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Posts etiquetados con: antidepresivos

Qué es la depresión y cómo se puede tratar

psicologosbarcelona-depresiónLa depresión es una enfermedad que, según la OMS, afecta a más de 350 millones de personas en el mundo, al doble de mujeres que de hombres. Si bien  es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y genéticos, suele estar asociada a pérdidas significativas no asimiladas (por ejemplo, muerte de un ser querido, ruptura sentimental, enfermedad, pérdida del puesto de trabajo, etc.), conflictos interpersonales no resueltos (por ejemplo, disputas o desavenencias que generan mucho malestar), falta de adaptación a transiciones vitales importantes (por ejemplo, maternidad, cambio de trabajo, jubilación, etc.) o carencias en las relaciones interpersonales (por ejemplo, sentirse solo o poco querido)

Aunque en la actualidad es posible superar la depresión mediante una psicoterapia adecuada (y, en casos más complejos, con la ayuda adicional de fármacos) se calcula que más de la mitad de los afectados no reciben ningún tratamiento, al tener una depresión.

Los síntomas de depresión más comunes son:

  • Cambios en el estado de ánimo:    a) Tristeza permanente y ganas de llorar aunque también puede manifestarse con irritabilidad o culpa persistentes,   b) Sensación de vacío y/o de estar como anestesiado,     c) Disminución y pérdida de interés por actividades y personas.
  • Cambios corporales:   a) Experiencia subjetiva de fatiga y pérdida de energía: las actividades cotidianas se realizan con mayor lentitud y, normalmente, requieren de un gran esfuerzo,     b) Insomnio o, por el contrario, necesidad de dormir más de lo habitual (hipersomnia),      c) Pérdida de apetito o, por el contrario, aumento desmesurado del hambre que puede dar lugar a atracones compulsivos,    d) D¡sminución del deseo sexual.
  • Cambios en la forma de pensar:  Pensamientos  recurrentes de culpa, inutilidad, fracaso, etc. que conducen a una autocrítica destructiva y una sensación de desamparo y desesperanza que, en algunos casos, puede traducirse incluso en deseos de morir. Muchas personas deprimidas creen que son totalmente ineptos para la vida, que los demás no les quieren y que tarde o temprano acabarán abandonándolos, que siempre están haciendo daño a los demás, que nada les saldrá nunca bien en la vida, etc. Al estar deprimido, se suele prestar mucha más atención a los aspectos desagradables de la realidad (magnificándolos) y se ignoran los agradables. La sensación de agotamiento físico y fatiga que acompaña a la depresión hace más fácil, además, que se terminen creyendo ese tipo de pensamientos sin cuestionarlos.
  • Cambios en la forma de actuar. La falta de vitalidad y la sensación de fatiga crónica, acompañada de los pensamientos negativos mencionados, la tristeza recurrente, etc. suele llevar a un abandono o reducción importante de las actividades de la persona: tareas cotidianas de casa o trabajo, relaciones interpersonales y tiempo dedicado al ocio. Con ello, se produce una especie de círculo vicioso que conduce a potenciar la depresión: cuántas menos cosas hace y cuánto más se aísla la persona, menos gratificaciones obtiene del medio, más inútil se siente, y más negativo lo ve todo.

A veces, la depresión viene acompañada o precedida de otros trastornos, siendo los más habituales: ansiedad generalizada, crisis de pánico, agorafobia, fobia social, obsesiones (TOC), fibromialgia u otros dolores físicos varios, adicciones, bulimia nerviosa, etc.

Cuando hay una depresión menos intensa pero más prolongada en el tiempo, hablamos de distimia. Si aparece tras un cambio importante de la vida (divorcio, maternidad, muerte de un ser querido, ruptura afectiva, etc.) al que cuesta adaptarse, lo llamamos trastorno de adaptación de tipo depresivo: es un tipo de depresión que suele desaparecer gradualmente a medida que nos vamos adaptando a la nueva situación, si bien en algunos casos puede desembocar en una auténtica depresión. Si alterna con episodios o fases de euforia patológica, hablamos de trastorno bipolar, en fase depresiva.

La depresión no debe confundirse con trastornos pasajeros del estado de ánimo debidos a situaciones normales de la vida cotidiana: pequeños contratiempos o frustraciones que nos afectan a todos.

