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¿Son los hombres de Marte y las mujeres de Venus?


"Imaginemos que los hombres proceden de Marte y las mujeres de Venus. Un buen día, hace mucho tiempo, los marcianos viajaron en sus naves espaciales hasta Venus. Marcianos y venusinas se conocieron, se enamoraron y fueron felices hasta que... por alguna razón decidieron visitar la Tierra. Al principio, todo fue perfecto pero luego se hicieron sentir los efectos de la atmósfera terrestre y, tanto hombres como mujeres, sufrieron una amnesia selectiva que les llevó a olvidar que procedían de planetas diferentes". Con esta ingeniosa metáfora, John Gray trata de explicar en su libro "Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus" las diferencias que existen entre hombres y mujeres, y como el olvido o el desconocimiento de las mismas crea expectativas irreales en todos nosotros, llevándonos a creer erróneamente que los miembros del sexo opuesto "quieren lo que nosotros queremos" y "sienten lo que nosotros sentimos". Lo cual, a su vez, nos lleva a pensar que si nuestras parejas nos quieren van a reaccionar y comportarse tal como nosotros reaccionamos y nos comportamos cuando queremos a alguien. La confusión está servida.

Para Ellen Willer, autora de "Ni de Marte, ni de Venus", todo se remonta a los tiempos del hombre y la mujer de las cavernas. En aquella época, como es bien sabido, los hombres se dedicaban a cazar, y las mujeres, en la caverna, al cuidado del fuego y de los niños. Cada uno tuvo que adaptarse a su tarea y desarrollar las habilidades necesarias para llevarla a cabo. Su tesis es que, a partir de ahí, el cerebro del hombre y de la mujer fue evolucionando, poco a poco, de forma diferente en función de su rol o misión.

 

PRINCIPALES DIFERENCIAS ENTRE MARCIANOS Y VENUSINAS


- Ellas necesitan ser escuchadas, ellos necesitan sentirse útiles.

. Tanto los hombres como las mujeres utilizamos el lenguaje para exponer argumentos y solucionar problemas, pero las mujeres también emplean el lenguaje para expresar sus sentimientos, para desahogarse, para establecer intimidad. Cuando una mujer intenta hacer partícipe a un hombre de sus sentimientos, lo que realmente necesita es ser escuchada y comprendida, mientras que el hombre tiende a creer que se espera de él que aporte una solución, y se siente frustrado y tiende a retirarse de la conversación o a defenderse cuando descubre que no es así. Por su parte, la mujer piensa que no se la escucha. Los hombres deben, pues, aprender a escuchar de forma empática, a dar comprensión y apoyo, y a no intervenir prematuramente para ofrecer soluciones.


- Cuando tienen un problema, ellos se retiran a sus cuevas y ellas hablan

. En situaciones de estrés, los hombres tienden a mostrarse introvertidos y a aislarse, y se retiran a sus "cuevas" para resolver los problemas solos y cargar las pilas. Las mujeres, en cambio, cuando se sienten agobiadas necesitan hablar abiertamente de sus problemas para sentirse mejor.

. Cuando un hombre está en su "cueva", necesita concentrarse al máximo para hallar soluciones y lo que pide es que no se le moleste. El peligro es que la mujer se lo tome como algo personal y se sienta rechazada.

. Cuando una mujer está estresada, busca sobre todo alivio en el hecho de manifestarse y ser comprendida, y no tanto una solución inmediata. Por otro lado, y a diferencia de los hombres que se concentran en un solo problema, tiende a dejarse abrumar por demasiadas cosas a la vez: problemas pasados, futuros, potenciales, etc. En esta situación, el hombre tiende a sentirse criticado y, si intenta ofrecer alternativas que son desestimadas, desvalorizado.


 





















  
 

- Ellos son como gomas elásticas, ellas son como olas

. Por más que un hombre quiera a una mujer, necesita alejarse periódicamente para satisfacer su necesidad de independencia y autonomía. Sólo después podrá volver a acercarse. Como si se tratara de una goma elástica, el hombre se tensa hacia atrás para luego saltar hacia delante como un resorte. Si la mujer intenta acercarse cuando el hombre se retira a su "cueva", éste se sentirá invadido y tenderá a distanciarse más. Si, por el contrario, la mujer respeta ese ciclo de intimidad del hombre, éste regresará con renovados sentimientos de cariño y amor. Cuando el hombre no se aleja, es decir, cuando la pareja nunca se separa, el hombre tiende a sentirse cada vez más irritado, de mal humor, pasivo y a la defensiva.

