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Posts etiquetados con: psicòlegs online

Qué es la depresión y cómo se puede tratar

psicologosbarcelona-depresiónLa depresión es una enfermedad que, según la OMS, afecta a más de 350 millones de personas en el mundo, al doble de mujeres que de hombres. Si bien  es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y genéticos, suele estar asociada a pérdidas significativas no asimiladas (por ejemplo, muerte de un ser querido, ruptura sentimental, enfermedad, pérdida del puesto de trabajo, etc.), conflictos interpersonales no resueltos (por ejemplo, disputas o desavenencias que generan mucho malestar), falta de adaptación a transiciones vitales importantes (por ejemplo, maternidad, cambio de trabajo, jubilación, etc.) o carencias en las relaciones interpersonales (por ejemplo, sentirse solo o poco querido)

Aunque en la actualidad es posible superar la depresión mediante una psicoterapia adecuada (y, en casos más complejos, con la ayuda adicional de fármacos) se calcula que más de la mitad de los afectados no reciben ningún tratamiento, al tener una depresión.

Los síntomas de depresión más comunes son:

  • Cambios en el estado de ánimo:    a) Tristeza permanente y ganas de llorar aunque también puede manifestarse con irritabilidad o culpa persistentes,   b) Sensación de vacío y/o de estar como anestesiado,     c) Disminución y pérdida de interés por actividades y personas.
  • Cambios corporales:   a) Experiencia subjetiva de fatiga y pérdida de energía: las actividades cotidianas se realizan con mayor lentitud y, normalmente, requieren de un gran esfuerzo,     b) Insomnio o, por el contrario, necesidad de dormir más de lo habitual (hipersomnia),      c) Pérdida de apetito o, por el contrario, aumento desmesurado del hambre que puede dar lugar a atracones compulsivos,    d) D¡sminución del deseo sexual.
  • Cambios en la forma de pensar:  Pensamientos  recurrentes de culpa, inutilidad, fracaso, etc. que conducen a una autocrítica destructiva y una sensación de desamparo y desesperanza que, en algunos casos, puede traducirse incluso en deseos de morir. Muchas personas deprimidas creen que son totalmente ineptos para la vida, que los demás no les quieren y que tarde o temprano acabarán abandonándolos, que siempre están haciendo daño a los demás, que nada les saldrá nunca bien en la vida, etc. Al estar deprimido, se suele prestar mucha más atención a los aspectos desagradables de la realidad (magnificándolos) y se ignoran los agradables. La sensación de agotamiento físico y fatiga que acompaña a la depresión hace más fácil, además, que se terminen creyendo ese tipo de pensamientos sin cuestionarlos.
  • Cambios en la forma de actuar. La falta de vitalidad y la sensación de fatiga crónica, acompañada de los pensamientos negativos mencionados, la tristeza recurrente, etc. suele llevar a un abandono o reducción importante de las actividades de la persona: tareas cotidianas de casa o trabajo, relaciones interpersonales y tiempo dedicado al ocio. Con ello, se produce una especie de círculo vicioso que conduce a potenciar la depresión: cuántas menos cosas hace y cuánto más se aísla la persona, menos gratificaciones obtiene del medio, más inútil se siente, y más negativo lo ve todo.

A veces, la depresión viene acompañada o precedida de otros trastornos, siendo los más habituales: ansiedad generalizada, crisis de pánico, agorafobia, fobia social, obsesiones (TOC), fibromialgia u otros dolores físicos varios, adicciones, bulimia nerviosa, etc.

Cuando hay una depresión menos intensa pero más prolongada en el tiempo, hablamos de distimia. Si aparece tras un cambio importante de la vida (divorcio, maternidad, muerte de un ser querido, ruptura afectiva, etc.) al que cuesta adaptarse, lo llamamos trastorno de adaptación de tipo depresivo: es un tipo de depresión que suele desaparecer gradualmente a medida que nos vamos adaptando a la nueva situación, si bien en algunos casos puede desembocar en una auténtica depresión. Si alterna con episodios o fases de euforia patológica, hablamos de trastorno bipolar, en fase depresiva.

La depresión no debe confundirse con trastornos pasajeros del estado de ánimo debidos a situaciones normales de la vida cotidiana: pequeños contratiempos o frustraciones que nos afectan a todos.

