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¿Por qué soy hipocondríaco?

hipocondríaEn la génesis y mantenimiento del temor hipocondríaco y/o las sensaciones físicas corporales experimentadas, suelen jugar un papel los siguientes factores:

-       Una tendencia a observar y amplificar las sensaciones internas del cuerpo, una sensibilidad especial para captar pequeños matices o señales.

-        Haber sufrido diversas enfermedades, o haberlas visto en alguien cercano. O haber estado en contacto con personas, preferentemente padres, excesivamente preocupados por la salud. De todas formas, esto puede dejar una huella o predisposición pero para que se dé un episodio hipocondriaco es necesario que se dé antes un suceso desencadenante: noticias de enfermedad (epidemias, casos graves presenciados en alguien cercano, etc. por ejemplo el SIDA en su momento) o presencia de algún síntoma o señal novedosa, alarmante y difícil de explicar.

-       Estrés : cuando uno se pone nervioso, algunos problemas pueden “somatizarse”. Es decir, a veces los dolores pueden ser la traducción de algunas situaciones problemáticas o difíciles de manejar. Cuando existe, además, un déficit en las capacidades para afrontar las fuentes habituales de estrés, es más probable que se genere un temor hipocondríaco.

-       Mala respiración:  hiperventilación (respiración rápida, entrecortada e irregular). Puede dar lugar a mareos, taquicardias o latidos irregulares (extrasístoles), dificultades visuales, calambres e, incluso, a veces sensaciones de irrealidad y despersonalización.

-       Interacciones inadecuadas con el medio. Por ejemplo, hablar mucho de las preocupaciones hipocondríacas para desahogarse, hallar consuelo u obtener información tranquilizadora lo cual tiene varios efectos secundarios adversos:  a) hace que uno se centre más en sus temores, y desperdicie la ocasión de salir un poco de sí mismo y hablar de temas más amenos,     b) puede incrementar el temor según cuál sea la respuesta recibida (por ejemplo, si a uno le hablan de casos peores o le dan una información que le provoca todavía más confusión),      c) puede generar irritabilidad y cansancio en las personas cercanas. Asimismo, puede ser que la persona renuncie a hacer cosas que le apetezca hacer porque su estado físico le parece malo, con lo cual se reducen las gratificaciones, o bien que haga un montón de pruebas diagnósticas innecesarias.

-       Estado de ánimo bajo. Cuando uno se encuentra triste o deprimido, es mucho más probable que se dé cuenta de lo que va mal en su cuerpo que cuando se encuentra animoso. Lo contrario no siempre es cierto: no hay que dar por sentado que si uno sufre dolores o no se encuentra en su mejor momento desde el punto de vista físico, tiene que sentirse necesariamente deprimido.

-       Explicaciones alarmistas y dramáticas de los dolores, en base a creencias o informaciones erróneas como por ejemplo:    a) considerar que la salud es equivalente a la ausencia completa de molestias y dolores. La realidad, no obstante, es que constantemente se están produciendo reacciones en nuestro organismo y, la mayor parte de ellas, no revisten importancia y desaparecen o se modifican por si solas,   b) tendencia a desconfiar de lo que digan los médicos,    c) tendencia a verse como más vulnerable o débil, más propenso a padecer diferentes tipos de enfermedades.

-       Reacciones y comportamientos inapropiados que mantienen y consolidan el problema (algunos de ellos ya citados en el apartado “interacciones inadecuadas con el medio”) como por ejemplo:     a) hablar preferentemente sobre temas de salud y enfermedad,    b) buscar información relativa a enfermedades mediante consultas a amigos, familiares, Internet, etc.         c) desconfiar con frecuencia de los consejos de los médicos y alterar o no seguir las instrucciones sobre la medicación,   d) someterse a análisis y pruebas diagnósticas innecesarias y potencialmente peligrosas en algunos casos,    e) acumular medicinas y fármacos llevándolos a todas partes, y comportarse como un enfermo grave (por ejemplo, modificar la dieta, guardar cama, abusar de medicación paliativa, etc.),    f) abusar de la medicación aunque, en algunos casos, se puede dar el comportamiento opuesto,    g) prestar excesiva atención al propio cuerpo mediante autoinspecciones, manipulación corporal, rituales de comprobación, etc.,    h) descenso o reducción de las conductas propias de las personas sanas, como comer o beber razonablemente, divertirse, salir de viaje, etc.,    i) abandono de las responsabilidades de tipo social, laboral o personal que hasta entonces se habían asumido.

Por otra parte , añadir que el comportamiento hipocondríaco suele tener las siguientes consecuencias:      a) positivas (a corto plazo), como la atención de familiares, amigos y personal médico en forma de escucha, cariño, cuidados y, a veces, recompensas que no obtiene cuando está sano. Asimismo, cuando uno se encuentra enfermo (o cree estarlo), los que le rodean suelen reducir los problemas que le plantean, posponen decisiones conflictivas, tienden a evitar discusiones,  bajan sus exigencias y mientras, no se recupera, queda dispensado de ciertas obligaciones sociales y laborales,   b) negativas: las personas del entorno pueden acabar cansándose de los enfermos eternos, agotarse y finalmente dejarlos solos o retirarles su atención. Además, el hipocondríaco suele perderse muchos de los aspectos más positivos y estimulantes de la vida: el bienestar y la autonomía que producen el estar activo, las relaciones directas con los demás, las sensaciones corporales de energía y todo un abanico de vivencias placenteras, ocultas tras tanto sufrimiento.

Si piensa que tiene algún de estos síntomas o necesita ser escuchado, el psicólogo de Barcelona Josep Planas, le puede ayudar tanto en su consulta o pueden ponerse en contacto en http://www.psicologobarcelona.es/contacto/

Josep Planas –psicólogos Barcelona-, -psicólogos Vilassar de Mar-, psicólogos online-, -psicólogos Mataró