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Fobia social o trastorno de ansiedad social

La fobia o trastorno de ansiedad social se caracteriza por un miedo acusado y persistente a ser juzgado por otros o/y a sentirse avergonzado o humillado en una interacción social. El temor, como dijimos en una entrada anterior, puede ser generalizado a un gran número de situaciones sociales o limitarse a algunas de ellas (por ejemplo, a interactuar con un grupo, a acercarse a personas del sexo contrario, a comer delante de otras personas, etc.). Asimismo, suele estar centrado en algún aspecto concreto de la presentación o actuación de la propia persona (por ejemplo, a mostrar síntomas de ansiedad, cometer algún error o actuar de alguna otra forma que se perciba como humillante.

Por lo general, el fóbico social evita todas aquellas situaciones sociales que le provocan un alto grado de malestar. Y si no le es posible evitarlas, puede experimentar mucha ansiedad. Las principales manifestaciones de la fobia social se caracterizan por: La proporción es de tres mujeres por cada dos hombres afectados. La edad media de aparición se sitúa alrededor de los 13 años, si bien algunas personas dicen haberla sufrido durante toda su vida. Si no es tratada, suele adoptar un curso crónico, y puede producir un deterioro grave en el funcionamiento social que puede obstaculizar o interferir seriamente en actividades normales de la vida cotidiana. Suele asociarse, además, a mayores índices de dependencia económica (ya que puede afectar negativamente al terreno laboral) Una gran mayoría de personas con ese trastorno nunca solicitan tratamiento. Y los que sí lo solicitan suelen hacerlo alrededor de 16 años después de su aparición. Ello parece ser debido, en gran parte, a que la persona lo atribuye con frecuencia y erróneamente a fallos de personalidad que no se pueden corregir y/o le da vergüenza exponer sus temores a un terapeuta por miedo a ser juzgado o sentirse humillado de alguna manera. Con frecuencia, viene acompañado de otros trastornos: depresión, agorafobia, abuso de sustancias, trastorno de ansiedad generalizada, etc. Parece ser que en parte se debe a factores genéticos, así como a posibles sucesos traumáticos u otras adversidades acaecidas durante la infancia, estilos negativos de atención por parte de los progenitores (como sobreprotección, agresiones verbales, etc.) o psicopatologías diversas de aquellos (entre ellas, la propia fobia social no tratada de uno de los padres) El modelo cognitivo sostiene que:      1) la evitación generalizada de la interacción social es la piedra angular que sostiene ese trastorno ya que, si bien a corto plazo, contribuye a reducir o eliminar la ansiedad, a medio y largo plazo, provoca un empobrecimiento generalizado en la vida de la persona al limitarle en muchos ámbitos de actuación, así como un desánimo y frustración que fácilmente se puede convertir en depresión,    2) la atención exageradamente centrada en sí mismos cuando están en una situación social, provoca un aumento de los síntomas de ansiedad y aumenta la probabilidad de una actuación más pobre, lo cual tenderá a confirmar los propios temores de vulnerabilidad personal e inadaptación social,        3) el fóbico social es propenso a concluir que su actuación y la percepción de los demás han sido mucho más negativas de lo que lo han sido en la realidad, y tiende a exagerar o inventar las señales de rechazo y a minimizar o ignorar las señales de aprobación o aceptación que los demás le mandan,     4) una vez terminada la interacción, muchos tienden todavía a revisar y reeavaluar obsesivamente el resultado de su interacción, haciéndose una crítica feroz a sí mismos, lo cual no hace sino aumentar todavía más su malestar. TRATAMIENTO En primer lugar, hay que decir que la fobia social se puede tratar, que no hay que resignarse a ella en absoluto y que, en mi opinión, la terapia cognitivo-conductual lidera uno de los mayores índices de éxito en ese trastorno. Los muchos estudios e investigaciones efectuadas así lo avalan. No debe confundirse la fobia social con un “rasgo de personalidad” como puede ser la introversión (tan válida como su contraria, la “extroversión”). La fobia social es, digámoslo una vez más, un “trastorno” que viene a ser como una timidez radical originada por factores diversos (enumerados en el apartado de características) y mantenida por la evitación (de situaciones sociales que se perciben con ansiedad anticipatoria) y, a veces, también por una carencia de ciertas habilidades sociales. El tratamiento cognitivo-conductual se centra básicamente en:    1) reducir la ansiedad anticipatoria de ciertos acontecimientos sociales,    2) contrarrestar el exceso de atención dirigida a uno mismo cuando se está interactuando con los demás, y redirigirla al contexto,    3) mejorar las habilidades sociales,    4) mejorar la autoestima, eliminado o reduciendo la tendencia a la autocrítica exagerada y a la evaluación negativa de uno mismo,     5) fortalecer la tolerancia a la ansiedad y promover la “exposición” a las situaciones sociales temidas en lugar de evitarlas, de una forma progresiva y adecuada al ritmo de cada persona.