Antes de entrar en la depresión propiamente dicha, la persona afectada suele pasar por un período de tiempo sintiéndose mal: tristeza, culpa, ansiedad, vergüenza o irritabilidad son las sensaciones de malestar más frecuentes. Estos síntomas vienen a ser como la señal de alarma de que algo no está yendo bien en la vida de uno y se generan para que reaccionemos.

Las terapias para una depresión que se han mostrado más eficaces en su tratamiento son las cognitivo-conductuales y la psicoterapia interpersonal. Como hemos dicho, a veces es necesaria la ayuda de fármacos pero, en mi opinión, no es recomendable utilizarlos como único tratamiento: para más información ver “¿Pastillas o psicoterapia?”

Si crees que podrías padecer depresión, o tienes algún familiar cercano que padezca depresión, puedes ponerte en contacto con mi consulta de psicólogos Barcelona/ psicólogos online / psicólogos Vilassar de Mar a través del formulario de contacto


Dime cómo piensas y te diré cómo sientes

 Pensador “No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede” (Epícteto, filósofo griego)

De manera similar a Epícteto, la terapia cognitiva sostiene que ante una situación que nos estresa o produce malestar tiene una gran importancia la valoración o interpretación que hacemos de la misma, lo que nos decimos a nosotros mismos. Evidentemente, contarán también otras cosas como los recursos de que dispongamos para hacerle frente, el apoyo del entorno, etc. Pero aquí nos centraremos en la importancia de nuestro “diálogo interno” y en cómo éste juega un papel determinante en cómo nos sentimos y cómo reaccionamos.

Pongamos un ejemplo Seguir Leyendo


Conocer el futuro mirando al pasado

profetas-      “El mejor profeta del futuro es el pasado” (Lord Byron)

Podemos entender ese célebre aforismo de varias maneras que se complementan entre sí:

1)     Las vivencias del pasado, sobre todo las de la infancia, tal y como ya afirmara Freud en su momento Seguir Leyendo


¿Por qué le doy tantas vueltas a las cosas?

vueltas a las cosasHablamos de “rumiación” (comernos el coco o rayarnos, en lenguaje coloquial) para referirnos al proceso de darle vueltas, una y otra vez, a algo que nos preocupa en una especie de mónologo repetitivo que no podemos parar y que no nos conduce a la solución del problema sino más bien a sentimientos de indefensión, culpa, ansiedad, etc. Es como estar atrapados en un laberinto: por más que nos movemos de un lado a otro, no encontramos la salida y cada vez nos sentimos más frustrados y angustiados. Da la sensación de que estamos haciendo algo, de que nos estamos esforzando por solucionar o por entender un problema pero, en realidad, estamos dando vueltas en círculo.

Ejemplo: “Creo que he metido la pata con Enrique, no tenía que haberle dicho lo que le he dicho… Pero, claro, ahora ya está ¿qué puedo hacer?… Ay, Dios mío!, ¿qué pensará de mí?… No puede ser que haya metido tanto la pata… Es que soy idiota… ¿Se habrá enfadado conmigo?… Seguro que sí, claro, pero ya no puedo hacer nada… Tal vez si le dijera X, pero no, ¿para qué?… Entonces, ¿qué hago?… Pero, ¿por qué le habré dicho eso?… Ahora, él también a veces me ha dicho cada cosa… Sí, pero ¿y qué?, esto no cambia nada… No lo soporto, todo el día dándole vueltas y vueltas a las cosas… pero ¿qué puedo hacer si soy así? Etc. etc.”

Observamos lo siguiente:  1) nos centramos mucho en el problema en lugar de focalizarnos en la solución,    2) insistimos mucho en los “¿por qué?” y en la búsqueda de culpas y culpables, tendemos a juzgar en lugar de comprender,,     3) nos movemos en círculo, entre un mar de dudas y vacilaciones, ora pensamos esto ora pensamos lo contrario,      4) tendemos a dramatizar y a quedarnos en un rol pasivo, de indefensión, nos cuesta ver la realidad de forma objetiva.

Si te sientes identificado/a con ese conflicto, si tú también tiendes a “machacarte” con cavilaciones estériles que no te llevan a ninguna parte y a darle mil vueltas a las cosas de forma obsesiva, te aconsejo que pruebes algunas de las siguientes opciones:

-          Cambia los “¿por qué?” por “¿qué puedo hacer?” Y si crees que no puedes hacer nada en un tema concreto que te preocupa, mira si puedes aprender algo de la situación e intenta aceptar los hechos de la mejor forma posible, dándote cuenta de que no puedes controlarlo todo ni evitar equivocarte algunas veces.

