:::: MENU ::::
Posts etiquetados con: psicòlogos Maresme

Psicotrampas y psicosoluciones

PsicotrampasDEFINICIÓN DE PSICOTRAMPA

Giorgio Nardone, cofundador junto con Paul Watzlawick del Centro de Terapia Breve Estratégica de Arezzo (Italia), nos habla de “psicotrampas” para referirse a  mecanismos psicológicos y conductas que supuestamente deberían resolver un problema -o lo que nosotros consideramos un problema- y que por su uso inadecuado -en otras circunstancias o aplicadas de otra manera podrían ser útiles-, no sólo no lo resuelven sino que se convierten en una parte importante del mismo, encerrándonos en una especie de trampa mental de la que sólo podremos salir a través de estrategias –psicosoluciones-, que vienen a ser como el antídoto a esa trampa.

Por EJEMPLO, la persona que ha desarrollado una fobia a los aviones suele utilizar la psicotrampa -intento de solución fallido- de la evitación para zafarse de ese problema. Es decir, evita coger aviones. Pero, si bien esto le tranquiliza momentáneamente, a la larga no sólo no le hace desaparecer sus miedos sino que, incluso, los puede incrementar. La PSICOSOLUCIÓN o antídoto en este caso sería el afrontamiento gradual de su fobia, técnica conocida como “exposición”. Cuando percibimos un peligro o algo nos da miedo, la reacción espontánea es la huida pero el error está en que no hay un peligro real que justifique el miedo experimentado por el fóbico.

El origen de estos mecanismos no es otro que el de tender a repetir aquello que, en otras circunstancias, nos ha funcionado. La trampa se crea cuando insistimos en aplicar lo que anteriormente nos ha dado resultado sin tener en cuenta que un mismo problema en un contexto diferente requiere una solución distinta. A esto se añade, la tendencia a pensar que una estrategia no funciona porque no la hemos aplicado de la forma correcta o con la suficiente convicción. Por EJEMPLO, Seguir Leyendo


¿Mujeres que piensan demasiado?

pensar demasiado 2

Según comenta Susan Nolan-Hoeksema en su libro “Mujeres que piensan demasiado”, hay una tendencia epidémica, sobre todo entre las mujeres, a pensar demasiado. Les damos vueltas y más vueltas a nuestros pensamientos y sentimientos negativos, “amasándolos como si fueran masa de pan”. Nos formulamos preguntas que generan más preguntas, dudas que generan más dudas, etc. Y en ese estado, distorsionamos fácilmente la realidad.

Complica todavía más la cosa el hecho de que cuando estamos tristes y con un estado de ánimo bajo, nuestro cerebro atrae fácilmente otros pensamientos tristes y oscuros, con lo que nos quedamos atrapados en un círculo de infelicidad del que nos cuesta luego salir.

Contrariamente a lo que nos podría parecer, pensar “demasiado” en algo que nos preocupa disminuye nuestra capacidad para encontrar buenas soluciones a los problemas, aparte de que nos puede generar trastornos emocionales y perjudicar nuestras relaciones personales.

Otros datos interesantes que aporta la autora son:

-      Cuando estamos en un estado de ánimo negativo, activamos y fortalecemos toda una red neuronal de pensamientos y recuerdos negativos. De manera que cuanto más vueltas les demos a los pensamientos negativos, más fuerza tendrán estos.

-      Pensar demasiado es una “enfermedad” más propia de las personas jóvenes y de mediana edad debido a que, en nuestra cultura, a diferencia de  las generaciones anteriores¨  1) hay muchas opciones pero pocos valores sólidos a los que aferrarse,    2) nos creemos con derecho a tenerlo todo, nos cuesta aceptar que la vida tiene muchas limitaciones y, cuando no se cumplen nuestras expectativas, nos sentimos muy frustrados y desorientados y tendemos a culparnos a nosotros mismos o a culpar a los demás de esos “fracasos”, no nos paramos a pensar que quizá eso es lo normal en la vida,    3) tenemos una necesidad compulsiva de encontrar soluciones rápidas a todo; no queremos esperar, no aceptamos que algunas cosas requieren su tiempo y acaso mucho esfuerzo también,     4) nos miramos demasiado el ombligo, tendemos a analizar demasiado.

