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Lo que puede facilitar u obstaculizar la psicoterapia y el desarrollo personal

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facilitar u obstaculizarSi bien está claro que el psicólogo debe poseer unas actitudes, conocimientos profesionales y experiencia determinados para poder llevar una psicoterapia con éxito, no es menos cierto que también el paciente o cliente juega un papel importante en el curso de la misma a través de sus actitudes, creencias y expectativas.

En este sentido, lo que en mi opinión PUEDE OBSTACULIZAR la psicoterapia sería:

-       Confundir el alivio del síntoma con la solución definitiva del problema, con el cambio auténtico. Creer que en el momento en que nos sentimos un poco mejor, en que la ansiedad ya ha bajado de manera significativa, en que hemos resuelto la “urgencia”, la terapia ya está terminada,  sin haber trabajado los problemas de fondo.

-       Una actitud culpabilizadora. Culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros problemas, esperar que sean los otros quienes cambien.

-       Una actitud de baja implicación. Esperar que el terapeuta nos de la “solución” con un mínimo de esfuerzo e implicación por nuestra parte (“sólo contando lo que me pasa…”), no dedicar tiempo a hacer las tareas o hacerlas con desgana, de manera muy superficial o siguiendo las pautas “a nuestra manera”, llegar tarde a las sesiones o saltarse algunas, etc.

-       Una actitud victimista. Estar dispuestos a quejarnos pero no a actuar, pensar constantemente que no podemos, tirar la toalla a la mínima dificultad o frustración, etc.

-       Una actitud escéptica, derrotista frente a la terapia y a la propia capacidad de cambio. O, por el contrario, el espejismo del cambio rápido y fácil. Esperar soluciones “mágicas” que nos eviten transitar por las necesarias y, a veces dolorosas, etapas del cambio. Creer que en un tiempo récord hemos de poder deshacer todos los “nudos” en que nos hemos ido enredando a lo largo de nuestra vida.

-       Una actitud evitativa. Evitar meternos en temas difíciles o dolorosos y/o esperar que todo se resuelva “hablando” sin tener que pasar a la acción.

-       Una actitud de “si, pero…” que lleva a dar vueltas en círculo.

-       Formular demandas demasiado abstractas, confusas o poco realistas. Por ejemplo, querer ser feliz, no tener nunca ansiedad, saber vivir, etc.

-       Evitar formular objetivos concretos, dejándolo todo demasiado “abierto”, demasiado disperso como un barco que navega a la deriva, sin rumbo fijo (“hoy hablamos de esto, mañana de aquello”, abrir muchos temas sin profundizar en ninguno)

-       No tolerar el fracaso, los errores que nos ayudan a aprender: “lo haré sólo si estoy seguro/a de que saldrá bien”

-       Dejar la terapia de forma abrupta, sobre todo después de unas pocas sesiones. En mi opinión, es importante dar opción por lo menos a una última sesión de “cierre”.  Y ello, por varios motivos:   a) los actos impulsivos, no suficientemente meditados, nos pueden llevar fácilmente a decisiones erróneas, a menudo motivadas más por el deseo de “huir de” que de “afrontar” o “resolver”,    b) cortar la terapia de golpe puede dejar asuntos importantes “abiertos” (como abrir una herida y no coserla) con los problemas que eso pueda conllevar: confusión, etc.     c) dejar la terapia es especialmente tentador en momentos clave del proceso, momentos que quizás están exigiendo más coraje, más esfuerzo y más implicación o compromiso; y dejarlo ahí, aunque a corto plazo puede ser un alivio, posteriormente te puede dejar el sabor amargo del fracaso, la triste “confirmación” de que nadie te puede ayudar y, junto con todo ello, una interpretación errónea de lo que es realmente una psicoterapia y de las herramientas y recursos que te pueden ayudar (si conoces todos los pasos y los pones en práctica durante el tiempo suficiente)

Y lo que la PUEDE FACILITAR:

-       Una actitud de máxima implicación, de poner “toda la carne en el asador”, de estar dispuestos a lo que sea para conseguirlo, de no dar un paso atrás pase lo que pase, de arriesgarnos al 100 %, de no detenernos antes de llegar a la meta.

-       Una actitud esperanzada, confiada, realista: “aunque no sea fácil, si quiero y pongo en ello todo mi esfuerzo, puedo conseguirlo”

-       Una actitud responsable: “aunque los demás puedan ayudarme, el cambio depende básicamente de mí”, “no puedo hacer cambiar a los demás, pero puedo cambiar yo”.

-       Dar(se) un voto de confianza, evitar actitudes hipercríticas (con uno mismo, con el terapeuta y con el mundo en general)

-       Plantear(se) un objetivo u objetivos terapéuticos realistas y concretos.

-       Una actitud abierta a la experimentación y al cambio, una actitud de “voy a probar, aunque no esté del todo convencido/a”: “si lo que he hecho hasta ahora no ha funcionado o no ha funcionado suficientemente bien, he de probar otras cosas; haciendo más de lo mismo, no cambiaré nada”, “antes de decidir que una cosa no va a funcionar, necesito probarla; de lo contrario, puede que me esté engañando a mí mismo/a con razonamientos dictados por el miedo”

-       La consciencia de que lo más cómodo o agradable para mí (a corto plazo) no es necesariamente lo mejor (a medio y largo plazo).

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online