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La trampa del pensamiento positivo

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pensamiento positivo

En su libro “Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo”, Bárbara Ehrenreich nos alerta de los peligros de una fuerza ideológica y cultural originada en EEUU, y muy en boga en el momento actual, que promueve un tipo de “pensamiento positivo” que nos anima a negar la realidad y entrar en un mundo “mágico” en el cual, mediante una ley de atracción semejante a la fuerza de la gravedad (ver “El secreto”), se cumplen todos nuestros sueños tan sólo si somos capaces de desearlos y creer en ellos con la suficiente convicción.
En ese mundo, concluye la autora:

-      No hay crisis, ni paro, sólo ceguera o negatividad ante las nuevas oportunidades (véase, por ejemplo, “¿Quién se ha llevado mi queso?” de Spencer Johnson)

-      No hay injusticias de ningún tipo: cada uno es responsable de su vida, y no le puede echar la culpa a los demás.

-      No hay pobres, sólo personas que le tienen miedo al dinero (véase, por ejemplo, “Piense y hágase rico”, de Napoleón Hill y muchos otros)

-      El dolor, las frustraciones y las enfermedades son tan sólo producto de nuestra negatividad y de nuestros problemas emocionales.

-      Si controlamos nuestros pensamientos, casi podemos ser omnipotentes.

-      Todo el mundo puede ser feliz, si se atreve a serlo. Las circunstancias sólo juegan un papel secundario.

Y mientras tanto…

-      La brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor. Las injusticias, la corrupción, etc. van creciendo impunemente.

-      Muchas personas se tragan el “sapo”, se resignan a su suerte sin rebelarse contra las injusticias y, encima, se sienten culpable de ser unos “perdedores”

-      Alrededor del pensamiento positivo, ha surgido una industria millonaria: cursos motivacionales para empresas o particulares, libros, cds… y gurús de todo tipo están creciendo como las setas.

-      La gente demasiado crítica es apartada de ciertos centros de poder (ámbito económico, político, académico, etc.): es una amenaza de la que hay que librarse

Es una especie de epidemia de autoengaño y megalomanía, que exalta los intereses del individuo frente a los de la comunidad, la competitividad frente a la cooperación, el egocentrismo frente a una visión más global de las cosas, el pensamiento mágico frente al pensamiento científico (más crítico y basado en evidencias) y que, bajo la falsa apariencia de un pensamiento muy evolucionado y progresista, en realidad viene a ser el guardián (disfrazado) de los intereses ultraconservadores de la élite económica y política que controla el mundo.

La alternativa a ese pensamiento falsamente “positivo”, según la autora, y que coincide plenamente con mi opinión, no es la desesperanza o el pensamiento negativo, sino el pensamiento realista crítico, aquel que es capaz de valorar la realidad sin distorsionarla ni en un sentido ni en otro, que percibe los recursos pero también las limitaciones y los obstáculos, y que se esfuerza por conseguir objetivos valiosos para uno mismo y/o para los demás, sabiendo que no es un camino fácil y que no somos omnipotentes, y que las circunstancias y el contexto social y cultural también tienen un peso importante en nuestra felicidad y que no podemos ni debemos obviarlos.

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Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online.