de que el paso del tiempo, por sí mismo, puede ayudar a superar las dificultades,  arreglar lo que está “roto” o, al menos, ayudarnos a convivir con ello.

-           La incapacidad de decidir por nosotros mismos, el no querer tomar esa responsabilidad y dejarla en manos del otro/a o del destino. O la falta de resolución de ambos miembros.

-           La idea de que tener un niño ayudará al acercamiento. En realidad, esto lo puede complicar todo mucho más.

-           El cariño que, a pesar de los conflictos y desavenencias, todavía persiste en la pareja.

-           La baja autoestima de uno de los miembros de la pareja (0 de ambos).

-           La creencia de que la persona con la que estamos, juega un papel esencial en nuestra propia vida, de que sin él/ella no sabremos vivir.

Cada uno de estos temores y resistencias puede ser afrontado y superado si realmente nos lo proponemos, sea por nuestra cuenta, sea contando con la ayuda de un profesional como psicólogos Barcelona.

Y quiero terminar esta pequeña reflexión con un comentario de Ramiro Calle que comparto plenamente: “ cuidar la pareja no quiere decir hacer un sacrificio que arruine la propia vida o la empobrezca “. Aguantar por aguantar no tiene sentido, (al igual que no lo tiene saltar de relación en relación, por supuesto)

Si te sientes identificado/a con algunos de los problemas comentados en esta entrada, y quieres recibir ayuda o asesoramiento al respecto puedes contactar con Josep Planaspsicólogos Barcelona, psicólogos online- a través del siguiente formulario de contacto.


Principales áreas de cambio en la pareja

canstockphoto9275161Uno de los motivos más frecuentes en las consultas a un  psicólogo son los conflictos o las dudas relacionadas con la pareja. En cualquier caso, es un tema que suele estar casi siempre presente de alguna manera en las conversaciones terapéuticas, aunque no sea el motivo principal de la demanda.

En muchos casos, la persona que consulta intenta demostrar al psicólogo que su pareja debería cambiar y seguramente es cierto que al menos una parte del problema es lo que el otro/a hace pero… ¿cómo convencerle para que se comporte de otra manera? La cuestión es que él o ella también tendrá sus razones para que cambiemos nosotros. Entonces, por ahí nos metemos en un berenjenal. Es decir, si se trata de desahogarse, bien, pero si queremos una solución, éste no es el camino. La función del psicólogo no es ponerse de parte de uno o de otro, ni enseñar estrategias para manipular al prójimo sino ayudar a resolver conflictos de la mejor manera posible para todas las partes implicadas.

Entonces, ¿qué podemos hacer? En primer lugar, es preciso que nos concentremos en lo que podemos cambiar nosotros y, desde ahí, sí podemos impulsar un cambio real en la pareja o …  decidir que nos separamos si no encontramos ninguna colaboración en el otro/a o si llegamos a la conclusión de que las diferencias son irreconciliables.

En segundo lugar, conviene saber cuáles son las principales áreas de cambio en la pareja, aquello en lo que podemos trabajar (en principio, solamente el consultante y más adelante, en colaboración con el compañero/a si está de acuerdo). Desde nuestra experiencia, creemos que son las siguientes:

1)     QUÉ PENSAMOS de lo que el otro/a hace o dice, es decir, cómo lo interpretamos, qué lectura hacemos de los mensajes recibidos y que conviene que sea lo más objetiva posible y no impulsada por nuestros problemas personales y asuntos pendientes (con nuestras familias de origen, etc.)

2)     QUÉ EXPECTATIVAS tenemos cada uno de cómo debería ser la relación, etc. Estas expectativas en muchos casos no son explícitas, no se han hablado de forma clara. Solemos suponer erróneamente que son compartidas, pero cada uno proviene de una familia diferente y, a veces, incluso de culturas diferentes, por tanto se han de cotejar y consensuar.

3)     CÓMO NOS COMUNICAMOS. No sólo es importante lo que se dice sino cómo se dice, lo que actualmente se conoce como asertividad y habilidades sociales, y que no es más que una comunicación respetuosa con los derechos propios y ajenos. Paso previo a todo esto, está saber qué queremos o necesitamos, y cuáles son nuestros derechos y responsabilidades en nuestras relaciones con las demás personas.