Antes de entrar en la depresión propiamente dicha, la persona afectada suele pasar por un período de tiempo sintiéndose mal: tristeza, culpa, ansiedad, vergüenza o irritabilidad son las sensaciones de malestar más frecuentes. Estos síntomas vienen a ser como la señal de alarma de que algo no está yendo bien en la vida de uno y se generan para que reaccionemos.

Las terapias para una depresión que se han mostrado más eficaces en su tratamiento son las cognitivo-conductuales y la psicoterapia interpersonal. Como hemos dicho, a veces es necesaria la ayuda de fármacos pero, en mi opinión, no es recomendable utilizarlos como único tratamiento: para más información ver “¿Pastillas o psicoterapia?”

Si crees que podrías padecer depresión, o tienes algún familiar cercano que padezca depresión, puedes ponerte en contacto con mi consulta de psicólogos Barcelona/ psicólogos online / psicólogos Vilassar de Mar a través del formulario de contacto


Felicidad química

 Un mundo feliz “Es increíble, pero en nuestra sociedad, los ansiolíticos y antidepresivos se han convertido en el ingrediente básico de nuestra dieta”  (Silvia Congost, psicóloga)

¿Es esto un signo de progreso o un signo de una sociedad enferma y profundamente infeliz?

Muchas personas actualmente, ante un problema psicológico o psicosomático que no entienden muy bien, acuden en busca de orientación al médico o psiquiatra. Y una vez allí, es bastante probable que les receten antidepresivos y/o ansiolíticos, algunas veces con la indicación de acudir a un psicólogo.

El poco tiempo de los profesionales para atenderles y, a veces también, la búsqueda del propio paciente de un remedio fácil y cómodo o/y su falta de recursos económicos para acudir a la consulta privada de un psicólogo facilita este proceso.

Por otro lado, no olvidemos que debajo de todo esto, existen también importantísimos intereses económicos de la industria farmacéutica interesada en promover la “evidencia científica” de que tales fármacos son necesarios, a base de estudios cuya transparencia genera serias dudas.

Los problemas psicológicos no se solucionan tomando una pastilla, sino que necesitan de una comprensión más profunda que integre una visión más holística de la salud y la enfermedad, del vínculo entre mente y cuerpo, entre el “yo” y el “tú”, entre persona y sociedad. Y que involucre no sólo a los profesionales de la salud (médicos, psiquiatras, psicólogos) sino también a sociólogos, filósofos, políticos, economistas y un largo etcétera para, entre todos, construir una sociedad más justa y equilibrada.

El espejismo de la droga de la felicidad es sólo eso, un espejismo.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


¿Funcionan realmente los antidepresivos?

placebo.1[1]Hace unos años, el profesor Irving Kirsch y su equipo de investigadores fueron los artífices de una prometedora y provocadora línea de investigación que puso en tela de juicio la eficacia de los antidepresivos y cuestionó la práctica médica basada exclusivamente en la intervención farmacológica para pacientes con depresión. En su libro, “The Emperor’s New Drugs: Exploding the Antidepressant Myth”, publicado en el año 2009, expone los resultados de quince años de investigación al respecto.

Inicialmente, se centró en el análisis del efecto de los placebos y tras revisar, en 1995, 38 ensayos clínicos publicados en revistas científicas, donde se comparaba el efecto de los antidepresivos frente a placebos o el efecto de la psicoterapia frente a la ausencia de tratamiento en la depresión, sus resultados mostraron una mejoría de todos los pacientes, incluso de aquellos que sólo habían tomado placebos. Pero, lo que captó especialmente su interés fue el hecho de que los antidepresivos “sólo resultaban ser un poco mejores” que los placebos.

A partir de ahí, Kirsch comenzó su línea de investigación, incluyendo los ensayos controlados que las compañías farmacéuticas (que son las que patrocinan este tipo de estudios sobre eficacia de los psicofármacos) no llegan a publicar en muchos casos (si les son desfavorables) puesto que podrían perjudicar los ingresos de esta industria multimillonaria (según un artículo publicado en el diario La Razón en fecha 19/8/2013, el consumo de antidepresivos en España se ha triplicado en diez años y supone un 47 % del gasto farmacéutico en salud mental de España). De esta manera, consiguió acceder a los datos de un total de 46 estudios controlados, que demostraban que el nivel de eficacia de los placebos era todavía superior con relación al primer hallazgo: los placebos alcanzaron un nivel de eficacia del 82% respecto a los antidepresivos en el tratamiento de la depresión, diferencia que no era clínicamente significativa, es decir, que no demuestra que los antidepresivos sean realmente eficaces.

