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Posts etiquetados con: Psicoterapia

Demasiada medicación y poca psicoterapia

sobremedicaciónÉsa es la conclusión a la que llega Allen Frances en su libro “¿Somos todos enfermos mentales?” en la que critica tanto la inflación diagnóstica (tendencia a diagnosticar en exceso problemas mentales a personas normales en situaciones de crisis) como la sobremedicación.

Vivimos en un mundo en que todo transcurre a gran velocidad y en el que, da la sensación, de que no nos podemos parar. Si paramos para hacer una pausa, nos parece que estamos “perdiendo el tiempo” o que alguien nos va a empujar por detrás. Y si nos detenemos demasiado tiempo, nos convertiremos en “perdedores”. Hay que estar como sea en esa frenética carrera, aunque no sepamos muy bien hacia dónde nos dirigimos. Vivimos más años que generaciones anteriores, pero tenemos menos tiempo, ésa es la gran paradoja.

Por otro lado, la tecnología nos ha acostumbrado a tener las cosas que queremos con rapidez. Si por ejemplo necesitamos una determinada información, Internet nos tiene que dar la respuesta en cuestión de segundos y, si no lo hace, nos impacientamos, nos entra la ira: “cómo puede ser que esto vaya tan lento? Vaya conexión de m. que tengo”, etc. Antes (de Internet) había que ir a una biblioteca, sacar la ficha del libro, esperar a que el bibliotecario nos trajera el libro, consultar a veces diferentes fuentes… Ahora lo tenemos (casi) todo a la distancia de un “click”. Y no nos conformamos con menos. Ahora si mandamos un whatsap, “necesitamos” que nos respondan ya. Y, si por casualidad, el otro/a está ocupado en otra cosa, se toma su tiempo para contestar, está en la calle y no oye el sonido del móvil, etc. nos frustramos, pensamos que algo no va bien. Antes (del boom de los móviles) asumíamos más fácilmente que pudiéramos llamar a alguien por teléfono y no contestara de inmediato. Y antes de antes de antes (cuando todavía mucha gente no tenía ni siquiera un teléfono fijo), la gente se escribía cartas y tardaba días o semanas en obtener una respuesta. Y lo curioso de todo ello, es que el mundo también funcionaba.

Antes la gente asumía que no se puede ser feliz a todas horas, que a veces hay que soportar una cierta cantidad de dolor y frustración y que todo requiere su tiempo, y que los cambios (al menos los cambios importantes) no se consiguen de la  noche a la mañana. Y que la mayoría de las veces requieren esfuerzo y dedicación prolongados. Hoy, tendemos a pensar que todo aquello que no da resultados rápidos, no funciona o no vale la pena. No queremos soluciones a medio o largo plazo: queremos “varitas mágicas”.

Añadamos a todo lo anterior, la codicia de las empresas farmacéuticas y el poco tiempo que a menudo tienen los médicos de atención primaria para diagnosticar y recetar a un paciente (parece ser, corríjanme si me equivoco, que es una media de unos siete minutos en nuestro país).

El resultado suele ser una medicación excesiva o, incluso, innecesaria en determinados problemas psicológicos, o simplemente “humanos”, que se resolverían mejor con una psicoterapia, o en algunos casos leves, incluso con el apoyo y guía de alguien cercano. Y no estoy diciendo que no deban tomarse psicofármacos en determinados trastornos psicológicos de cierta gravedad, eso sería irresponsable por mi parte, pero sí que deben tomarse con precaución y siempre que sea posible con ayuda de psicoterapia.

