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Chantaje emocional (I): qué es y cómo actúa

psicologos mataroLlamamos chantaje emocional a una forma de control que utiliza la culpa, el miedo, etc. para lograr que otra persona actúe de acuerdo con los deseos del manipulador.

Los chantajistas conocen nuestros puntos vulnerables y los utilizan a su favor. Cuando se salen con la suya suelen rodearnos de una reconfortante intimidad, pero si no lo consiguen nos coaccionan con amenazas o intentan hacernos sentir culpables. Algunos lo hacen de forma directa, y otros encubren sus intenciones a través de una especie de niebla que nos confunde y nos hace dudar de la legitimidad de sus demandas.

Según Susan Forward, el chantaje emocional puede adoptar diferentes rostros:

  • El del castigador, cuyo lema es “si no haces lo que te pido, voy a hacértelo pagar”. A veces, el mensaje no es explícito sino que se transmite indirectamente a través de la comunicación no verbal (por ejemplo, con un mutismo desaprobador)
  • El del autocastigador: a menudo, amenaza con hacerse daño o, incluso, quitarse la vida si no accedemos a sus demandas. Suele ser una persona excesivamente dependiente y necesitada.
  • El del sufriente: en lugar de amenazar, nos indica de forma más o menos directa que si no hacemos lo que quiere sufrirá y la culpa será nuestra. A veces, puede decirlo con una aparente “bondad”, por ejemplo: “me pondré triste si tú haces tal o cual, pero no te preocupes, ya sé que tú necesitas…”
  • El del atormentador: nos alienta, nos promete amor, un ascenso profesional, dinero, etc. si nos comportamos como quiere, pero la recompensa se desvanece cada vez que nos acercamos.

Y los recursos de los que se sirve el chantajista suelen ser:

  • Dar la vuelta a la tortilla, de manera que nosotros somos los malos y él/ella el bueno. Ejemplos: a) un amigo te pide dinero por la cara, y si no se lo prestas tú eres el egoísta,   b) tu pareja llega a casa de malhumor e intenta pagarlo contigo, y si te enfadas, te dice que eres agresivo.
  • Patologizar: poner una etiqueta de enfermo o desequilibrado. Esto se puede hacer de forma más violenta  (por ejemplo diciendo “eres una histérica” o “estás loco de remate”) o más “suave” (por ejemplo, “me parece que no has resuelto tu complejo de X”) pero siempre supone una falta de respeto y una agresión hacia el otro/a.
  • Echarnos en cara algún supuesto rasgo o actitud negativa para hacernos sentir culpables y que cedamos en algo. Nadie es perfecto y es un recurso muy fácil utilizar (o inventar, si se tercia) algún “defecto” del otro para hacerle sentir mal.
  • Dar “golpes bajos”, o sea, atacar dónde más le duele al otro, en uno de sus puntos más vulnerables, para situarlo fuera de juego, y poderlo manipular a gusto.
  • Utilizar comparaciones negativas. Por ejemplo: “¿por qué no eres/ no haces como…?”
  • Recabar aliados: cuando los intentos individuales no dan resultado, el chantajista puede buscar a otros que le apoyen en sus demandas, o puede apelar a “figuras de autoridad” (“lo dice…”)

De todas maneras, “para bailar hacen falta dos” y para que el chantaje tenga éxito es preciso que el otro/la otra tenga unas determinadas características que le hagan vulnerable a la manipulación.  De eso, y de cómo hacerle frente, hablaremos en una próxima entrada de este blog. No se la pierdan.

Para terminar, solamente añadir que no hemos de confundir el chantaje, es decir, una demanda deshonesta bajo coacción, con la sana fijación de límites, es decir una demanda justa y asertiva, respetando los derechos del otro/a.

Josep Planas –psicólogos online, psicólogos Barcelona.