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Posts etiquetados con: pareja

Rojo + azul = morado, y otras estrategias para gestionar conflictos.

gestión conflictos

Estilo rojo: los comportamientos rojos se asocian con actitudes demandantes. Su exceso lleva a actitudes agresivas, intimidatorias y manipuladoras que suelen generar idéntico comportamiento en el otro.

Estilo azul: los comportamientos azules se asocian con actitudes serviciales, confiadas y conciliadoras. El exceso de azul puede hacernos caer en actitudes sumisas, poso asertivas.

Estilo morado: es la fusión de los dos anteriores. Consiste en pedir o reclamar, y también en escuchar las demandas de los demás. Todo ello nos lleva al comportamiento de pactar = “dame algo de lo que quiero” (mi lado rojo) y yo te daré algo de lo que quieres (mi lado azul)” Seguir Leyendo


Cómo comunicarnos de forma respetuosa y asertiva

Comunicación asertivaNuestra forma de comunicarnos, de formular demandas, de responder a las críticas o demandas de otros, de expresar nuestros sentimientos, etc. es muy importante para nuestro bienestar y el de las personas que nos rodean.

He aquí algunas sugerencias prácticas:

  • EVITA JUICIOS, REPROCHES Y ETIQUETAS (“eres un/a …”). En lugar de eso, cuando no nos gusta algo,  DESCRIBE OBJETIVAMENTE (sin añadir valoraciones personales)  la conducta del otro/a con ejemplos concretos, expresa cómo te sientes y haz una propuesta de cambio. Seguir Leyendo

La teoría de la balanza en las relaciones de pareja

relaciones de parejaSegún Iván Entusiasmado, autor del libro “Cómo olvidar a alguien en 10 pasos”, las leyes de la atracción entre hombres y mujeres están regidas por una serie de factores que se pueden resumir en la siguiente fórmula:

-          Valor total de una persona en la relación = valor de mercado + valor de situación + valor por el interés recibido.

Y de acuerdo con su “teoría de la balanza“, tendemos a buscar personas que tengan para nosotros el mayor valor de relación posible (el cual, a su vez, irá en función de nuestro propio valor de relación).

Aclaremos los conceptos: Seguir Leyendo


¿Me quiere o no me quiere?

me quiere o noEn su libro “Mujeres malqueridas”, Mariela Michelena, psicoanalista y escritora especializada en problemas de amor, nos dice que “malquerer” no equivale necesariamente a no querer, y que la pregunta que las mujeres deben formularse en las relaciones de pareja, no es tanto “¿me quiere o no me quiere?” sino más bien “¿me quiere como yo necesito que me quieran?, una relación así, ¿me compensa?”, “¿qué cosas no estoy dispuesta a tolerar?” etc. y que muchas mujeres confunden sentirse necesitadas (de cariño) con sentirse queridas. Años atrás, ya el psicólogo cognitivo Aaron T. Beck Seguir Leyendo


La felicidad obligatoria

sonrisas falsas“Vivimos en una sociedad del bienestar, en la que parece que tenemos prohibido sentirnos mal… Nunca en toda la historia de la humanidad, ha habido índices tan altos de depresión ni mayor consumo de ansiolíticos y antidepresivos, como en estos tiempos nuestros en los que la felicidad enlatada y uniformada parece que es obligatoria” (María Michelena: “mujeres que lo dan todo a cambio de nada”)

Parece que todos tenemos que ser felices por decreto. Y si no lo eres, es porque no pones de tu parte lo que hay que poner o no lo deseas de veras.

Es decir, encima de sentirte infeliz, debes sentirte culpable. Multitud de libros de “autoayuda” apoyan estas aseveraciones. Algunos, bastantes, lo disfrazan con citas filosóficas o argumentos pretendidamente científicos. Pero la conclusión viene a ser la misma: “si no eres feliz es porque no te esfuerzas lo suficiente”.

Lejos queda aquello de que “la vida es un valle de lágrimas”. Hoy, en esta época de falso triunfalismo (importado en gran parte de la cultura estadounidense), nos hemos ido al extremo opuesto: todo es posible, si lo deseas realmente, pide un deseo y te será concedido. Hemos nacido para ser felices, es más, tenemos el deber de serlo.