Y como estrategias para afrontar esa tendencia, tendríamos entre otras:

-      Comprender que el pensamiento excesivo no es nuestro amigo, no nos ayuda a estar mejor o a resolver mejor nuestros problemas.

-      Buscarnos ocupaciones o distracciones constructivas

-      Delimitar a un horario concreto para preocuparnos y, el resto del tiempo, intentar desviar nuestra mente de esos pensamientos.

-      Escribir nuestras preocupaciones para tomar distancia de las mismas y verlas con más objetividad.

-      Delegar nuestras preocupaciones en un poder superior, llámese Dios para los creyentes o cualquier otra forma para los no creyentes.

-      Fomentar relaciones personales de calidad, y apoyarnos en ellas, en los momentos difíciles.

-      Dejar de compararnos con los demás y procurar lleva una vida coherente con nuestros propios valores.

-      Utilizar técnicas de resolución de problemas

-      Hacer algo, cualquier cosa por pequeña que sea para avanzar en algún sentido, que nos permita cortar ese círculo vicioso de pensamiento tóxico.

-      Identificar las voces de otras personas que, tal vez, nos están diciendo sin que seamos demasiado conscientes lo que deberíamos hacer, pensar o sentir (la tiranía de los “deberías”) y procurar actuar de acuerdo con nuestros propios valores y no con los ajenos.

-      Potenciar nuestro crecimiento personal en general: terapia, libros de autoayuda, meditación, etc.

Josep Planas -psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Cómo hacer una autocrítica constructiva

autocriticaLa autocrítica (o crítica en general) constructiva: 

  • Ha de ejercerse para corregir y no para herir.

Ejemplos:

NO: “Soy un vago”

SI:  “Tendría que haber estudiado más para el examen”

  • Ha de argumentarse, con ejemplos o razonamientos válidos”

Ejemplos:

NO: “No soy capaz de dejar de fumar”

SI:  “He intentado dos veces dejar de fumar, y no lo he conseguido”

  • Ha de ceñirse a los hechos, en lugar de dejarse llevar por sospechas o fantasías,

Ejemplos:

NO: “No me llamaste porque pasas de mí”

SI:  “Me dijiste que me llamarías el sábado y no lo hiciste”

  • Ha de referirse a un comportamiento concreto, y no a “cómo es” la persona,

Ejemplos:

NO: “Soy una vaga”

SI:  “Cada día me propongo levantarme a las 7 y la mayoría de veces no lo consigo”

  • No ha de recordar sin cesar antiguos errores,

Ejemplos:

NO: “Siempre lo echo todo a perder. Me pasó con X, me pasó con Y, etc.” (y le voy dando vueltas obsesivamente a estos pensamientos)

SI:  “Me duele mucho haber hecho tal o cual cosa. En lo sucesivo, procuraré…”

  • No ha de establecer comparaciones con otros/as,

Ejemplos:

NO: “No es justo que fulano tenga más facilidad que yo para…”

SI:  “Me gustaría tener más facilidad para … ¿qué puedo hacer para mejorar?

  • Ha de ofrecer alternativas y una actitud positiva, no victimista.

Ejemplos:

NO: “No conseguiré trabajar por más que me lo proponga”

SI:  “Me cuesta conseguir trabajo pero debo seguir intentándolo. Revisaré mi currículum, buscaré información por Internet sobre cómo hacer una entrevista, etc.”

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos Maresme


¿Urgente o importante?

urgente o importanteA pesar de que sabemos que es importante la manera de GESTIONAR NUESTRO TIEMPO para lograr lo que deseamos o necesitamos, a menudo lo malgastamos en tareas poco o nada productivas. Nos dejamos llevar por una especie de piloto automático, dejando que las circunstancias del momento dirijan nuestra vida, en lugar de dirigirla nosotros de forma consciente en pos de unos objetivos valiosos para nuestro bienestar.

Pues bien, la gestión eficaz de nuestro tiempo pasa, entre otras cosas, por diferenciar lo urgente de lo importante.