“Ah, pero la psicoterapia es cara y no todo el mundo se lo puede permitir”, me diréis seguramente. Cierto, cierto pero:   1) a la larga, suele resultar más caro (a todos los niveles) conformarse únicamente con pastillas,       2) la medicación tiene efectos secundarios y, con el tiempo, tiende a ser menos efectiva,     3) la medicación nos hace más dependientes y, por si sola, no resuelve nuestros problemas. La idea, según la cual, todo se debe a un desequilibrio químico es falsa (han contribuido en difundir esa idea los poderosos intereses económicos de las industrias farmacéuticas publicando, a veces, trabajos de investigación equívocos o manipulados)     4) la psicoterapia no tiene por qué ser un tratamiento muy largo y puede adecuarse a las necesidades de cada paciente. En muchos casos, se dan tareas entre sesiones que pueden acelerar el proceso terapéutico si la persona está dispuesta a dedicarles tiempo.

Si quieres más información para tu caso particular, puedes contactarme a través del siguiente formulario o llamando directamente a los teléfonos 933150084 o 654898716.

Josep Planas – psicologos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicologos online

PARA SABER MÁS

-      ¿Somos todos enfermos mentales? de Allen Frances.


La ventana de Johari

johari window. Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso. Si te lo dicen dos, mírate a un espejo (proverbio árabe)

La llamada ventana de JOHARI (llamada así por las primeras letras de los nombres de los psicólogos que la crearon: Joseph Luft y Harry Ingham) se puede considerar como una ventana de comunicación para dar o recibir informaciones sobre uno mismo o sobre otras personas.

Define cuatro áreas o zonas en función de lo que  conocemos  o desconocemos de nosotros mismos  (columnas) y de lo que los demás conocen o desconocen de nosotros (filas):

1)     Zona pública. Es la parte de nosotros que conocemos y que los demás también conocen. Es nuestro perfil público.

2)     Zona privada u oculta. Es la parte de nosotros que conocemos pero que los demás no conocen. Forma parte de nuestra intimidad.

3)     Zona ciega. Es la parte que los demás conocen de nosotros pero que nosotros desconocemos, lo que comunicamos sin saberlo. A menudo, esta zona es una de las causas de nuestros problemas de comunicación con los demás. De esta zona es de la que más podemos aprender recibiendo feedback sincero de otras personas, lo cual podemos conseguir de forma privilegiada participando en grupos de terapia o talleres de crecimiento personal,  prestando atención a lo que diferentes personas nos han ido repitiendo a lo largo de nuestra vida, sobre todo, aquellas que más nos conocen (pareja, amigos íntimos, etc.) siempre sabiendo distinguir entre comentarios malintencionados o manipuladores y comentarios respetuosos y honestos.

4)     Zona desconocida. Es la parte de nosotros que desconocemos y que los demás también desconocen y que habita nuestro inconsciente. Por ejemplo: habilidades o recursos ocultos, una experiencia traumática reprimida, creencias que no reconozco pero que guían mi conducta, etc.

Debido a la dificultad para acceder uno mismo a las últimas dos zonas, resulta útil prestar atención al feedback que nos dan los demás, en especial de personas cercanas a nosotros y que nos quieren.

Pero la fórmula por excelencia para conocernos mejor es a través de la psicoterapia. Puedes, si lo deseas, solicitar información personalizada sobre tu caso particular contactando con psicólogos barcelona a través del siguiente formulario de contacto o llamando directamente a uno de los siguientes teléfonos: 933150084 o 654898716.


Conocer el eneagrama

Eneagrama

-          Antecedentes

El eneagrama es una tipología de la personalidad que mezcla elementos de la mística oriental con la psicología occidental. Procede de un modelo de interpretación muy antiguo del mundo y de los hombres, cuyos orígenes –inciertos- podrían remontarse a los caldeos (habitantes de Caldea, antigua región de Asia). A través de los siglos, fue recogido y transmitido de forma oral por los maestros sufíes (sufismo = rama mística del Islam). A principios del siglo XX, el maestro espiritual Gurdjieff lo introdujo en occidente. Pero no es hasta 1.960 en que el boliviano Oscar Ichazo nos trasmite el conocimiento del Eneagrama tal como lo hemos recibido hoy. A sus cursos asistieron algunos años después, Claudio Naranjo, Robert Ochs y Helen Palmer, entre los más conocidos, los cuales continuaron con su estudio y difusión por Europa y Estados Unidos. En 1.984, apareció publicado el primer libro “El eneagrama: un viaje de autodescubrimiento” y, a partir de esa fecha, se fue haciendo asequible a un público cada vez mayor.

