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Antídotos contra la depresión

Antídotos depresión

He aquí algunas sugerencias que pueden funcionar como antídotos a la depresión:

  • No duermas más de 7-8 horas. Aunque te despiertes cansado o con pocas ganas de empezar el día, levántate y haz cualquier cosa.
  • Actúa, muévete, haz cosas. Realiza actividades que antes de la depresión te proporcionaban placer y satisfacción. La acción es un potente antidepresivo. Seguir Leyendo

Rojo + azul = morado, y otras estrategias para gestionar conflictos.

gestión conflictos

Estilo rojo: los comportamientos rojos se asocian con actitudes demandantes. Su exceso lleva a actitudes agresivas, intimidatorias y manipuladoras que suelen generar idéntico comportamiento en el otro.

Estilo azul: los comportamientos azules se asocian con actitudes serviciales, confiadas y conciliadoras. El exceso de azul puede hacernos caer en actitudes sumisas, poso asertivas.

Estilo morado: es la fusión de los dos anteriores. Consiste en pedir o reclamar, y también en escuchar las demandas de los demás. Todo ello nos lleva al comportamiento de pactar = “dame algo de lo que quiero” (mi lado rojo) y yo te daré algo de lo que quieres (mi lado azul)” Seguir Leyendo


Autocontrol emocional

Autocontrol emocional El secreto del autocontrol reside, una vez reconocidas las emociones y los sentimientos, en saberlos dirigir y canalizar adecuadamente en lugar de permitir que sean éstos quienes nos dirijan a nosotros y asuman el control de nuestra vida.

Aunque uno no elija las emociones que va a sentir, siempre tiene un margen para decidir cómo les va a dar salida. A esto le podríamos llamar responsabilidad emocional.

 El autocontrol emocional se halla en un punto medio entre los dos extremos de la represión y la incontinencia emocional (soltar las emociones de forma explosiva, sin control).

Comprende el control de las emociones e impulsos destructivos, la capacidad para gestionar la ansiedad y tolerar las frustraciones, la capacidad para tranquilizarse y consolarse, para aplazar las recompensas y para canalizar de forma adaptativa las emociones y sentimientos.

Analizado en sus diversos componentes, podríamos decir que el autocontrol implica:

1-     Reconocer lo que sentimos (y asumir nuestra responsabilidad por ello)

2-    Expresarlo a la persona adecuada, en lugar de descargar nuestras frustraciones en las personas que no las han causado, y volcar en ellas, nuestra basura emocional.

3-    En el momento oportuno

  • No se trata de aplazar indefinidamente la expresión de las emociones, pero tampoco de hacerlo en cualquier momento. Y nunca si estamos bajo el dominio de la ira.
  • Debemos tranquilizarnos previamente y permitir que nuestro cerebro racional asuma el control de la situación.
  • Es importante no acumular quejas ni resentimientos, y no sacar un listado de ofensas del pasado en caso de discusión. Lo pasado, pasado está y conviene centrarse en el presente.
  • No hacerlo ante personas que no estén directamente implicadas.

4-    Con el propósito justo

  • NO: para desahogarse (explosión emocional para quedarnos tranquilos), disminuir o humillar al otro, agredir o centrarse en hacer daño, utilizar los puntos débiles o las informaciones que tenemos de otra persona en beneficio propio
  • SÍ: para mejorar una relación que se está deteriorando, para ser coherentes con nosotros mismos, para dar información a otra persona sobre nuestra realidad emocional

5-    De la forma correcta

  • NO: centrarnos en causas externas y/o rehuir responsabilidades (“es que tú me haces sentir…”), hacer juicios de valor (“tú eres…”, “a ti lo que te pasa es que…”), gritar, romper cosas, encerrarnos en el mutismo, agredir física o psicológicamente, abusar de la información dada en la intimidad para hacer daño.
  • SÍ: usar el “stop” o “time-out” (tomarse una pausa para recuperar el control), utilizar recursos de relajación u otros para poner en orden el caos emocional, deshacer los nudos emocionales y separar e identificar los distintos sentimientos, poner límites a la autocompasión, aclararse uno mismo (“¿qué quiero transmitir y por qué?”), etc.