Parece que con la felicidad ocurre algo parecido a lo que cierto psicólogo en una ocasión dijo, medio en broma, medio en serio sobre el sexo: “cuando era pecado, se disfrutaba más, ahora a menudo se convierte en una obligación más, en la que debemos esforzarnos por estar a la altura y ser competitivos”. Algo de verdad hay en todo esto.

Y luego están las estadísticas:  cada vez hay más gente con depresiones, trastornos de ansiedad, etc. ¡Qué paradoja! Parece que cuánto más felices “deberíamos” ser, menos lo somos.

Conclusiones personales:

-     La felicidad no se puede imponer, tampoco se puede comprar ni se obtiene tan sólo deseándola.

-     La felicidad no se puede producir químicamente, mediante drogas (aunque estén legalizadas).

-     La felicidad es la otra cara de la moneda del dolor y del sufrimiento necesarios (no inútiles). Y no puedo haber lo uno sin lo otro. Son dos polos que se complementan y se dan sentido mutuamente.

-     No se puede prohibir la alegría, pero tampoco se puede prohibir o censurar la tristeza (cuando toca).

-     Nos están vendiendo una felicidad edulcorada, insulsa, de lata, a la medida de la sociedad consumista actual, hipnotizada por falsas promesas de paraísos que no son más que espejismos fabricados a la medida de los intereses de unos cuantos.

-     Tenemos muchos recursos para sentirnos bien, para conseguir nuestros sueños, pero también tenemos muchos obstáculos (internos y externos).

-     La felicidad no se encuentra persiguiéndola activamente, sino mediante acciones que procuren darle sentido a nuestras vidas y… en la medida de lo posible, a las de los demás.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Los diez tipos de relaciones afectivas que no funcionarán

broken couple twoSegún Bárbara de Angelis, en su obra “¿Eres mi media naranja?” , no funcionan aquellos tipos de relaciones en las que:

1)     Nos ocupamos más de nuestra pareja que ella de nosotros.

2)    Nuestra pareja se ocupa más de nosotros que nosotros de ella.

3)    Nos enamoramos del potencial de nuestra pareja, de aquello en lo que confiamos se convertirá con el tiempo, y no de lo que es en la actualidad.

4)    Nos encontramos en una misión de “rescate”. Es decir, cuando nos enamoramos de alguien con graves problemas emocionales, físicos o financieros.

5)    Situamos a nuestra pareja en un pedestal, lo/la investimos de atributos exagerados

6)    Nos hemos encaprichado de nuestra pareja por razones externas. Por ejemplo, por su estatus social.

7)    Existe sólo una compatibilidad parcial entre los dos

8)    Elegimos a nuestra pareja por rebeldía. Por ejemplo, elegimos lo opuesto a lo que quieren nuestros padres, no porque lo deseemos realmente, sino tan sólo por llevarles la contraria y autoafirmarnos.

9)    Elegimos a nuestra pareja como reacción a nuestra pareja anterior. Por ejemplo, elegimos lo opuesto de lo que era nuestro/a ex. Es parecido al caso anterior.

10)   Nuestra pareja es inalcanzable. Por ejemplo, no está disponible porque todavía no ha roto del todo con su ex, es incapaz de comprometerse, etc.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos on line


¿Soy codependiente?

codependencia-          DEFINICIONES DE CODEPENDENCIA

De acuerdo con la definición de la wikipedia, la codependencia es “una condición psicológica en la cual alguien manifiesta una excesiva y a menudo inapropiada, preocupación por las dificultades de alguien más (típicamente la pareja) o por un grupo de personas”.