Pero, ¿QUÉ ES LO URGENTE Y QUÉ ES LO IMPORTANTE?  Seguir Leyendo


¿Para qué sirve la utopía?

horizonte. La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve, pues, la utopía? Para eso sirve: para caminar (Eduardo Galeano, escritor)

. “Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad” (proverbio chino)

Valgan estas dos referencias para concienciarnos de la necesidad de actuar, de movernos. La inacción, el pasotismo, el “¿para qué?” no conducen a ninguna parte, si acaso a justificar nuestra amargura y nuestros lamentos y a sembrar más desesperanza en el mundo.

A lo largo de la historia de la humanidad, vemos mucho dolor, mucha crueldad, mucha estupidez. El mundo, los demás, nosotros mismos… nada es como “debería” ser. Pero, sólo con lamentos no cambiaremos nada. Ni tampoco, resignándonos, autojustificándonos en el “¿para qué?” o “yo soy así”.

Los valores que dan sentido a nuestra vida, las “utopías”, como dice el gran escritor y defensor de los derechos humanos, Eduardo Galeano, están en un horizonte lejano, ¿vale la pena luchar por ellos si nunca los alcanzaremos del todo? Vale la pena porque nos mueven a la acción, porque nos hacen caminar. Cualquier acción en dirección a esos valores, por pequeña que sea es mejor que no hacer nada. Un viaje de 1000 km. empieza con un primer paso.

Josep Planas -psicólogos Barcelona, psicólogos Maresme, psicólogos onlinje


El camino más largo: el viaje interior

Avaaz in actionDag Hammarskjöld, Premio Nobel y el segundo secretario general que tuvo Naciones Unidas, dijo hace muchos años que nunca lograríamos progresar de forma sostenible hasta que no “asumamos el camino más largo”: el viaje interior.  

“Nuestra capacidad para construir el mundo que soñamos depende del recorrido de cada uno de nosotros: de pasar del miedo al amor, de empezar a creer en nosotros mismos y de ser capaces de dejar nuestros demonios atrás”, dice la comunidad Avaaz. 

Y con ese propósito, proponen comprometerse públicamente con 3 sencillos principios:

-         Sé amable y respetuoso

-         Procura ser más sabio

-         Cultiva gratitud

en este año 2015 que acabamos de estrenar.

Si estás de acuerdo, puedes hacerlo a través del siguiente enlace:

https://secure.avaaz.org/es/three_principles_loc/?cVtPhfb

Te animo a ello y a difundir el mensaje todo lo que puedas.

El mundo está atravesando momentos difíciles:  atentados contra la libertad de expresión, situaciones sociales de pobreza y miseria generalizadas mientras una minoría vive en la opulencia, democracias ahogadas por deudas impagables fruto de la codicia y la depredación de un sistema capitalista salvaje, degradación del medio ambiente, guerras, torturas, corrupción, violencia, explotación… No podemos quedarnos indiferentes. Indiferencia equivale a complicidad. Empecemos por cambiar nosotros. Y si cambiamos nosotros, cambiará el mundo.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos online, psicólogos Maresme


El cambio tiene un precio

Don QuijoteLadran Sancho, señal que cabalgamos(M. de Cervantes, El Quijote)

Avanzar no es posible si no se cuestionan viejas teorías, viejos esquemas. A menudo, nos preocupa demasiado la opinión de los demás y olvidamos que todo cambio suscita siempre resistencias y polémicas.

Lo ideal sería que los cambios fueran inocuos, incruentos, que no suscitaran resistencias, que se pudieran conseguir por simple persuasión o razonando amigablemente. Que la razón se impusiera por sí sola. Pero eso raramente ocurre en la realidad porque hay intereses creados y una tendencia a la homeostasis de los organismos, sean éstos individuales o colectivos.

Ello implica que, con frecuencia, toda transformación de  cierta envergadura lleve aparejada en un primer momento un “empeoramiento” de la situación. En otras palabras, que a veces hay estar peor temporalmente para estar mejor después. Y, si estamos guiados por los valores correctos, deberemos aceptar esa eventualidad y no tirar la toalla hasta llegar a nuestro objetivo. Sobre la marcha, eso sí, se pueden efectuar algunos pequeños cambios pero siempre manteniendo el rumbo.