Para saber más: Crisis emocionales, de María Mercè Conangla

Josep Planas, psicólogos Barcelona, psicólogos online



Cómo criar hijos tiranos

Hijos tiranosMark Beyebach nos recuerda con sentido del humor que hay dos grandes estrategias para criar hijos tiranos:

1)    No ponerles límites:

  • Ceder a todos sus caprichos,  no decirles nunca que no a nada. Y si alguna vez hacemos una excepción, explicarles con paciencia por qué no podemos concederles eso que nos piden, prestándoles toda nuestra atención.
  • Dejar que ellos sean siempre la prioridad,  que sus deseos se antepongan a los de los adultos, etc. Por ejemplo, dejándoles interrumpir cualquier conversación o tarea que estemos haciendo, dejándoles que tomen la mayoría de decisiones que afectan a la familia, etc.
  • Enseñarles a ser irresponsables: haciendo las cosas por ellos, defendiéndoles siempre aunque se hayan portado mal, etc.
  • Entrenarles para tener rabietas a menudo: decir primero que no, pero luego ceder. Así aprenderá que si su rabieta es suficientemente fuerte o larga, le sirve para conseguir su objetivo.
  • Entrenarles para hacer chantaje emocional: haciéndoselo a ellos. Por ejemplo, decirles tras una rabieta “pues ya no te quiero”, o “estamos todos tristes por tu culpa”

2)   Adoptando un estilo agresivo/ coercitivo:

  • Planteándoles exigencias constantes. exigirles más de lo que pueden hacer. Por ejemplo, pedirle a un niño de 4 años que se esté quieto dos horas, o que no solo obedezca sino que lo haga siempre a la primera.
  • No elogiar nunca sus logros, pero sí criticar todos sus fallos.
  • Plantearles exigencias contradictorias, caprichosas o inesperadas. Por ejemplo, decirle que tiene que esforzarse en hacer amigos y prohibirle que vaya a las fiestas de aniversario de otros niños.
  • Ser cortantes y agresivos con él/ella. Por ejemplo, con insultos, descalificaciones, gritos constantes, castigos físicos, etc. O adoptar un tono de absoluta frialdad e indiferencia.
  • Minimizar y justificar sus comportamientos agresivos. Y si los demás, reaccionan mal reprenderles (a los otros).

Con el estilo agresivo, el niño puede comportarse de forma agresiva/ tiránica (por rencor + aprendizaje del modelo), o también sería posible que se convirtiera en alguien excesivamente obediente y sumiso.

Y para apuntalar y potenciar todo lo anterior, Beyebach, propone también:

  • Hablar en vez de actuar. Es decir, que toda la fuerza se vaya por la boca. Y las amenazas, cuanto menos creíbles, mejor. Aquí entraría también tratar de razonar cuando el niño se pone hecho una furia.
  • Aplicar castigos imposibles de cumplir.
  • Levantar los castigos impuestos.
  • Perder los papeles, alterarse mucho, comportarse de forma muy agresiva o descontrolada. Ello facilita, además, que el progenitor que se ha descontrolado, luego se sienta mal y se arrepienta, levantando el castigo o cediendo en lo que no ha de ceder.
  • Ser exageradamente crítico con su conducta, humillarlo o maltratarlo, hacerle chantaje emocional, etc.
  • Actuar ambos padres divididos: desautorizar al otro progenitor, hacer concesiones a sus espaldas, etc.
  • En situaciones de divorcio o separación,  entrar en competición con el/la ex tratando de ser más complacientes para ganarnos al niño/a o aliarse con él en contra del otro progenitor, etc.

