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El color de mi cristal

El color de mi cristal, terapia cognitivo-conductual

  • “Y es que en el mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” (Ramón de Campoamor)

“No nos afecta lo que nos sucede… sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede” (Epícteto)

A través del poeta Ramón de Campoamor, y del filósofo de la antigua Grecia, Epícteto, tenemos dos verdades que se complementan entre sí:

1)    Vemos las cosas según el color de las lentes (mentales) con que las observamos, es decir, según nuestra particular manera de ver la realidad conformada a través de los años por múltiples experiencias vividas, creencias, prejuicios, etc. así como por nuestro estado de ánimo y circunstancias actuales. En otras palabras, toda percepción, toda conclusión viene siempre “coloreada” por nuestra propia subjetividad,  estamos irremediablemente condicionados por nuestra particular manera de ver las cosas.

2)    De acuerdo con esta mirada, que no es más que una “interpretación” de la realidad,  nos sentimos de una forma o de otra: tristes, alegres, temerosos, esperanzados, frustrados, con rabia, amorosos, etc. Claro que las circunstancias “objetivas” de nuestro entorno nos inclinan también a sentir de un modo u otro, pero no son determinantes al 100%, es decir están moldeadas por nuestra subjetividad. Y ahí, es donde tenemos un espacio de libertad que nos permitirá tomar una actitud u otra. Con la mente, convenientemente entrenada, podemos reinterpretar esta realidad externa, estas circunstancias que nos han tocado vivir, de una forma que nos ayude a sentirnos mejor, a vivir mejor.

Tendemos a pensar que las cosas sólo se pueden ver de una manera, y que aquella en que nosotros la percibimos es la única posible, pero… la “verdad” tiene muchas caras, la realidad es siempre compleja y las cosas se pueden contemplar desde múltiples perspectivas -a menudo, complementarias entre sí- , algunas más acertadas que otras tal vez pero ninguna que pueda explicarlo todo.

  • El cuento de los seis ciegos y el elefante

Seguramente habrás oído el cuento de unos ciegos que yendo por una carretera polvorienta, y guiados por un amable caballero que les hacía las veces de guía, se encontraron de pronto con un elefante, animal del que no tenían conocimiento alguno. El guía les sugirió que palparan el animal y que, a través de sus sensaciones, describieran cómo era. Llenos de alegría, los ciegos se acercaron al enorme animal y lo tocaron. Al cabo de un instante, el elefante, irritado, se marchó corriendo. Entusiasmados, los ciegos describieron su experiencia. Uno de ellos, que había palpado una pata del paquidermo exclamó: “oh, el elefante es una bestia maravillosa, es como un gran árbol, pero fuerte como una roca” No, replicó el segundo que había tocado la trompa: “el elefante es como una gran serpiente que se mueve lentamente hacia atrás y hacia adelante”. “Imposible!”, gritó otro que había tocado la oreja del animal: “el elefante es como una enorme hoja de árbol, amplia y delgada”. El cuarto, a su vez, recordando la cola del elefante, dijo: “era un animal en forma de rama, largo y delgado”. El quinto, no acorde con las explicaciones de los demás, Protestó: “no, es como un enorme muro”, ya que había palpado el elefante por el costado. Y los cinco ciegos, entraron en una violenta discusión sobre cuál era la naturaleza de los elefantes hasta que, finalmente, molestos y decepcionados por la “ignorancia” de los demás, cada uno tomó diferentes direcciones y no se volvieron a hablar.

  • La terapia cognitiva

La terapia cognitiva sostiene que ante una situación que nos estresa o nos produce malestar, tiene una gran importancia la valoración o interpretación que hacemos de la misma, aquello que “nos decimos” a nosotros mismos de dicha situación y que ello afectará a cómo nos sentimos y condicionará nuestra manera de actuar.

Por ejemplo, si cometo un error en el trabajo y mi jefe me echa una bronca, me sentiré y actuaré de forma diferente según crea (me diga a mi mismo) que soy un desastre y no hago nada bien, que mi jefe es un borde o que debo ser más cuidadoso con tal o cual cosa. En este caso, la última opción probablemente sería la más equilibrada.

En función de nuestro pasado, de las experiencias vividas, de la familia que hemos tenido, de los valores en que hemos sido educados, etc. tendemos a interpretar las cosas de una manera u otra, a mirar la vida desde diferentes perspectivas. Es decir, el cristal de nuestra lente mental tiñe la realidad de un color o de otro. Esto, junto a la posibilidad de ver las cosas diferentes según el ángulo desde el que observemos, de que no hay una única “verdad” objetiva, hará posible múltiples interpretaciones, algunas más “límpidas”, otras más “contaminadas”.

El objetivo de la terapia cognitiva es lograr que nuestros pensamientos, nuestro diálogo interior:

1)    Se ajuste lo máximo posible a la realidad, con el mínimo de distorsiones y prejuicios posible.

2)    Vaya más encaminado al “¿qué puedo hacer?” (orientado al cambio) que al “¿por qué me pasa esto a mí?” (orientado al pasado) o a conclusiones victimistas del tipo “es insoportable que me pase esto”, “nunca voy a poder…”, etc.

Es decir, se trata de que nuestra mente juegue a nuestro favor y no en contra. No es que tengamos que ver la vida de color de rosa, pero sí a través de un cristal lo más transparente posible y enfocados a cambios constructivos en nuestra vida. En este sentido, claro está que es mejor ver el vaso “medio lleno” que “medio vacío”, pero lo grave es que lo veamos totalmente vacío (visión catastrofista) o “totalmente lleno” (visión fantasiosa, maníaca). En ambos casos, nos situamos fuera de la realidad y eso es siempre peligroso.

Una de las herramientas para conseguirlo es el llamado diálogo socrático, una técnica de la terapia cognitiva que mediante preguntas dirigidas por el terapeuta, intenta poner en evidencia los errores en la forma de procesar la información y efectuar una reinterpretación de los datos más ajustada a la realidad, más flexible y dirigida en lo posible a promover cambios positivos en nuestra vida.

La psicoterapia cognitivo-conductual está orientada a modificar el pensamiento o diálogo interno y la conducta. Es de corta duración, en comparación con otras modalidades de terapia y posee, además de la técnica mencionada (diálogo socrático) una amplia variedad de estrategias aplicables a todo tipo de patologías, y de fácil adaptación a las particularidades y necesidades concretas de cada persona. Está enfocada en el presente más que en el pasado, y en objetivos concretos acordados entre el terapeuta y el paciente, y se centra más en la búsqueda de soluciones que en teorías sobre el origen de los problemas. Entre sesiones, se dan tareas para efectuar en casa con el objetivo de potenciar el trabajo terapéutico e incorporar los recursos aprendidos a la vida cotidiana. Es una de las terapias más validadas empíricamente, y con uno de los porcentajes más altos de tratamientos exitosos. Se ha demostrado especialmente útil en trastornos de ansiedad, depresión, fobias, TOC, esquizofrenia, etc.

Puedes pedir más INFORMACIÓN para tu caso particular a Josep Planas- psicólogos Barcelona.