-          Si tus inquietudes se refieren a hechos que podrían suceder en un futuro, pero que todavía no han sucedido, pregúntate: “qué sería lo peor que podría pasar?, y si pasara, ¿serían tan terrible?; ¿qué probabilidad hay de que ocurra?; ¿cuántas veces en el pasado me he preocupado por cosas parecidas? Y, ¿cuántas veces ha ocurrido lo que más temía?

-          Pregúntate: “¿estoy magnificando los hechos?, ¿estoy presuponiendo cosas que tal vez no sean del todo ciertas?, ¿qué puedo estar distorsionando o exagerando?, ¿podría sacar conclusiones diferentes de las que estoy sacando?”, etc.

-          Comparte tus preocupaciones con los demás, sobre todo con personas en las que confíes y crees que te podrían ayudar a ver las cosas desde otros ángulos, y… presta atención a lo que te dicen.

-          Cede el paso a la acción: haz algo, lo que sea (no autodestructivo ni agresivo, claro), para cambiar de escenario, para salir de tu monólogo. Por ejemplo:

. Si has pensado en varias opciones a lo que te preocupa, pero no te decides por ninguna, pon en práctica una de ellas, cualquiera, por pequeña que sea y aunque no estés muy convencido/a de los resultados. Hacer algo siempre moviliza algo, y de eso se trata, de no quedarse paralizado, de aportar aire fresco, de no quedarse “intoxicado” por el propio pensamiento.

. Haz ejercicio físico o, al menos, mueve tu cuerpo de alguna manera. Puedes salir a correr, ir al gimnasio, hacer estiramientos, dar un paseo, hacer una excursión a la montaña, etc.

. Búscate alguna distracción. Escucha música, ve al cine, tómate un té, lee un libro, planea alguna actividad para este fin de semana, ponte a bailar, dibuja, pinta, escribe un diario, llama a alguien, etc.

. Intenta buscar tareas que te absorban, que te saquen de tus cavilaciones.

. Haz algo diferente, algo que aporte ilusión y frescura a tu vida. Por ejemplo, apúntate a un taller de escritura o a un curso de baile, ponte a cultivar un huerto ecológico o… lo que sea que siempre has deseado hacer y nunca te has atrevido o nunca te lo has permitido.

 Y si esto te ocurre con frecuencia, o has probado ya muchas estrategias sin resultado, te aconsejo que busques ayuda profesional: probablemente se trate de un trastorno de ansiead que puedes superar con las herramientas adecuadas. Si lo deseas, puedes contactar conmigo en mi consulta de psicólogos Barcelona – psicólogos Vilassar de Mar – psicólogos online a través del siguiente formulario y te informaré de tipos de tratamiento, precios, etc.

 


Lo que puede facilitar u obstaculizar la psicoterapia y el desarrollo personal

facilitar u obstaculizarSi bien está claro que el psicólogo debe poseer unas actitudes, conocimientos profesionales y experiencia determinados para poder llevar una psicoterapia con éxito, no es menos cierto que también el paciente o cliente juega un papel importante en el curso de la misma a través de sus actitudes, creencias y expectativas.

En este sentido, lo que en mi opinión PUEDE OBSTACULIZAR la psicoterapia sería:

-       Confundir el alivio del síntoma con la solución definitiva del problema, con el cambio auténtico. Creer que en el momento en que nos sentimos un poco mejor, en que la ansiedad ya ha bajado de manera significativa, en que hemos resuelto la “urgencia”, la terapia ya está terminada,  sin haber trabajado los problemas de fondo.

-       Una actitud culpabilizadora. Culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros problemas, esperar que sean los otros quienes cambien.

-       Una actitud de baja implicación. Esperar que el terapeuta nos de la “solución” con un mínimo de esfuerzo e implicación por nuestra parte (“sólo contando lo que me pasa…”), no dedicar tiempo a hacer las tareas o hacerlas con desgana, de manera muy superficial o siguiendo las pautas “a nuestra manera”, llegar tarde a las sesiones o saltarse algunas, etc.

-       Una actitud victimista. Estar dispuestos a quejarnos pero no a actuar, pensar constantemente que no podemos, tirar la toalla a la mínima dificultad o frustración, etc.