Y en la adolescencia:

  • Tratarle/ mimarle como si fuera un niño, convirtiéndonos en su criado/a para todo, cediendo a todos sus caprichos, etc. De esa manera, aprenderá a ser un/a irresponsable y a no tolerar las frustraciones.
  • Tratarle de forma excesivamente rígida o controladora, espiándole, invadiendo su intimidad, prohibiéndole cosas normales a su edad, desconfiando de él/ella en todo momento, criticándole todo, etc.
  • Abdicar de nuestras responsabilidades como padre o madre. Es decir, tirando la toalla y dejando que lo “eduquen” otros adolescentes, la tele, el ordenador, etc.
  • Hacerle chantaje emocional, recurriendo al victimismo, etc.

Y para “rematar” la faena:

  • Pasar por alto y minimizar las conductas tiránicas tratando, a la vez, de aplacar al tirano con nuevas concesiones.
  • Convencerse de que no es necesario hacer algo y mirar para otro lado.
  • Dejarse atemorizar y mantener el problema en secreto.
  • Intentar aplacar al hijo cediendo en todas sus demandas.
  • Mostrar mucha firmeza a nivel verbal, pero después no sólo no cumplir ninguna amenaza sino, además, acudir en su ayuda cuando se meta en problemas.
  • Entrar a trapo: estallar y levantar la voz, chillar, dar golpes en la mesa, insultar y descalificar, etc. Será fácil que ocurra si se ha ido acumulando tensión a base de ceder y aplacar.
  • Actuar divididos (los padres). Por ejemplo, adoptar uno de ellos el rol de “duro” y el otro de “permisivo/ blando”, o desautorizar al otro/a en presencia del hijo/a.
  • Centrarse totalmente en los problemas del hijo y descuidar la relación de pareja.
  • Evitar los acercamientos sanos, es decir, no para aplacar al tirano ni para premiar su buena conducta sino para mostrarle que, pese a todo, le queremos y valoramos lo bueno que tiene.

Resultados esperables (si hemos aplicado bien las estrategias anteriores):

  • El hijo/a se habrá hecho dueño de la casa, bien mediante la amenaza, la coacción o la violencia, bien mediante la pasividad y rigidez, atrincherándose en su habitación con sus videojuegos, etc. y sin asumir ninguna responsabilidad ni relacionarse con los padres.
  • Si lo anterior se consolida con los años, probablemente el hijo/a se instalará en el hogar paterno de forma permanente, como un parásito, explotando y maltratando a los padres durante años o incluso el resto de su vida.
  • Otras opciones podrían ser:   a) la (mala)salida de casa: el hijo/a se va (o se le echa) de malas maneras,     b) internarle en un centro, enviarlo a vivir con algún familiar (por ejemplo, una abuela o una tía), pagarle una habitación para que viva con amigos, etc.

 PARA SABER MÁS…

  • Cómo criar hijos tiranos (Mark Beyebach)
  • Contaré hasta tres! Los mejores consejos de Supernanny para educar a tu hijo (Jo Frost)
  • Con la mejor intención. Cuentos para comprender lo que sienten los niños (Marisol Ampudia)

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


¿Cómo gestionar mis emociones?

EmotionsLas emociones vienen a ser un sistema de señales internas cuyo objetivo es proteger nuestro bienestar. Así, por ejemplo, el miedo nos puede ayudar a protegernos de un peligro. O la ira, de un trato injusto si actuamos para reclamar nuestros derechos.