4)     QUÉ HACEMOS, cómo nos comportamos en diferentes situaciones, etc.

5)     CÓMO RESOLVEMOS LOS CONFLICTOS, las diferencias. Lo ideal sería que estuviéramos de acuerdo en todo, pero como eso no es posible… tenemos que saber buscar opciones alternativas y saber negociar o decidir cuáles son nuestros límites.

Para los lectores/as de esta entrada, sugerimos consultar también en este mismo blog de psicólogos Barcelona “la comunicación en la pareja (I): una cosa es lo que uno dice, y otra lo que el otro/a oye” y “comunicación en la pareja (II): qué la ayuda y qué la obstaculiza”.

Si crees que tienes problemas de pareja y deseas trabajar en ello, puedes informarte de las condiciones a través de los formularios de contacto.

Josep Planas –psicólogos Barcelona-, -psicologos Vilassar de Mar-, -psicologos online


La comunicación en la pareja (II): qué la ayuda y qué la obstaculiza

canstockphoto13731343En general, obstaculiza o puede causar problemas en la comunicación:

  • Emitir mensajes ambiguos o poco claros, con demasiadas dudas, vacilaciones, rodeos, cosas dichas a medias, frases indirectas, etc. Un mensaje así tendrá menos probabilidades de ser atendido, y más de ser malinterpretado. Por ejemplo, si le digo a mi pareja: “me gustaría que de vez en cuando tuvieras algún detalle conmigo como por ejemplo comprarme flores o sorprenderme con una entrada para algún concierto. Antes lo hacías y me hacía sentir muy bien” tendré más probabilidades de ser comprendido/a y obtener lo que deseo que si le digo “ya no me quieres como antes”, o “eres poco detallista”, o “en la pareja, al principio todos nos esforzamos para gustar y para que el otro nos quiera pero después…”, etc. ¿Pedir las cosas directamente es menos romántico? Tal vez, pero creo que es un error pensar que si el otro nos quiere, ha de saber siempre qué necesitamos: en un estado idílico eso podría ser así, pero la realidad va por otros caminos.
  • Emitir críticas referidas a cómo ES la otra persona, en lugar de referirnos a lo que HACE, es decir, su conducta. Por ejemplo, decirle “eres un/a egoísta, sólo piensas en ti y en tu trabajo” en lugar de “me gustaría que los fines de semana dedicáramos más tiempo a hacer cosas juntos”. O “eres una histérica” en lugar de “cuando me gritas de esa manera, me bloqueo y no sé qué hacer y, a veces, me dan ganas de tirar la toalla”
  • Una excesiva verborrea o locuacidad de uno de los miembros que puede abrumar al otro con detalles innecesarios o, por el contrario una excesiva parquedad en la comunicación.
  • Diferentes estilos de comunicación entre hombres y mujeres. Por ejemplo, las señales de asentimiento en los hombres suelen significar “estoy de acuerdo contigo”, y en las mujeres “estoy escuchando”. O, mientras que las mujeres suelen estar más abiertas a compartir sentimientos y a conversar sobre problemas para recibir apoyo, los hombres tienden a buscar soluciones rápidas y prácticas a los problemas, con lo cual puede ocurrir que:  a) la mujer no se sienta escuchada o comprendida,    b) el hombre se sienta rechazado y confundido si propone una solución (prematura) y la mujer se enfada.
  • Que el mensaje esté dirigido hacia un campo vulnerable del otro/a. En este caso, el receptor del mensaje lo puede distorsionar bastante debido a la interferencia de sus temores o inseguridades. Por ejemplo, si Alicia está muy preocupada porque cree no ser una buena madre, y Antonio, su pareja, le formula alguna crítica respecto a la manera de manejar un determinado conflicto con los hijos: aunque la crítica sea respetuosa puede desencadenar respuestas impredecibles.
  • Querer tener la razón a toda costa, en lugar de admitir otros puntos de vista, aceptar la propia parte de responsabilidad en el problema e intentar llegar a un acuerdo aceptable para ambos.
  • Querer castigar al otro/a, en lugar de expresar nuestros sentimientos, poner límites si es preciso o intentar llegar a una solución razonable.
  • Invalidar la queja del otro/a, pensando que no es importante. La otra persona tiene siempre, como mínimo, el derecho a ser escuchada y tenida en cuenta.
  • Referirse constantemente a cosas del pasado, especialmente cuando se pretende herir al otro.
  • Aprovechar cuando se está hablando de un tema determinado para sacar toda la “lista de agravios”, todos los resentimientos pendientes en lugar de centrarse en un problema concreto.

