:::: MENU ::::

La felicidad obligatoria

sonrisas falsas“Vivimos en una sociedad del bienestar, en la que parece que tenemos prohibido sentirnos mal… Nunca en toda la historia de la humanidad, ha habido índices tan altos de depresión ni mayor consumo de ansiolíticos y antidepresivos, como en estos tiempos nuestros en los que la felicidad enlatada y uniformada parece que es obligatoria” (María Michelena: “mujeres que lo dan todo a cambio de nada”)

Parece que todos tenemos que ser felices por decreto. Y si no lo eres, es porque no pones de tu parte lo que hay que poner o no lo deseas de veras.

Es decir, encima de sentirte infeliz, debes sentirte culpable. Multitud de libros de “autoayuda” apoyan estas aseveraciones. Algunos, bastantes, lo disfrazan con citas filosóficas o argumentos pretendidamente científicos. Pero la conclusión viene a ser la misma: “si no eres feliz es porque no te esfuerzas lo suficiente”.

Lejos queda aquello de que “la vida es un valle de lágrimas”. Hoy, en esta época de falso triunfalismo (importado en gran parte de la cultura estadounidense), nos hemos ido al extremo opuesto: todo es posible, si lo deseas realmente, pide un deseo y te será concedido. Hemos nacido para ser felices, es más, tenemos el deber de serlo.

Parece que con la felicidad ocurre algo parecido a lo que cierto psicólogo en una ocasión dijo, medio en broma, medio en serio sobre el sexo: “cuando era pecado, se disfrutaba más, ahora a menudo se convierte en una obligación más, en la que debemos esforzarnos por estar a la altura y ser competitivos”. Algo de verdad hay en todo esto.

Y luego están las estadísticas:  cada vez hay más gente con depresiones, trastornos de ansiedad, etc. ¡Qué paradoja! Parece que cuánto más felices “deberíamos” ser, menos lo somos.

Conclusiones personales:

-     La felicidad no se puede imponer, tampoco se puede comprar ni se obtiene tan sólo deseándola.

-     La felicidad no se puede producir químicamente, mediante drogas (aunque estén legalizadas).

-     La felicidad es la otra cara de la moneda del dolor y del sufrimiento necesarios (no inútiles). Y no puedo haber lo uno sin lo otro. Son dos polos que se complementan y se dan sentido mutuamente.

-     No se puede prohibir la alegría, pero tampoco se puede prohibir o censurar la tristeza (cuando toca).

-     Nos están vendiendo una felicidad edulcorada, insulsa, de lata, a la medida de la sociedad consumista actual, hipnotizada por falsas promesas de paraísos que no son más que espejismos fabricados a la medida de los intereses de unos cuantos.

-     Tenemos muchos recursos para sentirnos bien, para conseguir nuestros sueños, pero también tenemos muchos obstáculos (internos y externos).

-     La felicidad no se encuentra persiguiéndola activamente, sino mediante acciones que procuren darle sentido a nuestras vidas y… en la medida de lo posible, a las de los demás.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online