Por otro lado, el funcionamiento de nuestro sistema emocional es más bien arcaico: no ha variado mucho desde los tiempos primitivos en que los peligros para la supervivencia física eran muy elevados. Entonces, cuando una emoción se dispara, no sólo se activa una alerta mental sino también corporal, es decir, acelera la preparación de nuestro cuerpo como si  tuviéramos que hacer frente a una amenaza real a nuestra integridad física, lo cual hoy en día ocurre pocas veces. De esa manera, se producen (dependiendo de la intensidad de la alarma) una serie de cambios corporales (aceleración del ritmo cardíaco, dilatación de las pupilas, aumento del volumen sanguíneo, tensión muscular, cambios en la respiración, etc.) que teóricamente nos prepararían para la lucha o huida. Pero, al no estar ante una amenaza física, más bien son un estorbo y nos pueden generar una crisis de ansiedad en momentos en que más bien deberíamos conservar la calma para poder actuar con serenidad.

Complica más las cosas todavía, el hecho de que a veces puede ser una “falsa alarma”. Es decir, se puede activar por razones equivocadas, por una defectuosa interpretación de una determinada situación. Por ejemplo, si voy por una calle poco transitada, oigo unos pasos acelerados detrás de mí y pienso que alguien me quiere atacar o robar, y se trata simplemente de alguien que tiene prisa por llegar a algún sitio.  Vemos, una vez más, que esas señales están activadas por nuestro pensamiento. De ahí la importancia de pensar “correctamente”.  Y también puede ocurrir que haya un peligro y esas señales no se activen. Por ejemplo, cruzo de manera imprudente un semáforo en rojo porque no lo he visto o porque pienso que “a mí no me va a pasar nada”.

Volviendo al principio, diremos que las emociones nos proveen de una retroalimentación psicológica importante, que es vital para la regulación adecuada de nuestra salud física y emocional. Por ejemplo, cuando nos sentimos tristes o desanimados, la señal emocional nos está transmitiendo que algo no está bien. Y esa emoción “negativa” no desaparecerá hasta que hayamos tomado nota para cambiar o bien una condición externa o bien el pensamiento erróneo que la ha generado. La podemos hacer desaparecer artificialmente, por ejemplo consumiendo drogas o alcohol o de mil maneras poco constructivas pero no sería un buen negocio. Equivaldría a desactivar la alarma de un coche cuando nos están robando, sólo para no oír el molesto sonido.

Entonces, ¿cómo debemos responder a los signos emocionales perturbadores?. El objetivo de estas señales o signos es impulsarnos a actuar para resolver o eliminar el problema de fondo que las genera. Pero, lo primero que debemos hacer es determinar si el pensamiento que las genera está realmente justificado. Es decir, la señal podría estar basada en una percepción válida de algo que no está bien y que requiere una acción por nuestra parte.  O podría ser el resultado de una mala interpretación o una reacción exagerada de nuestro pensamiento. En este último caso, habría poco o ningún beneficio en realizar alguna acción con respecto a esta señal. Sería mejor calmarnos e intentar pensar de forma diferente. En resumen, debemos explorar nuestras opciones y preguntarnos: “¿es mejor tratar de cambiar la situación, o simplemente tratar de cambiar nuestros pensamientos acerca de eso?” A veces, la situación es injusta o mala pero no la podemos cambiar, no tenemos control sobre la misma: ahí también deberíamos intentar cambiar nuestra forma de considerarla. Otras veces, las más, se trata de intentar cambios en ambas direcciones: hacia afuera (condiciones externas) y hacia adentro (pensamientos o diálogo interno). Necesitamos ser cuidadosos para tomar la decisión apropiada. De lo contrario, ponemos en peligro nuestro bienestar emocional.

Finalmente, señalar que otro problema podría provenir de no haber identificado correctamente la emoción o sensación interna. Por ejemplo, si noto una desazón, como un vacío en el estómago que proviene de que me siento solo y falto de cariño en un momento dado, y lo identifico erróneamente como una sensación de hambre, comeré en vez de intentar acercarme a alguien o darme mimos yo. O también puede ser que note un malestar al que no sepa poner nombre: me siento mal, pero no sé si es tristeza, miedo, ira, frustración, aburrimiento, etc. En este caso, debería intentar ver qué imágenes o pensamientos se generan mientras estoy sintiendo esto y establecerlo por deducción. Por ejemplo, si me siento mal y por mi cabeza pasan pensamientos de que alguien se ha portado muy mal conmigo y de venganza, puedo deducir que es ira lo que siento (aunque puede estar mezclada con otros sentimientos de tristeza, frustración, etc.). A veces, no queremos reconocer una emoción determinada porque no cuadra con la imagen que tenemos o queremos tener de nosotros mismos, etc.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