-          Características básicas

El símbolo del eneagrama (del griego “ennea” = 9 y “grammos” = figura) es una figura geométrica que representa Seguir Leyendo


Viktor Frankl y el sentido de la vida

Viktor Frankl-       Quién era V. Frankl

Viktor Frankl nació en Viena en 1905 en una familia de origen judío. Desde joven empezó a interesarse en la psicología. Estudió medicina y se especializó en neurología y psiquiatría. En 1941 contrajo matrimonio con Tilly Grosser. En 1942, junto a su esposa y sus padres, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt. En 1944 fue trasladado a Auschwitz. Fue liberado en 1945 por el ejército norteamericano. Frankl sobrevivió al holocausto, pero tanto su esposa coo sus padres fallecieron en los campos de concentración.

Tras su liberación, regresó a Viena. En 1.945 escribió su famoso libro “El hombre en busca de sentido”, donde describe sus experiencias como prisionero de un campo de concentración. A partir de esa reflexión y esas vivencias, desarrolló la logoterapia , considerada la tercera escuela vienesa de psicología, después del psicoanálisis de Freud y de la psicología individual de Adler. En 1.955 fue nombrado profesor de la universidad de Viena, donde enseño de forma regular hasta los 85 años de edad. Publicó más de 30 libros, impartió cursos y conferencias por todo el mundo, y recibió 29 doctorados Honoris Causa de Seguir Leyendo


Manejar el malestar emocional


malestar emocional
Podemos sentir diversas emociones, algunas agradables
como la alegría, la sensación de felicidad, bienestar o calma internos, etc. y otras desagradables como ansiedad, depresión, culpa, vergüenza, rabia, tristeza, etc.

Todas ellas, incluso las que no nos gustan y consideramos “negativas”, cumplen una función importante si son adecuadas al contexto. Por ejemplo, sentir rabia ante una injusticia nos ayuda a poner límites y protegernos; sentir culpa o vergüenza cuando hemos actuado mal, a rectificar y corregir nuestros errores. Por tanto, solamente debemos intentar librarnos de ellas cuando no cumplen una función útil, es decir, cuando no son apropiadas al contexto bien por sus características o por la intensidad (desproporcionada) con que las sentimos. Seguir Leyendo


Reconciliarse y resolver problemas con la pareja

Reconciliarse con la parejaEs inevitable que en la pareja (y en toda relación humana) se produzcan roces, conflictos, etc. y es muy importante saberlos manejar de la mejor manera posible, defendiendo tanto nuestros derechos como los del otro/a, con empatía e intentando evitar choques innecesarios e improductivos, con voluntad de escuchar y llegar a acuerdos y no defendiéndonos o intentando imponer nuestro criterio, con actitud amable y no de forma airada, etc.

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¿Pastillas o psicoterapia?

Tras efectuar un amplio estudio sobre la salud mental, la OCU (organización de consumidores y usuarios) recomienda que sea la psicoterapia, y no la medicación, el tratamiento prioritario para personas que sufren de ansiedad y depresión menor. Antidepresivos y tranquilizantes, dicen, se prescriben con demasiada frecuencia. Anteriormente, otros estudios científicos ya han cuestionado la eficacia de los antidepresivos afirmando que en muchos pacientes sólo tienen un efecto placebo, tras comparar su efecto en grupos de pacientes a los que se administró medicación y placebo, con una mejoría muy similar. Seguir Leyendo


Lo que puede facilitar u obstaculizar la psicoterapia y el desarrollo personal

facilitar u obstaculizarSi bien está claro que el psicólogo debe poseer unas actitudes, conocimientos profesionales y experiencia determinados para poder llevar una psicoterapia con éxito, no es menos cierto que también el paciente o cliente juega un papel importante en el curso de la misma a través de sus actitudes, creencias y expectativas.

