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¿Pastillas o psicoterapia?

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Tras efectuar un amplio estudio sobre la salud mental, la OCU (organización de consumidores y usuarios) recomienda que sea la psicoterapia, y no la medicación, el tratamiento prioritario para personas que sufren de ansiedad y depresión menor. Antidepresivos y tranquilizantes, dicen, se prescriben con demasiada frecuencia. Anteriormente, otros estudios científicos ya han cuestionado la eficacia de los antidepresivos afirmando que en muchos pacientes sólo tienen un efecto placebo, tras comparar su efecto en grupos de pacientes a los que se administró medicación y placebo, con una mejoría muy similar.

También, David D. Burns, catedrático de Psiquiatría y Ciencias de la Conducta en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford comenta en su libro “Adiós ansiedad” que si bien es indudable que los factores genéticos y medioambientales ejercen una influencia importante en nuestra manera de pensar, sentir y comportarnos, no existen pruebas concluyentes de que la depresión y la ansiedad sean consecuencia de un desequilibrio químico del cerebro y que no es razonable afirmar que los medicamentos sean el tratamiento más eficaz para estos trastornos. Por el contrario, afirma Burns, las últimas investigaciones indican que  la psicoterapia, y no las pastillas, debería ser el tratamiento de elección para la depresión y la ansiedad, tanto a corto como a largo plazo. Ahora bien, añade, toda regla tiene sus excepciones y los psicofármacos pueden resultar útiles, e incluso imprescindibles,  para personas que sufren depresión o ansiedad graves pero han de combinarse con la psicoterapia para conseguir los mejores efectos. Para otros trastornos graves como, por ejemplo, la esquizofrenia y el trastorno bipolar sí se requiere medicación, si bien la terapia generalmente ayuda a obtener unos mejores resultados. En mi opinión, y de acuerdo con mi experiencia profesional al respecto, creo que la medicación puede ser más o menos adecuada a una situación en particular, y es tarea del psiquiatra decidirlo, pero no debería sustituir a la psicoterapia, siempre que sea posible hacerla. De lo contrario, puede suceder que la persona se habitúe a lo que es más sencillo, tomar una pastilla y, con ello, obtener un tratamiento paliativo que evite trabajar o profundizar en el origen del problema con lo cual la patología puede hacerse crónica y/o seguir un curso oscilante, apareciendo y desapareciendo (en intervalos de meses o años) en función del nivel de estrés de la persona, etc. Muchas veces, esto se da por falta de información: la persona cree que es la única manera posible de mejora que tiene, una falacia que, a menudo, es divulgada por los laboratorios farmacéuticos ya que, no lo olvidemos, existe un importante negocio en esto. A título de ejemplo, las estadísticas indican que desde el lanzamiento de los antidepresivos en EEUU en 1.988, aproximadamente unos 40 millones de personas han recurrido al Prozac. Y en Cataluña –cifras de julio de 2011- los antidepresivos suponen casi el 18 % del gasto de recetas. El principal problema radica, al parecer, en que los laboratorios, por lo general, sólo publican aquellos estudios que favorecen su eficacia y esconden los datos que no la avalan. Es por ello que el National Institute for Health and Clinical Excellence, del Reino Unido, recomienda a los facultativos que intenten otros métodos antes de prescribir esos fármacos. Otras veces el es coste de una psicoterapia – no sólo en dinero sino también en tiempo y en esfuerzo personal-  lo que echa para atrás al paciente, y más en esos tiempos de crisis: como decía en una anterior entrada de este blog, el cambio –como todo en la vida- tiene un precio, que por más que queramos no podemos eludir, al menos, hasta cierto punto. No obstante, hoy en día la psicoterapia ha evolucionado y ya no se suelen requerir tratamientos largos y prolongados como antes sino que pueden conseguirse los mismos resultados, o mejores, en períodos de tiempo más breves. Asimismo es posible que la persona desconfíe de los psicólogos por haber tenido una mala experiencia terapéutica anterior. Esto puede ser debido a problemas de comunicación o rapport entre el terapeuta y el paciente pero también hay que señalar que no todas las psicoterapias tienen el mismo nivel de eficacia y que es importante encontrar el tratamiento más adecuado para cada caso. Personalmente, y a pesar de que soy partidario de integrar diferentes orientaciones teóricas en la medida de lo posible, considero que la terapia cognitivo-conductual es una de las que cuenta con mayor validación empírica y que incluye una mayor variedad de estrategias y técnicas con lo que permite una mayor flexibilidad de intervención. De todas maneras, con ello no quiero quitar mérito a muchas otras igualmente válidas y recalcar que, en última instancia, la terapia no es sólo una cuestión de técnicas y “herramientas” sino y, sobre todo, de profesionales que las aplican y que se implican. No olvidemos que  la psicoterapia es un proyecto de colaboración mutua entre terapeuta y paciente, en el que cada uno debe dar lo mejor de sí para llevarlo a buen puerto.