-       Una actitud escéptica, derrotista frente a la terapia y a la propia capacidad de cambio. O, por el contrario, el espejismo del cambio rápido y fácil. Esperar soluciones “mágicas” que nos eviten transitar por las necesarias y, a veces dolorosas, etapas del cambio. Creer que en un tiempo récord hemos de poder deshacer todos los “nudos” en que nos hemos ido enredando a lo largo de nuestra vida.

-       Una actitud evitativa. Evitar meternos en temas difíciles o dolorosos y/o esperar que todo se resuelva “hablando” sin tener que pasar a la acción.

-       Una actitud de “si, pero…” que lleva a dar vueltas en círculo.

-       Formular demandas demasiado abstractas, confusas o poco realistas. Por ejemplo, querer ser feliz, no tener nunca ansiedad, saber vivir, etc.

-       Evitar formular objetivos concretos, dejándolo todo demasiado “abierto”, demasiado disperso como un barco que navega a la deriva, sin rumbo fijo (“hoy hablamos de esto, mañana de aquello”, abrir muchos temas sin profundizar en ninguno)

-       No tolerar el fracaso, los errores que nos ayudan a aprender: “lo haré sólo si estoy seguro/a de que saldrá bien”

-       Dejar la terapia de forma abrupta, sobre todo después de unas pocas sesiones. En mi opinión, es importante dar opción por lo menos a una última sesión de “cierre”.  Y ello, por varios motivos:   a) los actos impulsivos, no suficientemente meditados, nos pueden llevar fácilmente a decisiones erróneas, a menudo motivadas más por el deseo de “huir de” que de “afrontar” o “resolver”,    b) cortar la terapia de golpe puede dejar asuntos importantes “abiertos” (como abrir una herida y no coserla) con los problemas que eso pueda conllevar: confusión, etc.     c) dejar la terapia es especialmente tentador en momentos clave del proceso, momentos que quizás están exigiendo más coraje, más esfuerzo y más implicación o compromiso; y dejarlo ahí, aunque a corto plazo puede ser un alivio, posteriormente te puede dejar el sabor amargo del fracaso, la triste “confirmación” de que nadie te puede ayudar y, junto con todo ello, una interpretación errónea de lo que es realmente una psicoterapia y de las herramientas y recursos que te pueden ayudar (si conoces todos los pasos y los pones en práctica durante el tiempo suficiente)

Y lo que la PUEDE FACILITAR:

-       Una actitud de máxima implicación, de poner “toda la carne en el asador”, de estar dispuestos a lo que sea para conseguirlo, de no dar un paso atrás pase lo que pase, de arriesgarnos al 100 %, de no detenernos antes de llegar a la meta.

-       Una actitud esperanzada, confiada, realista: “aunque no sea fácil, si quiero y pongo en ello todo mi esfuerzo, puedo conseguirlo”

-       Una actitud responsable: “aunque los demás puedan ayudarme, el cambio depende básicamente de mí”, “no puedo hacer cambiar a los demás, pero puedo cambiar yo”.

-       Dar(se) un voto de confianza, evitar actitudes hipercríticas (con uno mismo, con el terapeuta y con el mundo en general)

-       Plantear(se) un objetivo u objetivos terapéuticos realistas y concretos.

-       Una actitud abierta a la experimentación y al cambio, una actitud de “voy a probar, aunque no esté del todo convencido/a”: “si lo que he hecho hasta ahora no ha funcionado o no ha funcionado suficientemente bien, he de probar otras cosas; haciendo más de lo mismo, no cambiaré nada”, “antes de decidir que una cosa no va a funcionar, necesito probarla; de lo contrario, puede que me esté engañando a mí mismo/a con razonamientos dictados por el miedo”

-       La consciencia de que lo más cómodo o agradable para mí (a corto plazo) no es necesariamente lo mejor (a medio y largo plazo).

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


¿Buena suerte o mala suerte?