En este sentido, lo que en mi opinión PUEDE OBSTACULIZAR la psicoterapia sería:

-       Confundir el alivio del síntoma con la solución definitiva del problema, con el cambio auténtico. Creer que en el momento en que nos sentimos un poco mejor, en que la ansiedad ya ha bajado de manera significativa, en que hemos resuelto la “urgencia”, la terapia ya está terminada,  sin haber trabajado los problemas de fondo.

-       Una actitud culpabilizadora. Culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros problemas, esperar que sean los otros quienes cambien.

-       Una actitud de baja implicación. Esperar que el terapeuta nos de la “solución” con un mínimo de esfuerzo e implicación por nuestra parte (“sólo contando lo que me pasa…”), no dedicar tiempo a hacer las tareas o hacerlas con desgana, de manera muy superficial o siguiendo las pautas “a nuestra manera”, llegar tarde a las sesiones o saltarse algunas, etc.

-       Una actitud victimista. Estar dispuestos a quejarnos pero no a actuar, pensar constantemente que no podemos, tirar la toalla a la mínima dificultad o frustración, etc.

-       Una actitud escéptica, derrotista frente a la terapia y a la propia capacidad de cambio. O, por el contrario, el espejismo del cambio rápido y fácil. Esperar soluciones “mágicas” que nos eviten transitar por las necesarias y, a veces dolorosas, etapas del cambio. Creer que en un tiempo récord hemos de poder deshacer todos los “nudos” en que nos hemos ido enredando a lo largo de nuestra vida.

-       Una actitud evitativa. Evitar meternos en temas difíciles o dolorosos y/o esperar que todo se resuelva “hablando” sin tener que pasar a la acción.

-       Una actitud de “si, pero…” que lleva a dar vueltas en círculo.

-       Formular demandas demasiado abstractas, confusas o poco realistas. Por ejemplo, querer ser feliz, no tener nunca ansiedad, saber vivir, etc.

-       Evitar formular objetivos concretos, dejándolo todo demasiado “abierto”, demasiado disperso como un barco que navega a la deriva, sin rumbo fijo (“hoy hablamos de esto, mañana de aquello”, abrir muchos temas sin profundizar en ninguno)

-       No tolerar el fracaso, los errores que nos ayudan a aprender: “lo haré sólo si estoy seguro/a de que saldrá bien”

-       Dejar la terapia de forma abrupta, sobre todo después de unas pocas sesiones. En mi opinión, es importante dar opción por lo menos a una última sesión de “cierre”.  Y ello, por varios motivos:   a) los actos impulsivos, no suficientemente meditados, nos pueden llevar fácilmente a decisiones erróneas, a menudo motivadas más por el deseo de “huir de” que de “afrontar” o “resolver”,    b) cortar la terapia de golpe puede dejar asuntos importantes “abiertos” (como abrir una herida y no coserla) con los problemas que eso pueda conllevar: confusión, etc.     c) dejar la terapia es especialmente tentador en momentos clave del proceso, momentos que quizás están exigiendo más coraje, más esfuerzo y más implicación o compromiso; y dejarlo ahí, aunque a corto plazo puede ser un alivio, posteriormente te puede dejar el sabor amargo del fracaso, la triste “confirmación” de que nadie te puede ayudar y, junto con todo ello, una interpretación errónea de lo que es realmente una psicoterapia y de las herramientas y recursos que te pueden ayudar (si conoces todos los pasos y los pones en práctica durante el tiempo suficiente)

Y lo que la PUEDE FACILITAR:

-       Una actitud de máxima implicación, de poner “toda la carne en el asador”, de estar dispuestos a lo que sea para conseguirlo, de no dar un paso atrás pase lo que pase, de arriesgarnos al 100 %, de no detenernos antes de llegar a la meta.

