:::: MENU ::::

Reconciliarse y resolver problemas con la pareja

Reconciliarse con la parejaEs inevitable que en la pareja (y en toda relación humana) se produzcan roces, conflictos, etc. y es muy importante saberlos manejar de la mejor manera posible, defendiendo tanto nuestros derechos como los del otro/a, con empatía e intentando evitar choques innecesarios e improductivos, con voluntad de escuchar y llegar a acuerdos y no defendiéndonos o intentando imponer nuestro criterio, con actitud amable y no de forma airada, etc.

Pero, ¿cómo se hace? No es fácil dar “recetas” pero sí hay unos gestos que pueden potenciar la reconciliación:

-   Aclarar lo que no esté claro, con amabilidad y empatía (no con brusquedad o con gestos desafiantes). Por ejemplo si la queja de la otra persona se refiere a nuestra manera de “ser” (supongamos que nos está diciendo que somos egoístas, etc.), intentaremos traducir esto en conductas concretas mediante preguntas (“¿por qué dices que soy egoísta?, ¿qué te molesta exactamente de mi conducta?, ¿lo dices por…?” etc.). O si no entendemos por qué nos está pidiendo esto, intentaremos averiguar qué necesidades o razonamientos subyacen detrás de su demanda (“¿tienes miedo de que yo..?, ¿crees que mi intención ha sido …?”)

-   Definir el conflicto en términos objetivos y que abarquen no sólo “mi” visión y “mis” necesidades sino también y, en la medida de lo posible la visión y las necesidades del otro/a.

-   Dar muestras de empatía hacia los sentimientos del otro/a y/o intentar calmarle mediante gestos cariñosos o muestras de afecto (no para zanjar la discusión, sino para crear un clima más propicio a un debate constructivo). Por ejemplo: “imagino que te has sentido dolida porque yo …”, en lugar de invalidarlos con un “no puedo entender o me sorprende que tú te sientas…

-   Poner ejemplos, si los hay, de otras veces en que hemos obrado de forma diferente: “es verdad que esta vez yo… pero otras veces como por ejemplo… yo… “

-   Dar muestras de que entendemos las razones del otro/a, aunque no las compartamos del todo o sólo lo hagamos en parte, y asumir responsabilidades: “Entiendo que tú… y tienes razón en que… si bien yo también creo que…”

-   Expresar lo que sentimos y/o necesitamos, con honestidad y con respeto hacia las necesidades del otro/a

-   Intentar encontrar un punto de encuentro, en el que no haya “vencedores” ni “vencidos”: “En lo sucesivo, tal vez podríamos…”, ¿qué te parece?, ¿tú qué crees que puedo/ podemos hacer para mejorar las cosas?”

-   No permitir que la discusión “se salga de madre”, que vaya por derroteros peligrosos como, por ejemplo, sacar toda una lista de agravios, etc. y centrarse en el aquí y ahora, en el conflicto actual: “No me parece que nos lleve a nada intentar discutir ahora sobre quién hizo tal o cual cosa en el pasado, o sobre si yo o tú… El problema tal como yo lo entiendo es que … Entonces, si nos centramos en…” etc. En caso necesario, aplazar la discusión para cuando los ánimos estén más calmados.

-   Utilizar el sentido del humor: con moderación (nunca con sarcasmos ni para eludir nuestra responsabilidad) y con el único objetivo de distender el ambiente.

-   Una vez que nos parece que ya hemos dicho todo lo que había que decir y se ha agotado la discusión, o si creemos que el motivo de la misma es más el estado de ánimo (negativo) de la otra persona por motivos ajenos a nosotros, etc. podemos intentar reconducir la situación hacia otros temas: “cariño, por cierto ¿cómo te ha ido la presentación del nuevo proyecto en tu trabajo?”,  “te has puesto unos zapatos muy bonitos, me gustan mucho”, o “¿qué te parece si el viernes…? Etc. En ningún caso debe parecer que no respetamos sus sentimientos o su demanda, o que queremos escurrir el bulto.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos online, psicólogos Vilassar de Mar