Buena suerte o mala suerteHe aquí un hermoso cuento sufí que nos habla de forma sabia de la relatividad de la “buena” o “mala” suerte, de cómo ciertos acontecimientos inicialmente catalogados como negativos pueden, con el paso del tiempo, convertirse en positivos y viceversa. Dice así:

 “Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las vallas de su terreno. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más que podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Alá lo sabe”

Moraleja: las crisis y los conflictos a veces se transforman en oportunidades y,  a veces, las oportunidades se transforman en conflictos; a veces, las “desgracias” nos traen cosas buenas, y a veces, las “cosas buenas” nos traen desgracias. Todo depende del azar y de la manera en que manejemos las circunstancias que nos ha tocado vivir. Hay “varitas mágicas” (o maneras de hacer) que transforman sapos en príncipes azules y otras que transforman princesas en brujas. El azar es una fuerza importante que, en ocasiones, puede modelar nuestras vidas de forma drástica, pero también es importante nuestra manera de afrontar las cosas, desde una postura proactiva o victimista/ pasiva. Ambas son fuerzas poderosas que no conviene olvidar ni infravalorar.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Hacernos cargo de nosotros mismos: qué significa y por qué es importante

canstockphoto7226530Hacernos cargo de nosotros mismos implica tomar las riendas y hacernos responsables de nuestra vida, con todo lo que ello comporta. Después del famoso “conócete a ti mismo” (inscrito en el templo de Apolo en Delfos), ésta podría ser muy bien el segundo imperativo moral de todo ser humano.

Algunos podéis preguntaros si semejante aseveración no es demasiado egoísta o poco solidaria. Bien, personalmente creo que toda persona que no se hace cargo de sí misma –sea porque no quiere, porque no sabe o porque no puede- , de alguna manera, deviene una “carga” para los demás en mayor o menor grado.  Y cada uno de vosotros/as, supongo que puede encontrar ejemplos de esto en su propia familia, entorno social, etc. De todas maneras, voy a poner una serie de supuestos sencillos:

  • Si yo desatiendo mi salud o tengo hábitos adictivos peligrosos (alcoholismo, ludopatía, etc.), tarde o temprano, eso ocasionará consecuencias negativas no sólo para mi mismo sino también para mi familia, entorno laboral o/y servicios de la seguridad social.
  • Si yo, en lugar de intentar buscar soluciones a mis problemas, tiendo a culpar a los demás o a hacerme la víctima, a la corta o a la larga, alguien tendrá que hacerse cargo de mis problemas amén del “mal rollo” que habré creado a mi alrededor.
  • Si en lugar de buscar ayuda cuando la necesito, meto la cabeza bajo tierra como el avestruz o/y intento obligar a los demás a que cambien y se adapten a mis carencias o manera de ser problemática, estaré creando frustración y desesperanza a mi alrededor y, a la larga o a la corta, los demás pagarán un precio por ello (y yo también, por supuesto)

Ahora bien, si realmente no puedo (y fíjate que “no puedo” es diferente de “creo que no puedo”) hacerme cargo de mi mismo -en algún aspecto en particular de mi vida, o en todos-, entonces será lógico y justo que los demás (familia, instituciones sociales, etc.) en la medida de lo posible, me ayuden y se ocupen de mí. Y si puedo pero no sé hacerlo, será justo también que me enseñen, que me den la oportunidad de aprender.

Es decir, no estoy predicando una sociedad en la que predomine la ley del más fuerte –o del más desalmado- , pero tampoco estoy a favor de una sociedad inmadura, infantil, en la que todo el mundo espere que le salven los demás –o que le lleven a cuestas-. Ni estoy a favor de una “libertad” mal entendida, en la que creo que puedo hacer con mi vida lo que me da la gana sin tener en cuenta qué consecuencias tendrá esto para los demás. Todos formamos parte de un “todo” que va mucho más allá de nosotros mismos y creo que es un deber colectivo intentar la máxima armonía sin detrimento de nuestros derechos individuales, como personas.

Hacernos cargo de nosotros mismos no implica tampoco dejar de luchar a favor de la justicia o de unos ideales en los que creamos, dejando toda la responsabilidad en el individuo, sino todo lo contrario. En otras palabras, estoy pregonando una responsabilidad individual, sí, pero también una responsabilidad colectiva: ambas deben equilibrarse entre sí, la una no tiene sentido sin la otra.

Fritz Perls, creador de la terapia Gestalt, expresó en términos muy elocuentes lo de la responsabilidad personal diciendo que “limpiarse solo el culo es una señal de madurez”.

Josep Planas psicólogos Barcelona-, -psicólogos Vilassar de Mar-, psicólogos online-


Psicólogos online

canstockphoto4138688La psicoterapia online ha tenido un considerable crecimiento en los últimos años. Desde sus inicios hasta ahora, ha experimentado una importante evolución gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y al uso, cada vez más frecuente, de Internet por personas de todas las edades.