Según Melody Beattie, una persona codependiente es aquella que ha permitido que la conducta de otra le afecte (en exceso) y que está obsesionada con controlar dicha conducta” Típicamente se trata de una conducta irresponsable, destructiva o explotadora, a la que el/la codependiente responde con sobreprotección, cuidados excesivos y/o un afán desmesurado por controlarla o cambiarla. Seguir Leyendo



Sobrevivir a una ruptura: las fases del duelo

corazón rotoDespués de una ruptura amorosa no deseada, atravesamos un período duro y difícil del que, a veces no vislumbramos el final. Puede parecernos, incluso, que nunca saldremos de ahí. No obstante, el dolo o período de recuperación de esta situación de pérdida es un fenómeno con un curso previsible de síntomas, fases y acontecimientos con un principio y un fin determinados.

A la mayoría de las personas les lleva alrededor de un año completar esta fase. Ello depende
, entre otras cosas, de la profundidad del compromiso, tiempo pasado con él o ella, experiencias pasadas, grado de dependencia, autoestima, etc. Y también de la forma en que lo manejamos. De esto último hablaremos en otra ocasión.

Las fases por las que suele pasar son:

1)     Etapa de shock. En estos momentos, nos domina una sensación de desorientación e incredulidad. La vida queda como suspendida. Puede durar desde un día o dos hasta un mes, raramente más tiempo.

2)     Etapa de pena. Nos lamentamos no sólo por la pérdida del otro/a sino también por todos los sueños y proyectos que albergamos juntos. Es habitual sentir muchas dudas y el impulso desesperado de contactar con él/ella: miramos su facebook, esperamos que nos llame, le llamamos con cualquier pretexto… Es como un síndrome de abstinencia al que tenemos que contraponer una gran fuerza de voluntad para superarlo.

3)     Etapa de culpa. La pena disminuye y ahora sentimos la necesidad de entender qué pasó, de quién o de que es la culpa. Al dolor, le suele acompañar la ira (hacia el otro/a o hacia nosotros mismos). Tanto en esta fase como en la anterior, corremos el peligro de entablar una relación prematura con otra persona, en un momento en el que todavía no estamos preparados para ello.

4)     Etapa del adiós. Aceptamos que la relación ha terminado y somos capaces de separarnos del otro/a y recuperar la energía que invertimos en la relación. Solemos experimentar esto con una mezcla de alivio y tristeza. Es cuando hacemos el “clic” que nos permite soltarnos definitivamente de la otra persona.

5)     Etapa de reconstrucción. La alegría empieza a ser más fuerte que la pena, y nos centramos en reconstruir nuestra vida. Ahora ya estamos preparados para salir con otra persona si lo deseamos, si bien es frecuente comparar a la nueva pareja con la antigua.

6)     Etapa de resolución. Comenzamos plenamente un nuevo ciclo vital con todos los cambios que eso comporta, integrando en nuestra vida la experiencia de la relación anterior.

Las etapas no se suceden unas a otras de forma lineal sino que es habitual que experimentos pequeños avances y retrocesos a lo largo del camino, y la superposición de una o más fases.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Reconciliarse y resolver problemas con la pareja

Reconciliarse con la parejaEs inevitable que en la pareja (y en toda relación humana) se produzcan roces, conflictos, etc. y es muy importante saberlos manejar de la mejor manera posible, defendiendo tanto nuestros derechos como los del otro/a, con empatía e intentando evitar choques innecesarios e improductivos, con voluntad de escuchar y llegar a acuerdos y no defendiéndonos o intentando imponer nuestro criterio, con actitud amable y no de forma airada, etc.

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Enamoramiento y amor, dos etapas de un proceso

enamoramiento

La atracción o enamoramiento es una especie de estado hipnótico que tiene por finalidad última la perpetuación de la especie… Si no se construyen otros vínculos durante ese período de alto voltaje erótico, cuando éste se desvanece se viene todo abajo como un castillo de naipes” (El arte de la pareja: saber asir, saber soltar, de Ramiro Calle)

Durante la etapa del enamoramiento, idealizamos al otro. Pero esta fase es transitoria y, luego, tendremos que esforzarnos para que la relación funcione, para construir unos vínculos más sólidos con el otro/a. Y si no lo hacemos, la relación no se va a sostener. Algunas personas, adictas a las sensaciones intensas del enamoramiento, van cambiando de pareja cuando esta fase se extingue.