La ventana de Johari

johari window. Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso. Si te lo dicen dos, mírate a un espejo (proverbio árabe)

La llamada ventana de JOHARI (llamada así por las primeras letras de los nombres de los psicólogos que la crearon: Joseph Luft y Harry Ingham) se puede considerar como una ventana de comunicación para dar o recibir informaciones sobre uno mismo o sobre otras personas.

Define cuatro áreas o zonas en función de lo que  conocemos  o desconocemos de nosotros mismos  (columnas) y de lo que los demás conocen o desconocen de nosotros (filas):

1)     Zona pública. Es la parte de nosotros que conocemos y que los demás también conocen. Es nuestro perfil público.

2)     Zona privada u oculta. Es la parte de nosotros que conocemos pero que los demás no conocen. Forma parte de nuestra intimidad.

3)     Zona ciega. Es la parte que los demás conocen de nosotros pero que nosotros desconocemos, lo que comunicamos sin saberlo. A menudo, esta zona es una de las causas de nuestros problemas de comunicación con los demás. De esta zona es de la que más podemos aprender recibiendo feedback sincero de otras personas, lo cual podemos conseguir de forma privilegiada participando en grupos de terapia o talleres de crecimiento personal,  prestando atención a lo que diferentes personas nos han ido repitiendo a lo largo de nuestra vida, sobre todo, aquellas que más nos conocen (pareja, amigos íntimos, etc.) siempre sabiendo distinguir entre comentarios malintencionados o manipuladores y comentarios respetuosos y honestos.

4)     Zona desconocida. Es la parte de nosotros que desconocemos y que los demás también desconocen y que habita nuestro inconsciente. Por ejemplo: habilidades o recursos ocultos, una experiencia traumática reprimida, creencias que no reconozco pero que guían mi conducta, etc.

Debido a la dificultad para acceder uno mismo a las últimas dos zonas, resulta útil prestar atención al feedback que nos dan los demás, en especial de personas cercanas a nosotros y que nos quieren.

Pero la fórmula por excelencia para conocernos mejor es a través de la psicoterapia. Puedes, si lo deseas, solicitar información personalizada sobre tu caso particular contactando con psicólogos barcelona a través del siguiente formulario de contacto o llamando directamente a uno de los siguientes teléfonos: 933150084 o 654898716.


¿Mujeres que piensan demasiado?

pensar demasiado 2

Según comenta Susan Nolan-Hoeksema en su libro “Mujeres que piensan demasiado”, hay una tendencia epidémica, sobre todo entre las mujeres, a pensar demasiado. Les damos vueltas y más vueltas a nuestros pensamientos y sentimientos negativos, “amasándolos como si fueran masa de pan”. Nos formulamos preguntas que generan más preguntas, dudas que generan más dudas, etc. Y en ese estado, distorsionamos fácilmente la realidad.

Complica todavía más la cosa el hecho de que cuando estamos tristes y con un estado de ánimo bajo, nuestro cerebro atrae fácilmente otros pensamientos tristes y oscuros, con lo que nos quedamos atrapados en un círculo de infelicidad del que nos cuesta luego salir.

Contrariamente a lo que nos podría parecer, pensar “demasiado” en algo que nos preocupa disminuye nuestra capacidad para encontrar buenas soluciones a los problemas, aparte de que nos puede generar trastornos emocionales y perjudicar nuestras relaciones personales.