Si bien, no se puede equiparar al contacto humano del tú a tú en la psicoterapia presencial, sí podemos actualmente, y a través de programas como el Skype, no sólo hablar o chatear sino también “ver” a la otra persona a través de una webcam, observar sus gestos, etc. lo cual enriquece considerablemente la comunicación. Por supuesto, también se puede realizar por teléfono, email, etc.

Ahora bien, ¿para quienes estaría indicada la psicoterapia online y qué ventajas o inconvenientes tiene? Pues bien, podemos decir que:

  • Está indicada para personas que, por diversos motivos, no quieren o no pueden trasladarse a la consulta del terapeuta. Por ejemplo, personas que viven en otra ciudad o, incluso, en otro país, que viajan constantemente, que tienen dificultad para desplazarse por motivos de salud, algún tipo de incapacidad física o trastornos psicológicos limitantes como la agorafobia.
  • Como ventajas tiene la de un coste algo más bajo, la comodidad de poder hacerla desde casa y sin perder tiempo en traslados, la conservación del anonimato (si uno quiere), etc.
  • Y como inconvenientes o limitaciones, tenemos que la proximidad física, necesaria o muy recomendable sobre todo para algunos trastornos más complejos, no se da en la comunicación virtual, con lo cual la psicoterapia online puede no ser eficaz en algunos casos o quedar muy debilitada. Por ejemplo, no sería la opción más recomendable para aquellas personas cuyo problema fundamental es la evitación del contacto (fobia social, etc.).

Hay que estudiar caso por caso para determinar su idoneidad y, para ello, el paciente ha de consultar previamente con el profesional las particularidades de su demanda concreta. Algunas veces, sería también posible empezar las consultas con nuestros psicólogos online para, después, seguir con psicoterapia presencial (o a la inversa)

Cabe añadir que la psicoterapia on line no surge para sustituir a la psicoterapia presencial, sino que su utilidad está en facilitar y aproximar aún más las herramientas de la psicología a la gente que lo necesite, haciendo la psicoterapia cada vez más accesible a un mayor número de personas y potenciando el trabajo entre pacientes y terapeutas.

Si tienes dudas sobre el tipo de terapia más adecuado para ti, puedes consultar con “psicólogos Barcelona” a través de los formularios de contacto o vía telefónica (933150084. 654898716)


Autocompasión versus acción

psicologos barcelona | terapia barcelonaCuando las cosas no nos van bien, cuando tenemos un mal día, sufrimos una contrariedad importante o, más que eso, cuando todo parece estar en nuestra contra y no vemos ninguna luz al final del túnel, podemos:

1) Dejarnos arrastrar por la autocompasión y el victimismo, abandonarnos a pensamientos sombríos del tipo “¿por qué me pasa esto a mí?”, “mi vida es un fracaso”, “jamás lograré…”, “todo está perdido”, etc.

2) Focalizarnos en la búsqueda de soluciones y preguntarnos: “¿qué puedo hacer para intentar mejorar la situación… aunque… (sólo sea un poquito, no sepa si lo voy a conseguir, tenga mucho miedo, me sienta inseguro/a, etc.?”

A corto plazo, la autocompasión nos permite desahogarnos, nos “arropa” en nuestras aflicciones, nos da calorcito, en cierta manera nos reconforta y nos permite renunciar sin (demasiada) culpa a nuestra responsabilidad (y pasársela a los demás como un bebé que se abandona en los brazos de su madre) al sugerirnos que es inútil luchar, que no serviría de nada. Nos permite justificar nuestros fracasos desde la impotencia, evitándonos así tener que hacer una autorreflexión que podría ser dolorosa o/y provocarnos mucha culpa. Nos evita tener que actuar, tener que hacer determinadas cosas que no nos gusta o nos da miedo hacer (“como estoy tan mal, no puedo…”). Nos permite, a menudo, obtener atención del entorno, recibir mimos y cariño extra, palabras de ánimo que nos recuerdan, tal vez, las cualidades positivas que tenemos, lo mucho que nos quieren.canstockphoto7684930

Visto así, ¿quién podría resistirse a ella? Pero la autocompasión es una falsa amiga, una amiga traicionera, cuyos dudosos beneficios quedan pronto superados por sus numerosas desventajas, sobre todo a medio y largo plazo puesto que:

  • Demasiada queja, a la larga, acaba por agobiar, frustrar e irritar a los demás provocando que se alejen o se enfaden con nosotros, con lo cual se generan conflictos con ellos o bien nos evitan y nos quedamos sin fuentes de apoyo.
  • Al estar constantemente centrados en nuestro malestar se genera un efecto “bola de nieve”, y cada vez nos sentimos peor, más impotentes, frustrados e inseguros.
  • Es un tipo de malestar que nos lleva a la inacción y, por tanto, no sólo no solucionamos nuestros problemas sino que los podemos agravar.
  • Nos genera (y, a menudo, también a nuestro alrededor) mucho dolor (emocional y físico).