Pondré dos ejemplos para ilustrar lo anterior:

1)    Un adolescente malcriado al que se no se le han puesto suficientes límites. La tendencia “natural” de los padres es a “hacer más de lo mismo”, es decir, intentar razonar mejor con él/ella, comprenderle/la mejor, etc. para evitar desagradables enfrentamientos. Y si se deciden a ponerle límites, probablemente la resistencia o lucha del adolescente para mantener el “status quo” irá in crescendo, provocando un aumento de las confrontaciones y del malestar en la familia. Pero si los padres se mantienen firmes sólo será algo temporal y, poco a poco, se irán viendo los frutos del proceso.

2)    Un adicto cuando deja la droga, pasa por un inevitable período de abstinencia duro y difícil antes de poder superar su adicción.

No siempre lo fácil y cómodo a corto plazo es lo que más nos conviene a medio o largo plazo.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Yo soy yo y tú eres tú

Fritz Perls. El loco dice “yo soy Benjamin Franklin”; el neurótico, “me gustaría ser como Benjamin Franklin”; el normal, “yo soy yo y tú eres tú” (Fritz Perls, creador de la terapia gestalt)

La aceptación de uno mismo y la aceptación o respeto hacia los demás, es una de las piedras angulares de la felicidad y el bienestar personal.

La felicidad del “loco”, según Perls, se basa en el autoengaño, en una burbuja que fácilmente se puede pinchar. Y la del neurótico, en la búsqueda de lo que no tiene, en un querer ser lo que uno no es en lugar de explotar y potenciar sus propios recursos. Todos somos en realidad un poco neuróticos y, a veces, también un poco locos.

“No pidas peras al olmo”, dice un refrán popular pero todos queremos producir peras siendo olmos, o esperamos que otros las produzcan.  Las cosas, nosotros, tú y yo, el mundo en general no son como “deberían” ser sino que son como son.

Moralejas (aquí hay dos):    1) intenta conseguir la mejor “versión” de ti mismo en lugar de compararte constantemente con los demás, intenta superarte y ser mejor cada día pero de acuerdo con tu propia naturaleza,    2) no pretendas cambiar a los demás, los demás tienen derecho a ser como son, y si no te gustan o te hacen daño, aléjate o protégete simplemente.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Maresme, psicólogos online


Cómo formular demandas a tu pareja de forma asertiva y respetuosa

pareja hablando-      Define claramente el problema, centrándote únicamente en la conducta que te ha molestado o que te desagrada. Evita juzgar, culpar o cualquier tipo de ataque personal (que desencadenaría idéntica respuesta defensiva por parte de tu interlocutor). Evita, asimismo, la tentación de sacar otros “asuntos pendientes” que podrían venir a complicarlo todo.

-      Formula verbalmente tus sentimientos, en primera persona del singular (yo). Para ello, has de Seguir Leyendo


Reconciliarse y resolver problemas con la pareja

Reconciliarse con la parejaEs inevitable que en la pareja (y en toda relación humana) se produzcan roces, conflictos, etc. y es muy importante saberlos manejar de la mejor manera posible, defendiendo tanto nuestros derechos como los del otro/a, con empatía e intentando evitar choques innecesarios e improductivos, con voluntad de escuchar y llegar a acuerdos y no defendiéndonos o intentando imponer nuestro criterio, con actitud amable y no de forma airada, etc.

Seguir Leyendo


Lo que puede facilitar u obstaculizar la psicoterapia y el desarrollo personal

facilitar u obstaculizarSi bien está claro que el psicólogo debe poseer unas actitudes, conocimientos profesionales y experiencia determinados para poder llevar una psicoterapia con éxito, no es menos cierto que también el paciente o cliente juega un papel importante en el curso de la misma a través de sus actitudes, creencias y expectativas.

En este sentido, lo que en mi opinión PUEDE OBSTACULIZAR la psicoterapia sería:

-       Confundir el alivio del síntoma con la solución definitiva del problema, con el cambio auténtico. Creer que en el momento en que nos sentimos un poco mejor, en que la ansiedad ya ha bajado de manera significativa, en que hemos resuelto la “urgencia”, la terapia ya está terminada,  sin haber trabajado los problemas de fondo.