. En el caso de las mujeres, su autoestima y sus sentimientos de bienestar/ malestar suben y bajan en un movimiento ondulante, como una ola. Cuando se sienten realmente bien llegan hasta lo alto, pero entonces su estado de ánimo decae y la ola se viene abajo. Según Ellen Willer eso tendría relación con los ciclos hormonales. En los momentos en que la mujer está en su momento bajo, tienden a salir a la superficie sus conflictos más profundos, algunos de los cuales se remontan a la infancia. Entonces, es importante que el hombre no se enfade ni intente hallar soluciones sino tan solo escucharla y apoyarla, sabiendo que su estado de ánimo volverá a remontar. Cuando la mujer no se siente segura para adentrarse en esos estados de ánimo sin peligro, se esforzará por fingir que todo va bien pero, como contrapartida, se alejará emocionalmente del hombre y evitará la intimidad.

. Los hombres quieren espacio y sentirse libres para alejarse y regresar. Las mujeres quieren tener derecho a disgustarse y sentirse comprendidas.


- Ellos y ellas hablan el mismo lenguaje, pero lo utilizan de forma diferente

. Las mujeres son más emocionales y, a fin de expresar plenamente sus sentimientos, utilizan metáforas, generalizan y exageran. Los hombres son más racionales y, habituados a utilizar prioritariamente el lenguaje como un medio para transmitir hechos e información, suelen tomar lo que dicen las mujeres al pie de la letra y, de esta manera, se sienten fácilmente acusados o criticados. De esta manera, se generan a menudo discusiones y malos entendidos: ella tiene la sensación de que él nunca la escucha, y a él le parece que ella nunca está satisfecha.

. Las mujeres tienden, además, a utilizar un lenguaje indirecto. Así, por ejemplo, en lugar de decir: "Tengo frío, ¿te importaría bajar el aire acondicionado?" tienden a preguntar: "¿No te parece que hace un poco de frío?". O en lugar de: "¿Puedes ir hoy a recoger a los niños de la escuela?", dirán más bien: "Hace tiempo que no recoges a los niños". Los hombres, por su parte, tienden a interpretar las peticiones indirectas de las mujeres como una crítica, un resentimiento o, en el mejor de los casos, una observación neutra.

- A ellas les cuesta recibir, y a ellos, dar

. En general, a las mujeres les cuesta pedir y tienden a dar más de lo que reciben: eso les genera resentimiento hacia el hombre. Necesitan aprender a no dar más de lo que realmente quieren o pueden, y a darse permiso para pedir directamente y recibir. Y los hombres tienen miedo a dar porque se sienten juzgados por los resultados logrados, y temen no estar a la altura y fracasar. Necesitan aprender a dar aún a riesgo de equivocarse y decepcionar, darse permiso para cometer errores y darse cuenta de que no es preciso tener respuesta para todo.


- Ellas necesitan que se las quiera, ellos que les admiren y no los quieran cambiar. Ellas valoran los sentimientos y las relaciones, ellos valoran alcanzar metas y éxitos

. Para las mujeres, en general, son más importantes las personas y los sentimientos que alcanzar logros o tener éxito. Los hombres, en cambio, anhelan sobre todo sentirse reconocidos, admirados por sus logros, por lo que son capaces de "hacer". Las mujeres necesitan sentirse queridas, apoyadas a nivel emocional y comprendidas. Los hombres, sentir que hacen las cosas correctamente, que son eficientes; y no les gusta ser corregidos por medio de consejos, ni cuestionados sobre sus métodos.

 

MARTE Y VENUS SE ENCUENTRAN

- Cuando él se mete en su cueva...

. Es importante que ella no desapruebe su necesidad de retirarse a ella, que no intente ayudarle o formularle preguntas acerca de cómo se siente, que no intente meterse dentro de la cueva o esté esperándole a la puerta a que salga, que no se preocupe por él, que comprenda que no se la rechaza sino que simplemente son distintos, y que confíe en que si respeta su necesidad y no se preocupa demasiado, él regresará renovado y con ganas de volver a estar a su lado. Y que, mientras tanto, ella procure hacer algo por sí misma, algo que la haga feliz - leer un libro, escuchar música, salir con una amiga a cenar, pintar un cuadro, etc.-, de manera que su pareja no se convierta en la única fuente de satisfacción.