A partir de aquí Kirsch intentó buscar una explicación a estos sorprendentes resultados, para determinar si esta pequeña diferencia observada en la eficacia del antidepresivo frente al placebo era atribuible a un efecto real del fármaco o a la presencia de otro tipo de factores. Su equipo de investigación (método doble-ciego en el que ni los participantes ni los investigadores saben inicialmente quién está recibiendo el fármaco y quién el placebo) descubrió algunos resultados inesperados: tanto los antidepresivos (cuya acción radica en aumentar el nivel de serotonina) como otras sustancias totalmente diferentes (con un efecto contrario al de los antidepresivos) como opiáceos, sedantes, estimulantes o algunos remedios herbales tenían unos resultados parecidos en el tratamiento de la depresión. La explicación de estos resultados la atribuyó a otra característica compartida por todas estas sustancias: los efectos secundarios (boca seca, taquicardias, etc.), lo que le confirmaría al paciente de que está recibiendo el “verdadero tratamiento” y no un placebo y, por lo tanto, le hace más propenso a creer que se ha producido una mejoría real en sus síntomas de depresión. La conclusión es que el descenso en los niveles de depresión no se puede atribuir tanto al componente químico del fármaco, como a las expectativas de mejoría del paciente.

A partir de ahí, y para poner a prueba su hipótesis de que los efectos secundarios estaban sesgando las respuestas de los participantes, Kirsch emprendió una nueva investigación empleando, en vez de los habituales placebos, lo que se denominan placebos “activos”, es decir, placebos que producen efectos secundarios. En estos ensayos no se observaron diferencias significativas entre los antidepresivos y el placebo activo, es decir, todos los participantes manifestaron algún efecto secundario de uno u otro tipo y todos informaron del mismo nivel de mejoría. Tampoco se observó que las dosis más altas funcionaran mejor que las bajas, lo que pone de manifiesto que es extremadamente poco probable que los antidepresivos funcionen y sean realmente eficaces.

Para Kirsch, por tanto, los antidepresivos no son más que otro tipo de placebos, con efectos secundarios más notables, y que las mejorías no se deben al mecanismo de acción de la serotonina sino a la expectativa que tiene el paciente de mejorar cuando se convence de que está siguiendo un tratamiento eficaz.

A pesar de estos revolucionarios resultados, parece que no ha habido grandes cambios en el modelo médico/ biologista del tratamiento de la depresión. Es más, como he mencionado anteriormente, el consumo de antidepresivos, lejos de disminuir ha aumentado considerablemente. ¿Por qué? Tal vez haya demasiados intereses económicos detrás de todo esto que hacen lo posible para que determinadas informaciones no lleguen al gran público.

Según Kirsch y otros investigadores, habría que poner el acento, no en un supuesto desequilibrio neuroquímico, sino en los aspectos psicológicos y ambientales asociados al trastorno depresivo. A este respecto, la intervención cognitivo-conductual sí ha demostrado ser eficaz tanto en la reducción de los síntomas depresivos como en el mantenimiento en el tiempo de los cambios terapéuticos, con una notable disminución de las recaídas y sin efectos secundarios de ningún tipo.  El National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE), que marca las directrices para las políticas de salud del Reino Unido basando sus recomendaciones en el análisis de la evidencia científica, indica que la intervención psicológica fundamentada en técnicas cognitivo-conductuales ha de ser el tratamiento de primera elección para el trastorno depresivo leve y moderado, y sólo en los casos más severos, se recomienda el uso de antidepresivos, pero siempre en combinación con tratamiento cognitivo-conductual.

Ver artículo relacionado “¿Pastillas o psicoterapia?

Si quieres más información acerca del tratamiento cognitivo-conductual de la depresión, puedes dirigirte a Josep Planaspsicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos Maresme