-       Una actitud culpabilizadora. Culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros problemas, esperar que sean los otros quienes cambien.

-       Una actitud de baja implicación. Esperar que el terapeuta nos de la “solución” con un mínimo de esfuerzo e implicación por nuestra parte (“sólo contando lo que me pasa…”), no dedicar tiempo a hacer las tareas o hacerlas con desgana, de manera muy superficial o siguiendo las pautas “a nuestra manera”, llegar tarde a las sesiones o saltarse algunas, etc.

-       Una actitud victimista. Estar dispuestos a quejarnos pero no a actuar, pensar constantemente que no podemos, tirar la toalla a la mínima dificultad o frustración, etc.

-       Una actitud escéptica, derrotista frente a la terapia y a la propia capacidad de cambio. O, por el contrario, el espejismo del cambio rápido y fácil. Esperar soluciones “mágicas” que nos eviten transitar por las necesarias y, a veces dolorosas, etapas del cambio. Creer que en un tiempo récord hemos de poder deshacer todos los “nudos” en que nos hemos ido enredando a lo largo de nuestra vida.

-       Una actitud evitativa. Evitar meternos en temas difíciles o dolorosos y/o esperar que todo se resuelva “hablando” sin tener que pasar a la acción.

-       Una actitud de “si, pero…” que lleva a dar vueltas en círculo.

-       Formular demandas demasiado abstractas, confusas o poco realistas. Por ejemplo, querer ser feliz, no tener nunca ansiedad, saber vivir, etc.

-       Evitar formular objetivos concretos, dejándolo todo demasiado “abierto”, demasiado disperso como un barco que navega a la deriva, sin rumbo fijo (“hoy hablamos de esto, mañana de aquello”, abrir muchos temas sin profundizar en ninguno)

-       No tolerar el fracaso, los errores que nos ayudan a aprender: “lo haré sólo si estoy seguro/a de que saldrá bien”

-       Dejar la terapia de forma abrupta, sobre todo después de unas pocas sesiones. En mi opinión, es importante dar opción por lo menos a una última sesión de “cierre”.  Y ello, por varios motivos:   a) los actos impulsivos, no suficientemente meditados, nos pueden llevar fácilmente a decisiones erróneas, a menudo motivadas más por el deseo de “huir de” que de “afrontar” o “resolver”,    b) cortar la terapia de golpe puede dejar asuntos importantes “abiertos” (como abrir una herida y no coserla) con los problemas que eso pueda conllevar: confusión, etc.     c) dejar la terapia es especialmente tentador en momentos clave del proceso, momentos que quizás están exigiendo más coraje, más esfuerzo y más implicación o compromiso; y dejarlo ahí, aunque a corto plazo puede ser un alivio, posteriormente te puede dejar el sabor amargo del fracaso, la triste “confirmación” de que nadie te puede ayudar y, junto con todo ello, una interpretación errónea de lo que es realmente una psicoterapia y de las herramientas y recursos que te pueden ayudar (si conoces todos los pasos y los pones en práctica durante el tiempo suficiente)

Y lo que la PUEDE FACILITAR:

-       Una actitud de máxima implicación, de poner “toda la carne en el asador”, de estar dispuestos a lo que sea para conseguirlo, de no dar un paso atrás pase lo que pase, de arriesgarnos al 100 %, de no detenernos antes de llegar a la meta.

-       Una actitud esperanzada, confiada, realista: “aunque no sea fácil, si quiero y pongo en ello todo mi esfuerzo, puedo conseguirlo”

-       Una actitud responsable: “aunque los demás puedan ayudarme, el cambio depende básicamente de mí”, “no puedo hacer cambiar a los demás, pero puedo cambiar yo”.

-       Dar(se) un voto de confianza, evitar actitudes hipercríticas (con uno mismo, con el terapeuta y con el mundo en general)

-       Plantear(se) un objetivo u objetivos terapéuticos realistas y concretos.

