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Dime cómo piensas y te diré cómo sientes

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 Pensador “No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede” (Epícteto, filósofo griego)

De manera similar a Epícteto, la terapia cognitiva sostiene que ante una situación que nos estresa o produce malestar tiene una gran importancia la valoración o interpretación que hacemos de la misma, lo que nos decimos a nosotros mismos. Evidentemente, contarán también otras cosas como los recursos de que dispongamos para hacerle frente, el apoyo del entorno, etc. Pero aquí nos centraremos en la importancia de nuestro “diálogo interno” y en cómo éste juega un papel determinante en cómo nos sentimos y cómo reaccionamos.

Pongamos un ejemplo: ante el mismo hecho = “mi jefe se enfada conmigo” :

-        1) Pienso que podría despedirme,     2) Siento temor y ansiedad,   3) Me disculpo mucho, me comporto de forma sumisa

-        1) Pienso que es un borde,                 2) Siento rabia                       3) Le replico de forma malhumorada

-        1) Pienso que soy un desastre,           2)  Me deprimo,                     3) Me disculpo mucho, etc.

-        1) Pienso que no tiene mucha importancia pero que debo ser más cuidadoso en…         2) Siento un poco de frustración,                  3) Repaso más el trabajo antes de dárselo

Tenemos, no obstante, la percepción de que hay una relación lineal, de causa-efecto, entre lo que nos ocurre y lo que sentimos. De manera que tendemos a pensar:

-        Mi jefe se enfada conmigo (hecho) à necesariamente tengo que sentir X  (paso por alto mis pensamientos al respecto, o no les doy importancia)

Y entonces, solemos decir erróneamente que “mi jefe me ha hecho sentir…” en lugar de “mi jefe se ha enfadado conmigo y yo he sentido…” Cuando pensamos de esa manera, es decir, atribuyendo nuestro malestar o bienestar únicamente a circunstancias externas, entonces parece que éstas dominan nuestra vida y que no podemos hacer nada para sentirnos mejor. Por ejemplo, si Jacinto piensa que “los días de lluvia son deprimentes”, se sentirá deprimido cuando llueva y atribuirá erróneamente sus sentimientos al estado del tiempo, pensando que no tiene otra opción que sentirse deprimido o triste hasta que el tiempo mejore. Pero, ¿y si pensara que los días de lluvia son fantásticos para quedarse en casa al calor del hogar leyendo un buen libro? ¿se sentiría igual? Es cuestión de “cambiar el chip”, de cambiar el diálogo interno. ¿Qué cómo se hace? Lo explicaré con más detalle en futuras entradas, de momento me limitaré a lo esencial.

A partir de un hecho determinado, además, podemos elaborar toda una cadena de pensamientos negativos o catastrofistas. Por ejemplo, a partir de una bronca de mi jefe, puedo pensar que soy un desastre, que acabarán echándome del trabajo, que no voy a encontrar otro, que mi mujer me va a dejar, etc. etc.

Una idea importante a recordar es que los sentimientos perturbadores suelen ser, a menudo, más el resultado de pensamientos incorrectos (por exageración, dramatismo, pensamiento en blanco y negro, atribuciones causales erróneas, etc.)  que de estímulos o situaciones externas concretas.

Dicho esto, tampoco queremos infravalorar la importancia de las circunstancias externas. Sabemos que hay situaciones (por ejemplo, un accidente, una enfermedad grave, una ruptura afectiva, una situación laboral o social injusta, etc.) que pueden causar mucho dolor. No se trata de resignarnos, o peor engañarnos diciéndonos que todo va fantásticamente bien cuando no es así. Pero sí hemos de darnos cuenta de que si aprendemos a controlar nuestros pensamientos negativos, distorsionados o incorrectos, tendremos también un cierto control sobre la manera en que nos sentimos y reaccionamos. Algunas veces, este control será tan sólo de un 10 % y en otros casos de un 80 o 90 %, dependiendo del grado de entrenamiento de nuestra mente y también del hecho en sí y de los recursos que tengamos para afrontarlo. Es decir, no todo depende de nuestra mente pero ésta juega un papel muy importante, sobre todo cuando los hechos externos no se pueden cambiar, en cuyo caso, el único recurso que tenemos es cambiar nuestra actitud frente a estos hechos.

El objetivo es lograr que nuestros pensamientos, nuestro diálogo interior: 

 a) Se ajuste más a la realidad,    

 b) Evite sacar conclusiones victimistas o erróneas que nos mantengan encerrados en un círculo vicioso de impotencia y frustración,

c) Vaya más encaminado al “¿qué puedo hacer?” que al “¿por qué me pasa esto a mí?” o “es intolerable/ insoportable que…”  etc.

Es decir, se trata de hacer que nuestra mente juegue a nuestro favor y no en contra. No se trata de ver la vida de color de rosa, pero sí de verla con un cristal lo más transparente posible y con ganas de vivirla de la mejor manera posible.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos online, psicólogos Vilassar de Mar