Por otro lado, a menudo se confunde el enamoramiento (primera fase de la relación afectiva, más basada en “fuegos artificiales”, en la proyección en el otro/a de nuestras fantasías pero que nos proporciona el combustible necesario para salir de nuestro Yo y aproximarnos al otro/a) con el amor (aquello que viene después del enamoramiento si se dan las condiciones adecuadas, más sereno pero más profundo y duradero, menos dependiente de apariencias externas y más basado en la compatibilidad de caracteres, en el respeto mutuo, en la comprensión y la generosidad y, sobre todo y tal como hemos dicho, en el esfuerzo común para resolver diferencias, expresar nuestros sentimientos de forma adecuada, aceptar al otro/a en aquello que no puede cambiar, etc.)

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar


Formas eficaces e ineficaces de comunicarnos

comunicación 2Son formas ineficaces de comunicarnos:

-       Esperar a que los demás adivinen lo que necesitamos o queremos, y que “salga” de ellos dárnoslo. Si lo pedimos, tenemos muchas más probabilidades de que nos lo den. ¿Que así no tiene gracia porque no sabemos si realmente querían dárnoslo? Bueno, tal vez no lo sabremos nunca pero, si nos lo dan, sí sabremos que han optado por tener en consideración nuestras necesidades (lo cual indica que de alguna manera les importamos) y, además, hemos obtenido lo que deseábamos. Ah, pero ¿y si recibimos una negativa? Entonces, al menos no estaremos esperando inútilmente y podremos dedicar nuestras energías a otra cosa (por ejemplo, a buscar lo que queremos en otra parte o a intentar satisfacer nuestra necesidad de otra manera).

-       Dar por supuesto el no, antes de pedir algo. Pensemos: ¿qué es lo peor que puede pasar si lo pedimos y no lo obtenemos? ¿Es peor que no pedirlo?

-       Dar rodeos, dejar pistas sin ser claros, etc. De esta manera, es posible que los demás no lleguen a entender qué queremos y/o lo malinterpreten.

-       Actuar impulsiva o agresivamente. Por ejemplo, gritar, amenazar, romper algo, emborracharnos, hacernos daño, mostrarnos malhumorados, etc. en lugar de efectuar una demanda clara y asertiva. La forma más grave de esto sería un intento de suicidio.

-       Encerrarnos en el mutismo, utilizar el silencio como una forma de protesta o revancha. Si eso se prolonga en el tiempo, puede producirse una brecha de incomunicación difícil de superar.

-       Hacer demandas con muchos reproches o críticas. En este caso, la otra persona estará más pendiente de defenderse o contraatacar que de escuchar nuestra demanda.

-       Utilizar palabras poco claras, demasiado ambiguas que se pueden interpretar de muchas maneras, en lugar de efectuar demandas concretas que todo el mundo pueda comprender. Por ejemplo, si yo le digo a mi pareja: “quiero que me tengas más en cuenta”, puede ser que no sepa qué tiene que hacer o que malinterprete mi petición. Pero, si le digo “me gustaría que me preguntaras cómo me ha ido el día cuando llego a casa” seguramente no tendrá dudas de lo que le pido.

-       Utilizar intermediarios. Siempre que sea posible, es mejor no hacerlo para evitar malentendidos y para que el mensaje tenga más fuerza.

-       Comunicar cosas delicadas por SMS, correo electrónico, etc. Es una forma de escurrir el bulto que puede dificultar la comunicación, provocar resentimiento, dar lugar a equívocos, etc.

-       Querer demostrar que tenemos la razón o convencer al otro/a para que cambie, en lugar de simplemente exponer nuestro punto de vista y/o intentar llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes.

-       Efectuar una petición que no hayamos madurado antes un poco¸ que nosotros mismos tengamos poco clara.

-       Efectuar una petición o demanda en un momento o en circunstancias poco oportunas. Por ejemplo, cuando el otro/a tiene prisa, está muy estresado/a, etc.