-       Una actitud abierta a la experimentación y al cambio, una actitud de “voy a probar, aunque no esté del todo convencido/a”: “si lo que he hecho hasta ahora no ha funcionado o no ha funcionado suficientemente bien, he de probar otras cosas; haciendo más de lo mismo, no cambiaré nada”, “antes de decidir que una cosa no va a funcionar, necesito probarla; de lo contrario, puede que me esté engañando a mí mismo/a con razonamientos dictados por el miedo”

-       La consciencia de que lo más cómodo o agradable para mí (a corto plazo) no es necesariamente lo mejor (a medio y largo plazo).

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Dejar de fumar es posible

dejar de fumar

¿Estás intentando dejar de fumar?

Todos sabemos que el consumo de tabaco es sumamente perjudicial para la salud: es la causa reconocida de 29 enfermedades  (entre ellas 10 tipos de cáncer), acelera el proceso de envejecimiento, tiene efectos nocivos para quienes rodean al fumador, etc.

Y, sin embargo, a muchas personas todavía les cuesta dejar de fumar, ¿por qué?  Básicamente por :

-         Factores de tipo fisiológico: efectos eufóricos y sedativos y otros derivados de la adicción a la nicotina.

-         Factores psicológicos: el fumar se ha asociado a determinadas situaciones o conductas agradables (por ejemplo, fumar un cigarrillo a la hora del café) o a la evitación de estados de ánimo desagradables (por ejemplo, cuando se fuma en momentos de estrés).

-         Factores sociales: el tabaco se asocia también a determinados ambientes, a momentos concretos de interacción social con otras personas (por ejemplo, cuando estamos entre amigos)

-         Creencias erróneas, como por ejemplo:

a)      Dejar de fumar es muy difícil, y yo no tengo suficiente fuerza de voluntad”: hoy en día existen numerosos métodos adecuados a cada persona para dejar de fumar y no es preciso ni hacer grandes esfuerzos ni tener mucha fuerza de voluntad. Es suficiente con creer que es posible y elegir una estrategia adecuada.

b)      “Lo he intentado otras veces y siempre he fracasado”: Cada vez que se deja el tabaco, aún cuando se fracase se aprende algo para que la próxima vez resulte más fácil.

c)      “Si dejo de fumar, voy a engordar”: en realidad, es posible dejar de fumar sin engordar. Es posible, en algunos casos, ganar algo de peso al principio pero si eso ocurre se puede controlar con una dieta adecuada, un poco de ejercicio físico, etc.

d)      “Ahora no es el mejor momento” Tal vez no lo sea, pero pensemos que nunca es el mejor momento para algo que nos cuesta esfuerzo y que la vida siempre nos trae problemas y estrés. Además, si no lo dejamos de golpe sino progresivamente, los efectos molestos del síndrome de abstinencia apenas los vamos a notar, o no los vamos a notar en absoluto.

Entonces, ¿cómo podemos dejar de fumar?

-         Lo podemos hacer de golpe o progresivamente.  Ambos métodos son válidos si se siguen las pautas adecuadas.

-         Podemos utilizar simplemente nuestra fuerza de voluntad o también podemos  buscar ayuda con algunas sesiones de psicoterapia y/o un tratamiento farmacológico (por ejemplo, chicles o parches de nicotina, bupropión, etc.)

Si ya has probado a dejarlo por tu cuenta y no lo has conseguido, o si nunca lo has intentado y no te sientes capaz por ti mismo/a, o simplemente si quieres dejarlo de una manera más fácil con orientación personalizada para tu caso concreto, puedes pedir más información en mi consulta de psicólogos Barcelona rellenando el siguiente formulario de contacto.


¿Buena suerte o mala suerte?