Otros datos interesantes que aporta la autora son:

-      Cuando estamos en un estado de ánimo negativo, activamos y fortalecemos toda una red neuronal de pensamientos y recuerdos negativos. De manera que cuanto más vueltas les demos a los pensamientos negativos, más fuerza tendrán estos.

-      Pensar demasiado es una “enfermedad” más propia de las personas jóvenes y de mediana edad debido a que, en nuestra cultura, a diferencia de  las generaciones anteriores¨  1) hay muchas opciones pero pocos valores sólidos a los que aferrarse,    2) nos creemos con derecho a tenerlo todo, nos cuesta aceptar que la vida tiene muchas limitaciones y, cuando no se cumplen nuestras expectativas, nos sentimos muy frustrados y desorientados y tendemos a culparnos a nosotros mismos o a culpar a los demás de esos “fracasos”, no nos paramos a pensar que quizá eso es lo normal en la vida,    3) tenemos una necesidad compulsiva de encontrar soluciones rápidas a todo; no queremos esperar, no aceptamos que algunas cosas requieren su tiempo y acaso mucho esfuerzo también,     4) nos miramos demasiado el ombligo, tendemos a analizar demasiado.

Y como estrategias para afrontar esa tendencia, tendríamos entre otras:

-      Comprender que el pensamiento excesivo no es nuestro amigo, no nos ayuda a estar mejor o a resolver mejor nuestros problemas.

-      Buscarnos ocupaciones o distracciones constructivas

-      Delimitar a un horario concreto para preocuparnos y, el resto del tiempo, intentar desviar nuestra mente de esos pensamientos.

-      Escribir nuestras preocupaciones para tomar distancia de las mismas y verlas con más objetividad.

-      Delegar nuestras preocupaciones en un poder superior, llámese Dios para los creyentes o cualquier otra forma para los no creyentes.

-      Fomentar relaciones personales de calidad, y apoyarnos en ellas, en los momentos difíciles.

-      Dejar de compararnos con los demás y procurar lleva una vida coherente con nuestros propios valores.

-      Utilizar técnicas de resolución de problemas

-      Hacer algo, cualquier cosa por pequeña que sea para avanzar en algún sentido, que nos permita cortar ese círculo vicioso de pensamiento tóxico.

-      Identificar las voces de otras personas que, tal vez, nos están diciendo sin que seamos demasiado conscientes lo que deberíamos hacer, pensar o sentir (la tiranía de los “deberías”) y procurar actuar de acuerdo con nuestros propios valores y no con los ajenos.

-      Potenciar nuestro crecimiento personal en general: terapia, libros de autoayuda, meditación, etc.

Josep Planas -psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Cómo decir “no” de forma asertiva

No asertivoA veces, alguien nos pide o nos sugiere algo y nos cuesta decir “no”, Tenemos miedo de que la otra persona se ofenda, nos desapruebe, se genere una discusión, etc. Y cedemos, pero nos sentimos mal interiormente, con la sensación de habernos traicionado a nosotros mismos. Queremos decir “no” pero no sabemos cómo hacerlo.

Si te sientes identificado/a con este problema, he aquí algunas sugerencias que te pueden ayudar:

  • Escucha sin interrumpir hasta que la otra persona termine de formular su demanda, invitación, etc.

Sugerencias para combatir la depresión

DepresiónSi sufres o crees que puedes estar sufriendo una depresión o te encuentras con un bajón anímico importante, aquí tienes una serie de recomendaciones desde “psicólogos Barcelona” que pueden serte útiles:

