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Cómo ayudar a un familiar cercano con un problema psicológico

ayudar a otrosCon cierta frecuencia, algunas personas me comentan por teléfono que tienen un familiar o persona cercana (hijo/a, novio/a, esposo/a, etc.) con un problema psicológico importante, y que no acepta acudir a la consulta de un psicólogo (o ni tan sólo se atreven a planteárselo por temor a su reacción). Puede ser, por ejemplo, un problema de depresión, hipocondría, adicciones, descontrol de la ira, etc. Me preguntan cómo pueden ayudarle o cómo pueden convencerle para acudir a terapia.

Las personas más cercanas a su entorno, por un lado, le quieren y no desean verle así; y por otro, están también sufriendo de alguna manera las consecuencias de ese problema, y eso tampoco es justo: a la larga, puede provocar un distanciamiento, una ruptura o un “mal vivir” al que no tenemos por qué resignarnos.

Es un tema delicado, ciertamente. ¿Qué hacer, pues? En la mayoría de casos, personalmente recomiendo que, en primer lugar, acuda a la consulta la persona que me llama, Y eso por varias razones:

1)     Es quién está más motivado/a.

2)     Las actitudes que mantenga con ese hijo/a, pareja, etc. pueden potenciar (con la mejor de las intenciones, casi siempre) la patología en cuestión o ayudar a reducirla (si se conocen los mecanismos con que ésta opera). Consultarme, es una manera indirecta de intervenir en la que yo, el psicólogo de barcelona asesoro al familiar en cuanto a comportamientos y actitudes a adoptar (qué hacer, qué evitar, cómo responder a X o Y) y, de esa manera, puede promover cambios positivos en la persona, sin que ésta tenga que pisar la consulta del terapeuta. Y para esto, no suelen ser necesarias muchas consultas: tal vez dos o tres (incluso, es posible, que con una sea suficiente) y, luego, alguna de seguimiento para ir corrigiendo errores o mejorando estrategias.

Pero, ¿puede esto funcionar realmente o simplemente es poner un parche? Digamos que, en primer lugar, es evidente que esto es bastante mejor que nada. Y, en segundo lugar, que hay muchos conflictos o patologías que se agravan considerablemente por la actitud (bienintencionada, pero a veces errónea) de las personas más cercanas. Un ejemplo ilustrativo sería la sobreprotección que, a menudo, facilita que el otro/a haga menos esfuerzo por superar el conflicto en que se ha quedado atascado y que, dicho sea de paso, le transmite un doble mensaje: “por un lado, te sobreprotejo porque te quiero mucho, pero por otro no confío en tus propios recursos para salir de esto”.  Y, en tercer lugar, puede que dicha persona se anime finalmente a acudir a la consulta (al ver el cambio en su pareja, etc.) Ah, pero… ¿le vamos a decir que hemos acudido a un psicólogo o será mejor hacerlo en secreto? Bien, podemos decirle que vamos al psicólogo porque nosotros nos sentimos mal o estamos un poco deprimidos, sin especificar la relación que esto pueda tener con él/ella. Es una forma de decir la verdad sin decirla del todo, y que a nadie perjudica sino todo lo contrario.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online