-       Una actitud esperanzada, confiada, realista: “aunque no sea fácil, si quiero y pongo en ello todo mi esfuerzo, puedo conseguirlo”

-       Una actitud responsable: “aunque los demás puedan ayudarme, el cambio depende básicamente de mí”, “no puedo hacer cambiar a los demás, pero puedo cambiar yo”.

-       Dar(se) un voto de confianza, evitar actitudes hipercríticas (con uno mismo, con el terapeuta y con el mundo en general)

-       Plantear(se) un objetivo u objetivos terapéuticos realistas y concretos.

-       Una actitud abierta a la experimentación y al cambio, una actitud de “voy a probar, aunque no esté del todo convencido/a”: “si lo que he hecho hasta ahora no ha funcionado o no ha funcionado suficientemente bien, he de probar otras cosas; haciendo más de lo mismo, no cambiaré nada”, “antes de decidir que una cosa no va a funcionar, necesito probarla; de lo contrario, puede que me esté engañando a mí mismo/a con razonamientos dictados por el miedo”

-       La consciencia de que lo más cómodo o agradable para mí (a corto plazo) no es necesariamente lo mejor (a medio y largo plazo).

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Cómo ayudar a un familiar cercano con un problema psicológico

ayudar a otrosCon cierta frecuencia, algunas personas me comentan por teléfono que tienen un familiar o persona cercana (hijo/a, novio/a, esposo/a, etc.) con un problema psicológico importante, y que no acepta acudir a la consulta de un psicólogo (o ni tan sólo se atreven a planteárselo por temor a su reacción). Puede ser, por ejemplo, un problema de depresión, hipocondría, adicciones, descontrol de la ira, etc. Me preguntan cómo pueden ayudarle o cómo pueden convencerle para acudir a terapia.

Las personas más cercanas a su entorno, por un lado, le quieren y no desean verle así; y por otro, están también sufriendo de alguna manera las consecuencias de ese problema, y eso tampoco es justo: a la larga, puede provocar un distanciamiento, una ruptura o un “mal vivir” al que no tenemos por qué resignarnos.

Es un tema delicado, ciertamente. ¿Qué hacer, pues? En la mayoría de casos, personalmente recomiendo que, en primer lugar, acuda a la consulta la persona que me llama, Y eso por varias razones:

1)     Es quién está más motivado/a.

2)     Las actitudes que mantenga con ese hijo/a, pareja, etc. pueden potenciar (con la mejor de las intenciones, casi siempre) la patología en cuestión o ayudar a reducirla (si se conocen los mecanismos con que ésta opera). Consultarme, es una manera indirecta de intervenir en la que yo, el psicólogo de barcelona asesoro al familiar en cuanto a comportamientos y actitudes a adoptar (qué hacer, qué evitar, cómo responder a X o Y) y, de esa manera, puede promover cambios positivos en la persona, sin que ésta tenga que pisar la consulta del terapeuta. Y para esto, no suelen ser necesarias muchas consultas: tal vez dos o tres (incluso, es posible, que con una sea suficiente) y, luego, alguna de seguimiento para ir corrigiendo errores o mejorando estrategias.