  • Procura no permanecer en la cama más allá de tu horario habitual, independientemente de que hayas dormido bien o mal, no tengas ganas de levantarte, etc.
  • Actúa, muévete, haz cosas. Haz ejercicio físico. Realiza actividades en la naturaleza. Apúntate a charlas interesantes, aprende cosas nuevas… Recupera actividades que antes de la depresión te proporcionaban placer y satisfacción. Procura estimular tanto tu cerebro como tu cuerpo. La acción es el antidepresivo más poderoso.
  • Cuida tu aspecto físico. Te sentirás mejor si lo haces.
  • Aliméntate de forma sana.
  • Mímate un poco, haz cosas “especiales” para ti mismo/a, permítete pequeños caprichos.
  • Haz nuevos amigos. Apúntate a actividades de ocio, talleres, etc. Recupera amistades de las que te hayas distanciado. Ábrete a los demás y al mundo, no te quedes aislado en casa. Deje que entre aire fresco en tu vida.
  • Haz cosas que te hagan sentir útil y evita centrarte demasiado en ti mismo/a y tus preocupaciones. Puedes hacer actividades de voluntariado, escribir un blog, apuntarte a un grupo o movimiento social, aprender cosas nuevas y un sinfín de cosas más.
  • Presta atención a tu “diálogo interior”, a lo que te dices a ti mismo/a, la forma en que te hablas. Intenta ser positivo/a y aceptarte como eres. Sé amable contigo mismo/a. Evita dramatizar y autocompadecerte. Recuerda que “más vale encender una vela que maldecir la oscuridad” (proverbio chino)
  • Evita cavilar, rumiar el “por qué” de las cosas, darle vueltas a tus problemas obsesivamente. En lugar de eso, intentar ver “qué” te deprime,  y “cómo” puedes salir de esa tristeza/ desesperanza. Haz una lista de todos los problemas y preocupaciones que te quitan energía y mira “cómo” los puedes afrontar poco a poco.
  • Acepta que las cosas no son como “deberían” ser, acepta la imperfección tuya, de los demás y del mundo. Esfuérzate por cambiar las cosas que puedas, pero renuncia a amargarte por todo aquello que escapa a tu control.
  • Comenta tus problemas con los demás, pero sin exagerar ni llegar al victimismo. Evita hablar sólo de ti e interésate también por los otros, déjales un espacio para que ellos también puedan expresar sus inquietudes, sus anhelos… Si no lo haces, al final se apartarán de ti.

Y, sobre todo, no actúes en base a si te sientes motivado/a o no para hacer algo, si estás alegre o triste, animado o desanimado, cansado/a o lleno/a de energía. Haz un esfuerzo para salir de las garras de la depresión, plántale cara, haz cada día alguna cosa, algún movimiento para sentirte mejor. Y si no te ves capaz, busca ayuda profesional. Hoy en día, hay muchos tratamientos, la terapia cognitivo-conductual está entre los más validados empíricamente, que te pueden ayudar. Si quieres, puedes pedirme información

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Reglas de oro para mejorar la autoestima

Me quieroSugerencias desde psicólogos Barcelona:

  • Procura tener una visión realista de ti mismo/a, de tus fuerzas y de tus debilidades, sin exagerar ni lo uno ni lo otro. Acéptate tal como eres y, a partir de esa aceptación, actúa para mejorar todo aquello que quieras y puedas mejorar.
  • Procura mantener un diálogo interno positivo contigo mismo/a. Sé tu mejor amigo/a.
  • Hazte preguntas que te lleven a modificar las cosas que no te gustan de tu vida presente. Por ejemplo  Seguir Leyendo

Viktor Frankl y el sentido de la vida

Viktor Frankl-       Quién era V. Frankl

Viktor Frankl nació en Viena en 1905 en una familia de origen judío. Desde joven empezó a interesarse en la psicología. Estudió medicina y se especializó en neurología y psiquiatría. En 1941 contrajo matrimonio con Tilly Grosser. En 1942, junto a su esposa y sus padres, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt. En 1944 fue trasladado a Auschwitz. Fue liberado en 1945 por el ejército norteamericano. Frankl sobrevivió al holocausto, pero tanto su esposa coo sus padres fallecieron en los campos de concentración.

