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Creencias irracionales en el TOC

TOC

En las personas que sufren de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) se suelen encontrar una serie de creencias irracionales caracterizadas por:

  • Una sobreestimación de la amenaza o catastrofismo, que les lleva a exagerar la probabilidad o gravedad de algunos errores o sucesos desafortunados que “teóricamente” se podrían haber producido. Por ejemplo, haber dejado la puerta de la casa abierta, no haber cerrado la llave del gas, contagiarse del SIDA, etc, A partir de la pregunta: “¿Y si…?”, su imaginación se dispara y se puebla de horrores”.
  • Atribución de importancia excesiva al poder de los pensamientos. Tienden a creer que por el mero hecho de pensar algo, es muy probable que ese pensamiento se transforme en acción sin control de la mente. Por ejemplo, después de ver por la tele que un piloto suicida ha estrellado su avión con todos los pasajeros dentro (suceso que realmente ocurrió hace unos años, como recordarán), creer que ellos también podrían hacer algo parecido (tirarse al metro, etc.) sólo con pensarlo, llevados por un impulso que no podrían controlar. Olvidan que todos tenemos fantasías y pensamientos “indeseables” o “no deseados” en algún momento sin que esto implique que vayamos a convertirlos en actos de forma incontrolada, como si la mente fuera un coche sin frenos. De forma similar, también pueden creer que por el hecho de pensar algo “malo” o que va en contra de sus valores, se convierten automáticamente en seres humanos despreciables, olvidando que “malo” solamente es aquél que comete malas acciones: el que sólo las piensa alguna vez es simplemente un ser humano (imperfecto, como todos).
  • Pensamiento mágico: tendencia a creer que los propios pensamientos o actos podrían causar o evitar un hecho concreto de un modo que desafía las leyes de causa/ efecto comúnmente aceptadas. Por ejemplo, creer que el color azul me da suerte, o que si practico un determinado ritual todos los días protegeré a mis seres queridos del peligro y del daño. De ahí, derivan las supersticiones (pensamiento mágico colectivo).
  • Exageración de la propia responsabilidad en un hipotético resultado dañino (que quizás no se de nunca), como si tuviera un enorme poder para generar o evitar ese resultado. Por ejemplo, pensar que si no me lavo las manos cinco veces cada vez que toco algo “sucio” (puede ser cualquier cosa como el pomo de una puerta, o después de haberle dado la mano a alguien), seré responsable de contaminar a mi familia.
  • Sobrevaloración de la importancia de ejercer un control riguroso sobre los pensamientos e impulsos, olvidando que esto en muchos casos no es posible ni saludable para la persona.
  • Búsqueda de la certeza absoluta. De nada podemos estar seguros al 100 %, la certeza absoluta no existe y, por tanto, debemos ser capaces de tolerar un cierto grado de incertidumbre, diferenciando lo posible de lo probable. Por ejemplo, aunque me acabe de hacer un chequeo médico completo, ello no implica que sea “imposible” que tenga alguna enfermedad que no me hayan detectado, pero sí es bastante improbable. Asimismo, deberíamos confiar en nuestra capacidad para afrontar y gestionar cambios imprevisibles en un momento dado.
  • Perfeccionismo. Consiste en este caso en la tendencia a creer que existe una solución perfecta para cada problema, y que actuar de forma perfecta, sin cometer errores nunca, no sólo es posible sino necesario. Y que, incluso, pequeños errores tendrán (siempre o casi siempre) consecuencias graves. Por ejemplo, al acabar de rellenar un formulario, repasarlo un montón de veces hasta eliminar toda duda sobre la posibilidad de haber cometido el más mínimo error y, aun así, irnos preocupados.

Cabe decir finalmente, y esto es muy importante, que la mayoría de veces la parte “racional” de la persona les dice que es una tontería preocuparse tanto pero aun así no lo pueden evitar.

La buena noticia es que existe tratamiento psicológico para ese trastorno. Si te identificas con esos rasgos, o conoces a alguien cercano que tiene un problema parecido, puedes solicitar más información a: Josep planas – psicólogos Barcelona.