En lugar de ello, desde psicólogos Barcelona, aconsejamos:

-      Antes de comunicarnos, reflexionar acerca de cómo nos sentimos, qué es lo que queremos expresar o pedir exactamente y con qué objetivo y cuál será probablemente la mejor manera de transmitirlo, el momento más oportuno, etc.

-      Arriesgarnos a pedir lo que queremos, con una actitud respetuosa hacia el otro/a y dispuestos a aceptar un “no” si es preciso, o a negociar un acuerdo satisfactorio para ambos.

-      Intentar ponernos un poco en el lugar del otro/a e intentar ver las cosas también desde su punto de vista y sus propias necesidades.

-      Ser directos y concretos, evitar dar rodeos innecesarios, las medias palabras, etc. Por ejemplo, en lugar de “quiero que me tengas más en cuenta”, sería más adecuado: “por favor, avísame si no vienes a comer”, etc.

-      Evitar intermediarios y portavoces.

-      Evitar el silencio o la actuación impulsiva para “forzar” al otro a una respuesta.

-      Evitar críticas destructivas, insultos, humillaciones, descalificaciones, “golpes bajos”, etc.

Josep Planas –psicólogos Barcelona-, -psicólogos Vilassar de Mar-, -psicólogos Maresme-, -psicólogos online-


Saber asir, saber soltar (en la pareja y en la vida)

el arte de la pareja con psicologos BarcelonaRamiro Calle, nos habla, en su libro “El arte de la pareja” de la importancia tanto de saber “asir” como de saber “soltar”.  En la pareja (y en todo) hay un momento para “agarrar” y comprometerse, y otro momento para dejar ir. Saber cuándo es más sabio elegir una cosa o la otra es todo un arte.

El libro nos habla, entre otras cosas, de los motivos por los cuales a las personas nos suele costar salir de una relación cuando todos los indicadores nos dicen que no es sano o bueno para nosotros permanecer en ella.  Entre los más comunes estarían:

-           El miedo al cambio. Salir de nuestra “zona de confort” nos asusta y, a veces, preferimos no arriesgarnos.

-           La angustia de tener que afrontar situaciones nosotros solos, sin la pareja, la inseguridad en nuestros propios recursos.

-           No relacionarnos bien con nosotros mismos.  De alguna forma, en este caso tememos encontrarnos a solas con nuestro propio Yo.

-           La sensación de fracaso y, tal vez, el sentimiento de culpa por no haber sabido mantener la pareja, aún cuando sea la otra persona la responsable de la ruptura.

-           El disgusto que, supuestamente, provocaría en familiares y amigos.

-           El miedo a salirnos de los esquemas tradicionales, familiares y sociales, de lo que parece “políticamente correcto”.

-           El miedo a hacer daño a los hijos y/o a que se alejen de nosotros.

-           El miedo a la soledad. A menudo, es más el miedo a la “idea” que nos formamos de la soledad ya que por no estar en pareja tampoco estamos solos: tenemos a nuestra familia, a nuestros amigos, podemos conocer gente nueva, etc.

-           El miedo a no conseguir “rehacer” la vida, tanto a nivel externo (economía, etc.) como interno (superar el duelo, encontrar nueva pareja si lo deseamos, etc.)

-           La idea de que el paso del tiempo, por sí mismo, puede ayudar a superar las dificultades,  arreglar lo que está “roto” o, al menos, ayudarnos a convivir con ello.

-           La incapacidad de decidir por nosotros mismos, el no querer tomar esa responsabilidad y dejarla en manos del otro/a o del destino. O la falta de resolución de ambos miembros.

-           La idea de que tener un niño ayudará al acercamiento. En realidad, esto lo puede complicar todo mucho más.

-           El cariño que, a pesar de los conflictos y desavenencias, todavía persiste en la pareja.

-           La baja autoestima de uno de los miembros de la pareja (0 de ambos).

-           La creencia de que la persona con la que estamos, juega un papel esencial en nuestra propia vida, de que sin él/ella no sabremos vivir.

Cada uno de estos temores y resistencias puede ser afrontado y superado si realmente nos lo proponemos, sea por nuestra cuenta, sea contando con la ayuda de un profesional como psicólogos Barcelona.