Buena suerte o mala suerteHe aquí un hermoso cuento sufí que nos habla de forma sabia de la relatividad de la “buena” o “mala” suerte, de cómo ciertos acontecimientos inicialmente catalogados como negativos pueden, con el paso del tiempo, convertirse en positivos y viceversa. Dice así:

 “Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las vallas de su terreno. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más que podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe”

Moraleja: las crisis y los conflictos a veces se transforman en oportunidades y,  a veces, las oportunidades se transforman en conflictos; a veces, las “desgracias” nos traen cosas buenas, y a veces, las “cosas buenas” nos traen desgracias. Todo depende del azar y de la manera en que manejemos las circunstancias que nos ha tocado vivir. Hay “varitas mágicas” (o maneras de hacer) que transforman sapos en príncipes azules y otras que transforman princesas en brujas. El azar es una fuerza importante que, en ocasiones, puede modelar nuestras vidas de forma drástica, pero también es importante nuestra manera de afrontar las cosas, desde una postura proactiva o victimista/ pasiva. Ambas son fuerzas poderosas que no conviene olvidar ni infravalorar.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Formas eficaces e ineficaces de comunicarnos

comunicación 2Son formas ineficaces de comunicarnos:

-       Esperar a que los demás adivinen lo que necesitamos o queremos, y que “salga” de ellos dárnoslo. Si lo pedimos, tenemos muchas más probabilidades de que nos lo den. ¿Que así no tiene gracia porque no sabemos si realmente querían dárnoslo? Bueno, tal vez no lo sabremos nunca pero, si nos lo dan, sí sabremos que han optado por tener en consideración nuestras necesidades (lo cual indica que de alguna manera les importamos) y, además, hemos obtenido lo que deseábamos. Ah, pero ¿y si recibimos una negativa? Entonces, al menos no estaremos esperando inútilmente y podremos dedicar nuestras energías a otra cosa (por ejemplo, a buscar lo que queremos en otra parte o a intentar satisfacer nuestra necesidad de otra manera).

-       Dar por supuesto el no, antes de pedir algo. Pensemos: ¿qué es lo peor que puede pasar si lo pedimos y no lo obtenemos? ¿Es peor que no pedirlo?

-       Dar rodeos, dejar pistas sin ser claros, etc. De esta manera, es posible que los demás no lleguen a entender qué queremos y/o lo malinterpreten.

-       Actuar impulsiva o agresivamente. Por ejemplo, gritar, amenazar, romper algo, emborracharnos, hacernos daño, mostrarnos malhumorados, etc. en lugar de efectuar una demanda clara y asertiva. La forma más grave de esto sería un intento de suicidio.

-       Encerrarnos en el mutismo, utilizar el silencio como una forma de protesta o revancha. Si eso se prolonga en el tiempo, puede producirse una brecha de incomunicación difícil de superar.

-       Hacer demandas con muchos reproches o críticas. En este caso, la otra persona estará más pendiente de defenderse o contraatacar que de escuchar nuestra demanda.

-       Utilizar palabras poco claras, demasiado ambiguas que se pueden interpretar de muchas maneras, en lugar de efectuar demandas concretas que todo el mundo pueda comprender. Por ejemplo, si yo le digo a mi pareja: “quiero que me tengas más en cuenta”, puede ser que no sepa qué tiene que hacer o que malinterprete mi petición. Pero, si le digo “me gustaría que me preguntaras cómo me ha ido el día cuando llego a casa” seguramente no tendrá dudas de lo que le pido.

-       Utilizar intermediarios. Siempre que sea posible, es mejor no hacerlo para evitar malentendidos y para que el mensaje tenga más fuerza.

-       Comunicar cosas delicadas por SMS, correo electrónico, etc. Es una forma de escurrir el bulto que puede dificultar la comunicación, provocar resentimiento, dar lugar a equívocos, etc.

-       Querer demostrar que tenemos la razón o convencer al otro/a para que cambie, en lugar de simplemente exponer nuestro punto de vista y/o intentar llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes.

-       Efectuar una petición que no hayamos madurado antes un poco¸ que nosotros mismos tengamos poco clara.

-       Efectuar una petición o demanda en un momento o en circunstancias poco oportunas. Por ejemplo, cuando el otro/a tiene prisa, está muy estresado/a, etc.

En lugar de ello, desde psicólogos Barcelona, aconsejamos:

-      Antes de comunicarnos, reflexionar acerca de cómo nos sentimos, qué es lo que queremos expresar o pedir exactamente y con qué objetivo y cuál será probablemente la mejor manera de transmitirlo, el momento más oportuno, etc.

