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Manejar el malestar emocional


malestar emocional
Podemos sentir diversas emociones, algunas agradables
como la alegría, la sensación de felicidad, bienestar o calma internos, etc. y otras desagradables como ansiedad, depresión, culpa, vergüenza, rabia, tristeza, etc.

Todas ellas, incluso las que no nos gustan y consideramos “negativas”, cumplen una función importante si son adecuadas al contexto. Por ejemplo, sentir rabia ante una injusticia nos ayuda a poner límites y protegernos; sentir culpa o vergüenza cuando hemos actuado mal, a rectificar y corregir nuestros errores. Por tanto, solamente debemos intentar librarnos de ellas cuando no cumplen una función útil, es decir, cuando no son apropiadas al contexto bien por sus características o por la intensidad (desproporcionada) con que las sentimos.

Así, por ejemplo, sentir un miedo intenso (fobia) a ir en avión, no estaría proporcionado a la peligrosidad de la situación y, por ello, no cumpliría una función útil al igual que esas alarmas de coches que se disparan sin motivo.

Entonces, cuando nos sentimos emocionalmente mal y deseamos hacer algo para estar mejor, debemos proceder de la siguiente manera:

1)      En primer lugar, preguntarnos si la emoción es apropiada o no a la situación que estamos viviendo.

2)      Si creemos que es apropiada, tal vez no tengamos que hacer nada, simplemente dejar que fluya en nosotros y siga su curso natural. Por ejemplo, si sentimos tristeza por la muerte de un familiar cercano, lo más que podemos hacer es compartirla con otras personas de nuestro entorno: no sería conveniente en este caso, intervenir para quitarnos el malestar cómo sea y acortar el período natural de duelo. O si sentimos rabia por una situación injusta, dejar también fluir esa rabia y canalizarla de forma sana, por ejemplo reclamando nuestros derechos si ello es posible o tomando medidas para evitar que la injusticia se repita en el futuro: no deberíamos, por el contrario, descargar esa rabia con la persona que tengamos más cerca o con nosotros mismos.

3)      Y si percibimos que no lo es, entonces deberíamos intentar llevar a cabo alguna acción o acciones para frenarla o contrarrestarla. Por ejemplo, si tenemos una fobia, intentar afrontarla y/o buscar ayuda profesional. O si, estamos muy enfadados con alguien pero creemos (o todo el mundo nos dice) que estamos exagerando, revisar nuestra interpretación de los hechos, preguntarnos hasta qué punto puede ser correcta o no e intentar considerar otros puntos de vista alternativos.

En resumen:  a) Hay emociones agradables y desagradables pero todas las debemos examinar y tener en cuenta. No es bueno “despacharlas” sin más, sin haber captado el mensaje que nos intentan transmitir y evaluado si es preciso hacer algo o no.    b) No podemos dejar de sentir lo que sentimos, bueno o malo, pero sí podemos canalizarlo de maneras diferentes, funcionales o disfuncionales y ahí radica nuestro espacio de maniobra, nuestra “libertad” como personas,      c) A nadie se le puede culpar por lo que siente, pero sí por lo que hace con esos sentimientos.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos online, psicólogos Vilassar de Mar