Y quiero terminar esta pequeña reflexión con un comentario de Ramiro Calle que comparto plenamente: “ cuidar la pareja no quiere decir hacer un sacrificio que arruine la propia vida o la empobrezca “. Aguantar por aguantar no tiene sentido, (al igual que no lo tiene saltar de relación en relación, por supuesto)

Si te sientes identificado/a con algunos de los problemas comentados en esta entrada, y quieres recibir ayuda o asesoramiento al respecto puedes contactar con Josep Planaspsicólogos Barcelona, psicólogos online- a través del siguiente formulario de contacto.


TOC de amores

Where_is_the_love__Logo_by_Keablr[1]De un tiempo a esta parte, se está hablando bastante del llamado “TOC de amores”, una especie de trastorno obsesivo focalizado en el “miedo a no querer a la pareja”, caracterizado por dudas constantes sobre si estoy enamorado, etc.

Esas dudas pueden activarse por diferentes tipos de pensamientos o imágenes. Así, por ejemplo, películas (románticas), ciertos programas de televisión o canciones pueden actuar como fuertes desencadenantes: al ver las películas o escuchar las canciones, la persona comienza a preguntarse por qué su relación no refleja la conexión emocional profunda que aparece en la pantalla o el estribillo de la canción, sin tener en cuenta que suelen estar idealizadas o ser poco realistas. Otras personas se comparan con otras parejas que ven a su alrededor y que también idealizan, o bien se imaginan escenas románticas con otros/as que no son su pareja.

Las personas afectadas por ese trastorno no son conscientes de los altibajos en los sentimientos hacia la pareja: si no sienten intensamente en cada momento atracción y deseo hacia él/ ella, piensan que ya no están enamorados y que han dejado de quererle. A veces, pueden llegar a poner fin a relaciones de pareja perfectamente válidas para ellas sólo porque consideran que sus sentimientos no son como creen que deberían ser.

Una persona normal, no afectada por el TOC, también puede tener esas dudas, pero no las experimenta con tanta fuerza, no le atormentan de la misma manera y les da mucha menos importancia.

Su origen está bastante relacionado con la visión romántica y perfeccionista que la sociedad actual ha creado en numerosas personas, con una idealización ficticia del amor, con una necesidad de vivir a cada instante una conexión mágica con el/la amado/a.

Es frecuente que la persona afectada por ese trastorno:

-     intente deducir mediante pruebas si está enamorada/o de su pareja o no. Por ejemplo: mirar a su pareja (o una foto de él/ella, representarse su cara en la imaginación) para ver qué siente, medir el grado de emoción al hablar con él/ella por teléfono, si lo ve guapo/a o atractivo/a, si ve a otro chico/a guapo/a comparar los sentimientos, buscar las respuestas en un libro de autoayuda o en los foros de Internet, etc.

Le pregunte a otra persona si cree que estamos enamorados.

-     Lo hable con la pareja, le comunique sentimientos.

-     Se formule preguntas tales como “¿es TOC o es desenamoramiento?” (si ha leído acerca del trastorno), “¿lo quiero como pareja o como amigo?”, “¿me estoy obligando a quererlo/a porqué no sé estar solo/a? y  otras parecidas.

Evidentemente, se pueden mezclar muchas cosas y es posible que la persona que tenga estas dudas obsesivas tenga realmente problemas con su pareja, incluso que no le/la quiera pero todo esto se ha de ir aclarando poco a poco, con ayuda de una terapia. Es decir, la/el obsesivo no se puede guiar (únicamente) por su propia visión que puede estar muy distorsionada, y necesita el acompañamiento de un profesional objetivo que le guie en los pasos a dar y las estrategias a seguir.

En mi consulta de psicólogos Barcelona/ psicólogos Maresme/ psicólogos online, ofrezco un tratamiento personalizado basado en la utilización de técnicas cognitivo-conductuales y de la ACT (terapia de aceptación y compromiso) para salir del bucle del pensamiento obsesivo y aprender a utilizar otras pautas de reflexión más saludables y flexibles, hacer una valoración objetiva y un balance de los pros y contras de la relación, aprender a contactar mejor con los propios sentimientos y a expresarlos de forma adecuada, sanar heridas emocionales que la persona tal vez arrastra desde la infancia, mejorar la autoestima, etc.