-      Arriesgarnos a pedir lo que queremos, con una actitud respetuosa hacia el otro/a y dispuestos a aceptar un “no” si es preciso, o a negociar un acuerdo satisfactorio para ambos.

-      Intentar ponernos un poco en el lugar del otro/a e intentar ver las cosas también desde su punto de vista y sus propias necesidades.

-      Ser directos y concretos, evitar dar rodeos innecesarios, las medias palabras, etc. Por ejemplo, en lugar de “quiero que me tengas más en cuenta”, sería más adecuado: “por favor, avísame si no vienes a comer”, etc.

-      Evitar intermediarios y portavoces.

-      Evitar el silencio o la actuación impulsiva para “forzar” al otro a una respuesta.

-      Evitar críticas destructivas, insultos, humillaciones, descalificaciones, “golpes bajos”, etc.

Josep Planas –psicólogos Barcelona-, -psicólogos Vilassar de Mar-, -psicólogos Maresme-, -psicólogos online-


Cómo ayudar a un familiar cercano con un problema psicológico

ayudar a otrosCon cierta frecuencia, algunas personas me comentan por teléfono que tienen un familiar o persona cercana (hijo/a, novio/a, esposo/a, etc.) con un problema psicológico importante, y que no acepta acudir a la consulta de un psicólogo (o ni tan sólo se atreven a planteárselo por temor a su reacción). Puede ser, por ejemplo, un problema de depresión, hipocondría, adicciones, descontrol de la ira, etc. Me preguntan cómo pueden ayudarle o cómo pueden convencerle para acudir a terapia.

Las personas más cercanas a su entorno, por un lado, le quieren y no desean verle así; y por otro, están también sufriendo de alguna manera las consecuencias de ese problema, y eso tampoco es justo: a la larga, puede provocar un distanciamiento, una ruptura o un “mal vivir” al que no tenemos por qué resignarnos.

Es un tema delicado, ciertamente. ¿Qué hacer, pues? En la mayoría de casos, personalmente recomiendo que, en primer lugar, acuda a la consulta la persona que me llama, Y eso por varias razones:

1)     Es quién está más motivado/a.

2)     Las actitudes que mantenga con ese hijo/a, pareja, etc. pueden potenciar (con la mejor de las intenciones, casi siempre) la patología en cuestión o ayudar a reducirla (si se conocen los mecanismos con que ésta opera). Consultarme, es una manera indirecta de intervenir en la que yo, el psicólogo de barcelona asesoro al familiar en cuanto a comportamientos y actitudes a adoptar (qué hacer, qué evitar, cómo responder a X o Y) y, de esa manera, puede promover cambios positivos en la persona, sin que ésta tenga que pisar la consulta del terapeuta. Y para esto, no suelen ser necesarias muchas consultas: tal vez dos o tres (incluso, es posible, que con una sea suficiente) y, luego, alguna de seguimiento para ir corrigiendo errores o mejorando estrategias.

Pero, ¿puede esto funcionar realmente o simplemente es poner un parche? Digamos que, en primer lugar, es evidente que esto es bastante mejor que nada. Y, en segundo lugar, que hay muchos conflictos o patologías que se agravan considerablemente por la actitud (bienintencionada, pero a veces errónea) de las personas más cercanas. Un ejemplo ilustrativo sería la sobreprotección que, a menudo, facilita que el otro/a haga menos esfuerzo por superar el conflicto en que se ha quedado atascado y que, dicho sea de paso, le transmite un doble mensaje: “por un lado, te sobreprotejo porque te quiero mucho, pero por otro no confío en tus propios recursos para salir de esto”.  Y, en tercer lugar, puede que dicha persona se anime finalmente a acudir a la consulta (al ver el cambio en su pareja, etc.) Ah, pero… ¿le vamos a decir que hemos acudido a un psicólogo o será mejor hacerlo en secreto? Bien, podemos decirle que vamos al psicólogo porque nosotros nos sentimos mal o estamos un poco deprimidos, sin especificar la relación que esto pueda tener con él/ella. Es una forma de decir la verdad sin decirla del todo, y que a nadie perjudica sino todo lo contrario.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Páginas:12