Alguien dijo una vez, creo que fue Confucio, que “es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”

Si, en estos momentos, te sientes atrapado/a en un bucle de negativismo y desesperanza en tu vida, y tienes claro que necesitas y quieres cambiar y no sabes cómo, te podemos ayudar mediante técnicas cognitivo-conductuales en el centro “psicólogos Barcelona” de Josep Planas –psicologo Barcelona- -psicólogo Vilassar de Mar-. Puedes solicitar más información a través de nuestros formularios de contacto


Chantaje emocional (I): qué es y cómo actúa

psicologos mataroLlamamos chantaje emocional a una forma de control que utiliza la culpa, el miedo, etc. para lograr que otra persona actúe de acuerdo con los deseos del manipulador.

Los chantajistas conocen nuestros puntos vulnerables y los utilizan a su favor. Cuando se salen con la suya suelen rodearnos de una reconfortante intimidad, pero si no lo consiguen nos coaccionan con amenazas o intentan hacernos sentir culpables. Algunos lo hacen de forma directa, y otros encubren sus intenciones a través de una especie de niebla que nos confunde y nos hace dudar de la legitimidad de sus demandas.

Según Susan Forward, el chantaje emocional puede adoptar diferentes rostros:

  • El del castigador, cuyo lema es “si no haces lo que te pido, voy a hacértelo pagar”. A veces, el mensaje no es explícito sino que se transmite indirectamente a través de la comunicación no verbal (por ejemplo, con un mutismo desaprobador)
  • El del autocastigador: a menudo, amenaza con hacerse daño o, incluso, quitarse la vida si no accedemos a sus demandas. Suele ser una persona excesivamente dependiente y necesitada.
  • El del sufriente: en lugar de amenazar, nos indica de forma más o menos directa que si no hacemos lo que quiere sufrirá y la culpa será nuestra. A veces, puede decirlo con una aparente “bondad”, por ejemplo: “me pondré triste si tú haces tal o cual, pero no te preocupes, ya sé que tú necesitas…”
  • El del atormentador: nos alienta, nos promete amor, un ascenso profesional, dinero, etc. si nos comportamos como quiere, pero la recompensa se desvanece cada vez que nos acercamos.

Y los recursos de los que se sirve el chantajista suelen ser:

  • Dar la vuelta a la tortilla, de manera que nosotros somos los malos y él/ella el bueno. Ejemplos: a) un amigo te pide dinero por la cara, y si no se lo prestas tú eres el egoísta,   b) tu pareja llega a casa de malhumor e intenta pagarlo contigo, y si te enfadas, te dice que eres agresivo.
  • Patologizar: poner una etiqueta de enfermo o desequilibrado. Esto se puede hacer de forma más violenta  (por ejemplo diciendo “eres una histérica” o “estás loco de remate”) o más “suave” (por ejemplo, “me parece que no has resuelto tu complejo de X”) pero siempre supone una falta de respeto y una agresión hacia el otro/a.
  • Echarnos en cara algún supuesto rasgo o actitud negativa para hacernos sentir culpables y que cedamos en algo. Nadie es perfecto y es un recurso muy fácil utilizar (o inventar, si se tercia) algún “defecto” del otro para hacerle sentir mal.
  • Dar “golpes bajos”, o sea, atacar dónde más le duele al otro, en uno de sus puntos más vulnerables, para situarlo fuera de juego, y poderlo manipular a gusto.
  • Utilizar comparaciones negativas. Por ejemplo: “¿por qué no eres/ no haces como…?”
  • Recabar aliados: cuando los intentos individuales no dan resultado, el chantajista puede buscar a otros que le apoyen en sus demandas, o puede apelar a “figuras de autoridad” (“lo dice…”)

De todas maneras, “para bailar hacen falta dos” y para que el chantaje tenga éxito es preciso que el otro/la otra tenga unas determinadas características que le hagan vulnerable a la manipulación.  De eso, y de cómo hacerle frente, hablaremos en una próxima entrada de este blog. No se la pierdan.