Esta es la segunda entrada publicada en este blog de psicólogos Barcelona sobre temas de comunicación y terapia de pareja.

Josep Planas –psicólogo Barcelona, psicólogo Vilassar de Mar, psicólogo online


La comunicación en la pareja (I): una cosa es lo que uno dice, y otra lo que el otro/a oye

canstockphoto11765296Como dice Aaron Beck, en su libro “Con el amor no basta”, aunque las parejas piensen que hablan el mismo lenguaje, lo que uno dice en un momento dado y lo que el otro oye pueden ser cosas muy diferentes.

Por ejemplo, cuando Juan vuelve del trabajo y dice “hoy estoy muy cansado”, Sara puede entender “no tiene ganas de estar conmigo, le aburro”. O cuando Petra le comenta a Jacinto “tu madre siempre llama a la hora de cenar”, Jacinto puede entender “no soporta a mi madre y me quiere separar de ella” En ambos casos, el receptor del mensaje ha interpretado “más” de lo que el emisor ha dicho o, en otras palabras, ha proyectado en él/ella sus propios temores, inseguridades, prejuicios, etc. Es cierto que Juan puede no tener ganas de estar con Sara cuando dice que está cansado pero no lo ha dicho y es posible que esa interpretación sea errónea o esté exagerada.

En cualquier caso, Sara, podría buscar evidencias contextuales a favor o en contra de lo que ha interpretado (por ejemplo, habitualmente ¿da él signos de estar aburrido con ella?) o  confrontar sus hipótesis directamente con Juan diciéndole “a veces, cuando me dices que estás cansado, me da la impresión de que tal vez yo te aburra o no tengas ganas de estar conmigo”, con lo cual, Juan al menos sería consciente de lo que piensa Sara y le daría la oportunidad de aclararlo o de hacer algo al respecto. Pero si Sara no pone en duda su interpretación y se va formando opiniones erróneas de Juan, irá distorsionando la imagen que tiene de él con las consecuencias que fácilmente se pueden prever. Y lo mismo Jacinto de Petra, etc. etc.

Dice también Aaron Beck que rara vez se nos ocurre que cuando nos enfadamos estemos atacando una imagen distorsionada del otro, producto de estos malentendidos. Y nos sugiere considerar lo siguiente:

  • Nunca podemos conocer los pensamientos y sentimientos del otro, pero tendemos a creer tanto en nuestras inferencias como en hechos observables de forma directa. Eso nos da la ventaja de tener explicaciones inmediatas de la conducta de los demás, pero nos traiciona a menudo.
  • Confiamos en señales, a menudo ambiguas o poco claras, para interpretar los mensajes. El contexto es decisivo para interpretar las señales.
  • A menudo, estamos bastante influidos por nuestros estados de ánimo, miedos, expectativas, historia personal y todo lo que llevamos en la “mochila” a la hora de descifrar los mensajes y nos cuesta mucho ser objetivos, aunque nos parezca lo contrario. Los miedos ocultos, por ejemplo, pueden desencadenar reacciones hostiles.
  • Tendemos a sacar conclusiones que coincidan con nuestros esquemas mentales. Así, por ejemplo, una persona con la autoestima baja tenderá a pensar que los demás no le quieren o no le valoran, aún cuando le demuestren lo contrario.

Puesto que en nuestra consulta de psicólogos Barcelona, hemos podido constatar que con mucha frecuencia nos piden asesoramiento sobre cuestiones de terapia de pareja, he decidido iniciar una serie de entradas en este blog (el blog de psicologobarcelona) para ayudar a reflexionar sobre los conflictos que se pueden originar en base a las expectativas de cada uno y su forma de comunicarse y de entender las necesidades del otro/a, etc.

Josep Planas –psicólogo Barcelona-, -psicólogo Vilassar de Mar-, -psicólogos online-