Si deseas información más concreta para tu caso particular o/y acerca de las tarifas de precios, no dudes en consultarme a través del formulario de contacto de psicólogos Barcelona.


Principales áreas de cambio en la pareja

canstockphoto9275161Uno de los motivos más frecuentes en las consultas a un  psicólogo son los conflictos o las dudas relacionadas con la pareja. En cualquier caso, es un tema que suele estar casi siempre presente de alguna manera en las conversaciones terapéuticas, aunque no sea el motivo principal de la demanda.

En muchos casos, la persona que consulta intenta demostrar al psicólogo que su pareja debería cambiar y seguramente es cierto que al menos una parte del problema es lo que el otro/a hace pero… ¿cómo convencerle para que se comporte de otra manera? La cuestión es que él o ella también tendrá sus razones para que cambiemos nosotros. Entonces, por ahí nos metemos en un berenjenal. Es decir, si se trata de desahogarse, bien, pero si queremos una solución, éste no es el camino. La función del psicólogo no es ponerse de parte de uno o de otro, ni enseñar estrategias para manipular al prójimo sino ayudar a resolver conflictos de la mejor manera posible para todas las partes implicadas.

Entonces, ¿qué podemos hacer? En primer lugar, es preciso que nos concentremos en lo que podemos cambiar nosotros y, desde ahí, sí podemos impulsar un cambio real en la pareja o …  decidir que nos separamos si no encontramos ninguna colaboración en el otro/a o si llegamos a la conclusión de que las diferencias son irreconciliables.

En segundo lugar, conviene saber cuáles son las principales áreas de cambio en la pareja, aquello en lo que podemos trabajar (en principio, solamente el consultante y más adelante, en colaboración con el compañero/a si está de acuerdo). Desde nuestra experiencia, creemos que son las siguientes:

1)     QUÉ PENSAMOS de lo que el otro/a hace o dice, es decir, cómo lo interpretamos, qué lectura hacemos de los mensajes recibidos y que conviene que sea lo más objetiva posible y no impulsada por nuestros problemas personales y asuntos pendientes (con nuestras familias de origen, etc.)

2)     QUÉ EXPECTATIVAS tenemos cada uno de cómo debería ser la relación, etc. Estas expectativas en muchos casos no son explícitas, no se han hablado de forma clara. Solemos suponer erróneamente que son compartidas, pero cada uno proviene de una familia diferente y, a veces, incluso de culturas diferentes, por tanto se han de cotejar y consensuar.

3)     CÓMO NOS COMUNICAMOS. No sólo es importante lo que se dice sino cómo se dice, lo que actualmente se conoce como asertividad y habilidades sociales, y que no es más que una comunicación respetuosa con los derechos propios y ajenos. Paso previo a todo esto, está saber qué queremos o necesitamos, y cuáles son nuestros derechos y responsabilidades en nuestras relaciones con las demás personas.

4)     QUÉ HACEMOS, cómo nos comportamos en diferentes situaciones, etc.

5)     CÓMO RESOLVEMOS LOS CONFLICTOS, las diferencias. Lo ideal sería que estuviéramos de acuerdo en todo, pero como eso no es posible… tenemos que saber buscar opciones alternativas y saber negociar o decidir cuáles son nuestros límites.

Para los lectores/as de esta entrada, sugerimos consultar también en este mismo blog de psicólogos Barcelona “la comunicación en la pareja (I): una cosa es lo que uno dice, y otra lo que el otro/a oye” y “comunicación en la pareja (II): qué la ayuda y qué la obstaculiza”.

Si crees que tienes problemas de pareja y deseas trabajar en ello, puedes informarte de las condiciones a través de los formularios de contacto.

Josep Planas –psicólogos Barcelona-, -psicologos Vilassar de Mar-, -psicologos online


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