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La búsqueda de la felicidad

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felicidadMucho se habla de la felicidad en libros de autoayuda, medios de comunicación, etc. Hoy en día, se considera una legítima aspiración de todos los seres humanos. Pero, ¿cómo se consigue? A nivel social, se dan tantas injusticias y conflictos que casi parece una broma que nos lo planteemos:  en cualquier caso, dependerá de hasta donde seamos capaces de luchar para hacer respetar nuestros derechos básicos y hasta donde llegue nuestra creatividad y coraje para construir nuevos modelos sociales y económicos, más justos y solidarios. A nivel individual, no obstante, sí tenemos herramientas para poder vivir mejor y sentirnos mejor (y cuando lo consigamos a nivel individual, a nivel social también será más fácil).

Resumiendo las aportaciones de muchos estudiosos del tema, podemos decir que lo que LA FACILITA es:

-       Cultivar buenos pensamientos, potenciar un diálogo interno sano y eliminar la “cháchara” mental que nos llena de ansiedad y nos desenergetiza. Como dice Rimponché, la felicidad está en la mente, en los pensamientos: la mente es la que crea el mundo, nuestro mundo particular. O como dijo de forma parecida Marco Aurelio: nuestros pensamientos crean nuestra realidad.

-       Aceptar la adversidad como parte de la vida, ser conscientes de que toda vida, por más plena que sea, tiene también una dosis de sufrimiento ineludible: se trata de evitar al máximo el innecesario y aceptar el inevitable.

-       Escuchar y aceptar nuestras emociones y estados de ánimo. Y actuar para canalizarlas de la mejor manera posible. Por ejemplo, si sentimos rabia debemos en primer lugar, aceptarla, y en segundo, pensar si ésta nos está indicando que debemos poner límites a alguna situación injusta, potenciar nuestra tolerancia a la frustración, efectuar algún cambio en nuestras vidas, etc.

-       Actuar, en la medida de lo posible, para eliminar o reducir aquellas cosas que nos están haciendo daño, nos hacen sentir mal, etc. en lugar de quedarnos anclados en la queja y el victimismo. Hacer nuestra parte para que todo funcione mejor, en lugar de buscar siempre culpables externos. Y para aquello que no podamos cambiar, aceptarlo de la mejor manera posible intentando ver también su lado positivo.

-       Cuidar nuestro cuerpo a través de una dieta equilibrada y saludable, ejercicio físico moderado, pautas higiénicas de sueño, paseos por la naturaleza, etc.

-       Correr riesgos para ir ensanchando, poco a poco, los límites de nuestra zona de comodidad, en lugar de quedarnos anclados en el miedo, el conformismo y la resignación. Tener coraje para vivir la vida que de verdad queremos vivir. Hacer frente a los temores que nos bloquean.

-       Entender que nuestra felicidad y bienestar personal están también ligados a otras personas y, por tanto, cuidar y potenciar relaciones significativas con los demás.

-       Vivir el presente con la mayor intensidad posible, evitando preocupaciones estériles o excesivas acerca del pasado o el futuro. “Vivir” en lugar de querer controlarlo o entenderlo todo.

-       Elegir qué valores son realmente importantes para nosotros, y procurar vivir de acuerdo con ellos evitando dejarnos deslumbrar o subyugar por aquellos que nos han inculcado pero que no son valiosos para nosotros ni para crear una sociedad más justa y equilibrada (por ejemplo, el consumismo desaforado, la competitividad salvaje, etc.)

-       Descubrir que nos mueve, nos motiva, da sentido a nuestras vidas. Estar atentos a todo aquello que nos hace sentir más vivos, que nos energetiza y potenciarlo.

-       Potenciar la autodisciplina, la fuerza de voluntad para perseverar en aquellos objetivos que consideremos valiosos para nosotros, Hay, incluso, placeres que requieren de un esfuerzo previo para poder disfrutarlos: por ejemplo, el placer por la buena lectura no se consigue de un día para otro ni comprando los best sellers del momento, sino que se ha de ir cultivando poco a poco.

-       Transformar los grandes objetivos en pasos pequeños y asequibles.

-       Potenciar más el “ser” que el “tener”. Nuestra felicidad está más en nuestro interior, en lo que somos, que en lo externo. Ser conscientes de que lo que “deseamos” (o nos han hecho desear) no siempre es lo que “necesitamos”, aquello que nos llena y da sentido a nuestras vidas.

-       Dedicar tiempo a reflexionar, a crear espacios de soledad e “intimidad” con nosotros mismos, en lugar de intentar estar siempre acompañados o distraídos con algo. En esos momentos, podemos por ejemplo meditar, escribir un diario, reflexionar sobre los acontecimientos del día, pasear por la naturaleza, etc. Vamos, como dice el maestro espiritual Gurujisrivast, por una autopista a mucha velocidad sin estar seguros de estar en el camino correcto y necesitamos un pequeño espacio para apartarnos de la carretera de vez en cuando y mirar el “mapa”.

-       Equilibrar el recibir con el dar, nuestras demandas con nuestras aportaciones. El exceso tanto en un sentido como en otro puede crearnos infelicidad.

-       Tener recursos internos para que las fuentes de angustia del mundo exterior nos perturben menos.

-       Procurar estar “despiertos”, conscientes en oposición a vivir la vida como autómatas. Para ello, es preciso potenciar ciertos hábitos como la búsqueda personal y la duda razonable en lugar de comprar certezas o dogmas prefabricados, etc. Y procurar ampliar en lo posible nuestro campo visual con buenas lecturas, experiencias vitales, enseñanzas de personas más sabias que nosotros, contrastando informaciones de diferentes procedencias, etc.

-       Potenciar el sentido del humor. El humor, bien entendido, es como una “transgresión” que nos mueve a una interpretación distinta (y menos dramática) de las cosas, que nos permite relativizar y nos protege contra todo lo que nos niega la alegría de vivir.

-       Equilibrar las pasiones con la razón, la mente con el corazón, el pensar con el actuar, etc. Procurar movernos siempre entre las polaridades, entre los extremos recordando que las cosas no son “blanco” o “negro” sino que tienen muchos matices.

-       Intentar trabajar en lo que nos gusta. Como dice Raimon Panikkar, el que trabaja sólo por dinero es un esclavo. Aunque, desgraciadamente, en la época actual con tantas personas en paro o malviviendo con trabajos precarios esta afirmación pueda parecer una utopía, no creo que lo sea realmente, no creo que debamos abandonar el derecho a un trabajo digno y que aporte sentido a nuestras vidas. Hoy una nube cruza el horizonte, pero mañana las cosas pueden ser diferentes… si luchamos por ello, si creemos en ello.

-       Preocuparnos menos por el “yo, yo, yo” y más por el “nosotros”. O equilibrar el “yo” con el “nosotros”, como prefieras.

-       Estar dispuestos a “fracasar” más para “triunfar” más también. Los errores nos enseñan y son inevitables. Sólo el que no hace nada, nunca se equivoca.

-       Compartir (de forma razonable) nuestras preocupaciones con los demás. Aceptar consejos y que nos cuiden algunas veces.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online