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¿Para qué sirve la utopía?

horizonte. La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve, pues, la utopía? Para eso sirve: para caminar (Eduardo Galeano, escritor)

. “Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad” (proverbio chino)

Valgan estas dos referencias para concienciarnos de la necesidad de actuar, de movernos. La inacción, el pasotismo, el “¿para qué?” no conducen a ninguna parte, si acaso a justificar nuestra amargura y nuestros lamentos y a sembrar más desesperanza en el mundo.

A lo largo de la historia de la humanidad, vemos mucho dolor, mucha crueldad, mucha estupidez. El mundo, los demás, nosotros mismos… nada es como “debería” ser. Pero, sólo con lamentos no cambiaremos nada. Ni tampoco, resignándonos, autojustificándonos en el “¿para qué?” o “yo soy así”.

Los valores que dan sentido a nuestra vida, las “utopías”, como dice el gran escritor y defensor de los derechos humanos, Eduardo Galeano, están en un horizonte lejano, ¿vale la pena luchar por ellos si nunca los alcanzaremos del todo? Vale la pena porque nos mueven a la acción, porque nos hacen caminar. Cualquier acción en dirección a esos valores, por pequeña que sea es mejor que no hacer nada. Un viaje de 1000 km. empieza con un primer paso.

Josep Planas -psicólogos Barcelona, psicólogos Maresme, psicólogos onlinje


El cambio tiene un precio

Don QuijoteLadran Sancho, señal que cabalgamos(M. de Cervantes, El Quijote)

Avanzar no es posible si no se cuestionan viejas teorías, viejos esquemas. A menudo, nos preocupa demasiado la opinión de los demás y olvidamos que todo cambio suscita siempre resistencias y polémicas.

Lo ideal sería que los cambios fueran inocuos, incruentos, que no suscitaran resistencias, que se pudieran conseguir por simple persuasión o razonando amigablemente. Que la razón se impusiera por sí sola. Pero eso raramente ocurre en la realidad porque hay intereses creados y una tendencia a la homeostasis de los organismos, sean éstos individuales o colectivos.

Ello implica que, con frecuencia, toda transformación de  cierta envergadura lleve aparejada en un primer momento un “empeoramiento” de la situación. En otras palabras, que a veces hay estar peor temporalmente para estar mejor después. Y, si estamos guiados por los valores correctos, deberemos aceptar esa eventualidad y no tirar la toalla hasta llegar a nuestro objetivo. Sobre la marcha, eso sí, se pueden efectuar algunos pequeños cambios pero siempre manteniendo el rumbo.

Pondré dos ejemplos para ilustrar lo anterior:

1)    Un adolescente malcriado al que se no se le han puesto suficientes límites. La tendencia “natural” de los padres es a “hacer más de lo mismo”, es decir, intentar razonar mejor con él/ella, comprenderle/la mejor, etc. para evitar desagradables enfrentamientos. Y si se deciden a ponerle límites, probablemente la resistencia o lucha del adolescente para mantener el “status quo” irá in crescendo, provocando un aumento de las confrontaciones y del malestar en la familia. Pero si los padres se mantienen firmes sólo será algo temporal y, poco a poco, se irán viendo los frutos del proceso.

2)    Un adicto cuando deja la droga, pasa por un inevitable período de abstinencia duro y difícil antes de poder superar su adicción.

No siempre lo fácil y cómodo a corto plazo es lo que más nos conviene a medio o largo plazo.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online