- Cuando ella se queja...

. Es importante que él no lo considere automáticamente como una exigencia o una culpabilización, y procurando comprender la necesidad de ella de compartir sus sentimientos de malestar con las personas queridas, la escuche de forma tranquila, sin interrumpirla con sus "soluciones" o poniéndose a la defensiva.


- Cuando él está en la cueva y ella en el pozo...

. Es importante que el hombre no se enfade e intente comprender su dolor, acepte su propia necesidad de alejarse y procure darle a ella la seguridad de que va a regresar y de que, entonces, podrá darle el apoyo que demanda. La mujer, por su parte, debería renunciar a la expectativa de que él la escuche siempre que desea hablar, dejarle partir con la confianza de que volverá y procurar, en estos momentos, hallar otras fuentes de apoyo: amigos, familia, etc.


- Para evitar una discusión improductiva...

. Los hombres suelen promover discusiones al invalidar los sentimientos de la mujer diciéndole que no debe preocuparse o sentir tal o cual cosa y/o interrumpiéndola con una serie de "soluciones" o movimientos defensivos. Entonces, las mujeres, al sentir la descalificación del hombre, se disgustan más. Y ellos a su vez, al sentir la desaprobación de la mujer, se enfadan también, etc. etc. Llegados a este punto, es importante que, tanto hombres como mujeres, eviten algunas actitudes habituales que, si bien pueden cortar la discusión, a la larga resultan contraproducentes y dañan la relación: a) Pelear, en un intento de intimidar al otro y hacer que ceda, b) Huir: retirarse a la cueva o encerrarse en un mutismo resentido, c) Fingir, haciendo como que no hay ningún problema e, incluso, llegar a creérselo uno mismo, d) Ceder, someterse.

. En lugar de eso, ante un tema polémico es conveniente: a) Escuchar procurando situarnos en el lugar del otro o, al menos con respeto, sin interrumpir, sin juzgar ni ponernos a la defensiva, lo que la otra persona, hombre o mujer, tiene que decirnos, b) Repetir con nuestras palabras lo que hemos entendido que la otra persona nos ha dicho, para comprobar que hemos captado correctamente el mensaje y para que él o ella perciban que les hemos escuchado de verdad, c) Preguntar, si no nos ha quedado claro, qué espera la otra persona de nosotros en la situación concreta que nos ha formulado, de una forma tranquila y receptiva, d) Elaborar nuestra propia respuesta, expresando nuestros sentimientos o nuestro punto de vista, de forma directa y respetuosa, procurando evitar los errores habituales antes mencionados: etiquetar, juzgar, culpar, zanjar el problema prematuramente, aprovechar para sacar todos los trapos sucios, invalidar los sentimientos del otro/la otra, huir, ceder, fingir, atacar, etc. A veces, puede ser simplemente decir "lo siento" o "lamento haberte disgustado con..." de una forma sincera y honesta.


- Para comunicar sentimientos difíciles...

. Una estrategia que sugiere John Gray, es escribir una "carta de amor":

a) Escribimos una carta a nuestra pareja expresándole todos nuestros sentimientos de ira, tristeza, disgusto, miedo y amor.

b) Escribimos una carta de respuesta en la que expresaremos lo que nos gustaría que nuestra pareja nos contestara.

c) Compartimos la carta de amor y su respuesta con nuestra pareja. Ella o él comparte la suya con nosotros.

. Otra estrategia consiste en utilizar la siguiente fórmula de comunicación asertiva:

. "Cuando tú... (haces o dices tal o cual cosa), yo me siento... (de tal o cual forma) y me gustaría que tú... (hicieras o dijeras esto o lo otro)". Por ejemplo: "Cuando tú dices que yo nunca te escucho, no comprendo lo que está ocurriendo y me siento culpable y confundido. Me gustaría que fueras más explícita y me dijeras cuando no te has sentido escuchada". O: "Cuando, después de todo un día de trabajo, yo me meto en la cocina para preparar la cena, y te veo a ti tumbado tranquilamente en el sofá viendo la tele, me siento resentida hacia ti. ¿Te importaría ayudarme un poco y así evitamos una bronca?". Fijarse que no es lo mismo decir "me siento..." que "me haces sentir...". En el primer caso simplemente damos información de cómo nos sentimos; en el segundo responsabilizamos directamente al otro.

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