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Superar la vergüenza y la ansiedad social

vergüenza y ansiedad socialÉste es un ejercicio especialmente indicado para personas tímidas o poco asertivas, pero igualmente válido para cualquiera que quiera superar sus inhibiciones y sentimientos de vergüenza inapropiados o exagerados:

  • Haz una lista de cosas que, en la interacción con otras personas, te resultaría incómodo o muy incómodo hacer y que normalmente evitas (y que si no evitaras, sería bueno para ti). Por ejemplo: mirar a los ojos a otra persona cuando le hablas, devolver un artículo defectuoso en una tienda, pedir una cita a un chico/a que te gusta, etc. Pregúntate: ¿cuáles son las cosas que más me costaría hacer o me darían más vergüenza? Evita poner en la lista cosas que pudieran hacer daño a otras personas, o que pudieran tener consecuencias muy desagradables para ti.
  • Ordena los ítems de la lista de más fácil a más difícil (para ti, no tiene por qué serlo objetivamente).
  • Intenta llevar a cabo el primer ítem de la lista, el que te resulte más sencillo. Repítelo tantas veces como sea necesario hasta que le pierdas completamente el miedo.
  • Combate pensamientos desalentadores como “no seré capaz”, “van a pensar que soy tonto/a”, “no me servirá de nada”, etc. Sustitúyelos por otros más positivos como: “estoy enfrentándome a mis temores para superarlos”, “cuánto más haga el ridículo, tanto más me voy a curtir”, etc.
  • Pasa al siguiente ítem de la lista.

Y si quieres ir un paso más allá, puedes también plantearte otras situaciones que supongan meterte realmente “en la boca del lobo” como sería hacer algo para llamar la atención de los demás (por ejemplo, cantar andando por la calle, llevar ropa que llame la atención, etc.) si tu problema es que quieres pasar siempre desapercibido; o intentar entablar conversación con cualquier chica guapa con la que te cruces si eres muy tímido con las chicas, etc. Eso ya sería superar el ejercicio con nota.

A modo de anécdota, el psicólogo Albert Ellis cuenta que a los 19 años era muy tímido para hablar en público y se obligó a sí mismo, durante 3 meses, a dar muchas charlas sobre política hasta que finalmente disfrutó haciéndolo. Más adelante, hizo lo mismo con su miedo a conocer mujeres: se impuso hablar con todas las chicas que encontrara sentadas solas en uno de los bancos de un parque que frecuentaba. Al parecer, entabló conversación con más de cien, pero sólo una aceptó una cita con él para otro día (y le dio plantón). Pero lo importante fue que perdió su miedo. ¿Te atreves tú a hacer lo mismo?

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online