Tras su liberación, regresó a Viena. En 1.945 escribió su famoso libro “El hombre en busca de sentido”, donde describe sus experiencias como prisionero de un campo de concentración. A partir de esa reflexión y esas vivencias, desarrolló la logoterapia , considerada la tercera escuela vienesa de psicología, después del psicoanálisis de Freud y de la psicología individual de Adler. En 1.955 fue nombrado profesor de la universidad de Viena, donde enseño de forma regular hasta los 85 años de edad. Publicó más de 30 libros, impartió cursos y conferencias por todo el mundo, y recibió 29 doctorados Honoris Causa de Seguir Leyendo


Dime cómo piensas y te diré cómo sientes

 Pensador “No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede” (Epícteto, filósofo griego)

De manera similar a Epícteto, la terapia cognitiva sostiene que ante una situación que nos estresa o produce malestar tiene una gran importancia la valoración o interpretación que hacemos de la misma, lo que nos decimos a nosotros mismos. Evidentemente, contarán también otras cosas como los recursos de que dispongamos para hacerle frente, el apoyo del entorno, etc. Pero aquí nos centraremos en la importancia de nuestro “diálogo interno” y en cómo éste juega un papel determinante en cómo nos sentimos y cómo reaccionamos.

Pongamos un ejemplo Seguir Leyendo


Superar la vergüenza y la ansiedad social

vergüenza y ansiedad socialÉste es un ejercicio especialmente indicado para personas tímidas o poco asertivas, pero igualmente válido para cualquiera que quiera superar sus inhibiciones y sentimientos de vergüenza inapropiados o exagerados:

  • Haz una lista de cosas que, en la interacción con otras personas, te resultaría incómodo o muy incómodo hacer y que normalmente evitas (y que si no evitaras, sería bueno para ti). Por ejemplo: mirar a los ojos a otra persona cuando le hablas,  Seguir Leyendo

El cambio tiene un precio

Don QuijoteLadran Sancho, señal que cabalgamos(M. de Cervantes, El Quijote)

Avanzar no es posible si no se cuestionan viejas teorías, viejos esquemas. A menudo, nos preocupa demasiado la opinión de los demás y olvidamos que todo cambio suscita siempre resistencias y polémicas.

Lo ideal sería que los cambios fueran inocuos, incruentos, que no suscitaran resistencias, que se pudieran conseguir por simple persuasión o razonando amigablemente. Que la razón se impusiera por sí sola. Pero eso raramente ocurre en la realidad porque hay intereses creados y una tendencia a la homeostasis de los organismos, sean éstos individuales o colectivos.

Ello implica que, con frecuencia, toda transformación de  cierta envergadura lleve aparejada en un primer momento un “empeoramiento” de la situación. En otras palabras, que a veces hay estar peor temporalmente para estar mejor después. Y, si estamos guiados por los valores correctos, deberemos aceptar esa eventualidad y no tirar la toalla hasta llegar a nuestro objetivo. Sobre la marcha, eso sí, se pueden efectuar algunos pequeños cambios pero siempre manteniendo el rumbo.

Pondré dos ejemplos para ilustrar lo anterior:

1)    Un adolescente malcriado al que se no se le han puesto suficientes límites. La tendencia “natural” de los padres es a “hacer más de lo mismo”, es decir, intentar razonar mejor con él/ella, comprenderle/la mejor, etc. para evitar desagradables enfrentamientos. Y si se deciden a ponerle límites, probablemente la resistencia o lucha del adolescente para mantener el “status quo” irá in crescendo, provocando un aumento de las confrontaciones y del malestar en la familia. Pero si los padres se mantienen firmes sólo será algo temporal y, poco a poco, se irán viendo los frutos del proceso.

2)    Un adicto cuando deja la droga, pasa por un inevitable período de abstinencia duro y difícil antes de poder superar su adicción.

No siempre lo fácil y cómodo a corto plazo es lo que más nos conviene a medio o largo plazo.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


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