Para terminar, solamente añadir que no hemos de confundir el chantaje, es decir, una demanda deshonesta bajo coacción, con la sana fijación de límites, es decir una demanda justa y asertiva, respetando los derechos del otro/a.

Josep Planas –psicólogos online, psicólogos Barcelona.


La comunicación en la pareja (II): qué la ayuda y qué la obstaculiza

canstockphoto13731343En general, obstaculiza o puede causar problemas en la comunicación:

  • Emitir mensajes ambiguos o poco claros, con demasiadas dudas, vacilaciones, rodeos, cosas dichas a medias, frases indirectas, etc. Un mensaje así tendrá menos probabilidades de ser atendido, y más de ser malinterpretado. Por ejemplo, si le digo a mi pareja: “me gustaría que de vez en cuando tuvieras algún detalle conmigo como por ejemplo comprarme flores o sorprenderme con una entrada para algún concierto. Antes lo hacías y me hacía sentir muy bien” tendré más probabilidades de ser comprendido/a y obtener lo que deseo que si le digo “ya no me quieres como antes”, o “eres poco detallista”, o “en la pareja, al principio todos nos esforzamos para gustar y para que el otro nos quiera pero después…”, etc. ¿Pedir las cosas directamente es menos romántico? Tal vez, pero creo que es un error pensar que si el otro nos quiere, ha de saber siempre qué necesitamos: en un estado idílico eso podría ser así, pero la realidad va por otros caminos.
  • Emitir críticas referidas a cómo ES la otra persona, en lugar de referirnos a lo que HACE, es decir, su conducta. Por ejemplo, decirle “eres un/a egoísta, sólo piensas en ti y en tu trabajo” en lugar de “me gustaría que los fines de semana dedicáramos más tiempo a hacer cosas juntos”. O “eres una histérica” en lugar de “cuando me gritas de esa manera, me bloqueo y no sé qué hacer y, a veces, me dan ganas de tirar la toalla”
  • Una excesiva verborrea o locuacidad de uno de los miembros que puede abrumar al otro con detalles innecesarios o, por el contrario una excesiva parquedad en la comunicación.
  • Diferentes estilos de comunicación entre hombres y mujeres. Por ejemplo, las señales de asentimiento en los hombres suelen significar “estoy de acuerdo contigo”, y en las mujeres “estoy escuchando”. O, mientras que las mujeres suelen estar más abiertas a compartir sentimientos y a conversar sobre problemas para recibir apoyo, los hombres tienden a buscar soluciones rápidas y prácticas a los problemas, con lo cual puede ocurrir que:  a) la mujer no se sienta escuchada o comprendida,    b) el hombre se sienta rechazado y confundido si propone una solución (prematura) y la mujer se enfada.
  • Que el mensaje esté dirigido hacia un campo vulnerable del otro/a. En este caso, el receptor del mensaje lo puede distorsionar bastante debido a la interferencia de sus temores o inseguridades. Por ejemplo, si Alicia está muy preocupada porque cree no ser una buena madre, y Antonio, su pareja, le formula alguna crítica respecto a la manera de manejar un determinado conflicto con los hijos: aunque la crítica sea respetuosa puede desencadenar respuestas impredecibles.
  • Querer tener la razón a toda costa, en lugar de admitir otros puntos de vista, aceptar la propia parte de responsabilidad en el problema e intentar llegar a un acuerdo aceptable para ambos.
  • Querer castigar al otro/a, en lugar de expresar nuestros sentimientos, poner límites si es preciso o intentar llegar a una solución razonable.
  • Invalidar la queja del otro/a, pensando que no es importante. La otra persona tiene siempre, como mínimo, el derecho a ser escuchada y tenida en cuenta.
  • Referirse constantemente a cosas del pasado, especialmente cuando se pretende herir al otro.
  • Aprovechar cuando se está hablando de un tema determinado para sacar toda la “lista de agravios”, todos los resentimientos pendientes en lugar de centrarse en un problema concreto.

Esta es la segunda entrada publicada en este blog de psicólogos Barcelona sobre temas de comunicación y terapia de pareja.

Josep Planas –psicólogo Barcelona, psicólogo Vilassar de Mar, psicólogo online