Pero, ¿puede esto funcionar realmente o simplemente es poner un parche? Digamos que, en primer lugar, es evidente que esto es bastante mejor que nada. Y, en segundo lugar, que hay muchos conflictos o patologías que se agravan considerablemente por la actitud (bienintencionada, pero a veces errónea) de las personas más cercanas. Un ejemplo ilustrativo sería la sobreprotección que, a menudo, facilita que el otro/a haga menos esfuerzo por superar el conflicto en que se ha quedado atascado y que, dicho sea de paso, le transmite un doble mensaje: “por un lado, te sobreprotejo porque te quiero mucho, pero por otro no confío en tus propios recursos para salir de esto”.  Y, en tercer lugar, puede que dicha persona se anime finalmente a acudir a la consulta (al ver el cambio en su pareja, etc.) Ah, pero… ¿le vamos a decir que hemos acudido a un psicólogo o será mejor hacerlo en secreto? Bien, podemos decirle que vamos al psicólogo porque nosotros nos sentimos mal o estamos un poco deprimidos, sin especificar la relación que esto pueda tener con él/ella. Es una forma de decir la verdad sin decirla del todo, y que a nadie perjudica sino todo lo contrario.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Fobia social o trastorno de ansiedad social

La fobia o trastorno de ansiedad social se caracteriza por un miedo acusado y persistente a ser juzgado por otros o/y a sentirse avergonzado o humillado en una interacción social. El temor, como dijimos en una entrada anterior, puede ser generalizado a un gran número de situaciones sociales o limitarse a algunas de ellas (por ejemplo, a interactuar con un grupo, a acercarse a personas del sexo contrario, a comer delante de otras personas, etc.). Asimismo, suele estar centrado en algún aspecto concreto de la presentación o actuación de la propia persona (por ejemplo, a mostrar síntomas de ansiedad, cometer algún error o actuar de alguna otra forma que se perciba como humillante. Seguir Leyendo


Algunas reflexiones sobre la pareja y el amor

Nuestras relaciones con los demás son un reflejo de las relaciones que mantenemos con nosotros mismos. El amor que transmitimos, y nuestra capacidad de amar y respetar al otro/a están estrechamente vinculados a nuestra capacidad para amarnos y respetarnos a nosotros mismos. El amor es importante, pero no es suficiente para mantener una relación sana de pareja. Necesitamos haber desarrollado otras habilidades y recursos como, por ejemplo: saber escuchar al otro/a; saber gestionar nuestras emociones y no dejarnos dominar por ellas; cambiar expectativas irreales o demasiado fantasiosas por otras más realistas; saber respetar la particular manera de ser del otro/a y su visión de las cosas (dentro de los límites del respeto mutuo); saber comunicarle nuestras demandas e insatisfacciones sin acusaciones ni exigencias, de forma asertiva;  afrontar los conflictos mutuos  con una orientación basada en la solución de problemas evitando el ataque y la descalificación,  etc. etc. Seguir Leyendo


Lo que se ve y lo que no se ve

En la terapia se ve a dos personas sentadas una frente a la otra, al psicólogo/a que intenta escuchar y ser amable, al paciente que intenta explicar lo que le ocurre y que desea ser comprendido y ayudado. En la terapia se escuchan palabras, se ven gestos, emociones que se contienen o que afloran; se ven intentos de complacer, gestos de confianza o desconfianza; se ven intentos de ayudar y de ser ayudado/a. En la terapia, se cuenta o se intuye pero no se ve la historia de ilusiones y desilusiones de cada paciente, su dolor auténtico, sus esfuerzos para ser querido/a, las zancadillas que le ha puesto la vida, las oportunidades que le ha ofrecido, cómo era de pequeño/a, la gente que le quiere o lo/a ha querido, la gente que le ha odiado… En la terapia, se oyen las palabras de consuelo o de ayuda del terapeuta, se ven o se conocen sus diplomas y sus masters pero no se ven tampoco sus ilusiones y desilusiones, la trayectoria de su vida, cómo ha sido su infancia, los retos que ha tenido que afrontar, lo que espera del futuro, lo que teme, lo que le mueve… En la terapia, dos personas están sentadas una frente a la otra pero hay cosas que se ven, y otras que no se ven. Aparentemente una es el/la experto/a y el otro alguien que desea ser ayudado pero son, ante todo, dos seres humanos frente a frente.