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Cómo comunicarnos de forma respetuosa y asertiva

Comunicación asertivaNuestra forma de comunicarnos, de formular demandas, de responder a las críticas o demandas de otros, de expresar nuestros sentimientos, etc. es muy importante para nuestro bienestar y el de las personas que nos rodean.

He aquí algunas sugerencias prácticas:

  • EVITA JUICIOS, REPROCHES Y ETIQUETAS (“eres un/a …”). En lugar de eso, cuando no nos gusta algo,  DESCRIBE OBJETIVAMENTE (sin añadir valoraciones personales)  la conducta del otro/a con ejemplos concretos, expresa cómo te sientes y haz una propuesta de cambio.

EJEMPLO:

Cuando me criticas delante de tus amigos como hiciste en la cena de ayer diciendo que yo era… (descripción objetiva de los hechos), me sentí muy dolida y me dio mucha rabia (sentimientos). Me gustaría que eso no volviera a ocurrir y que si estás molesto conmigo por algo, me lo digas en privado (propuesta de cambio)

Acto seguido, es importante dar un espacio para que el otro/a pueda responder y adoptar una actitud de escucha empática y respetuosa. Es decir, dejarle hablar sin interrumpirle, refrenar nuestros impulsos de contraatacar o justificarnos si su respuesta no es la esperada, etc.

En caso de una respuesta agresiva o airada por parte de la otra persona, evita caer en la trampa de la provocación respondiendo en el mismo tono (o, incluso, de forma más agresiva), pon límites si es preciso y date un tiempo para reflexionar acerca de cuál es el mejor curso de acción por tu parte a partir de ese momento.

EJEMPLO:

Lo siento pero me estás faltando al respeto. Te he hecho una demanda de forma educada y respetuosa, y tu respuesta no me parece que lo sea. Vamos a dejarlo, por ahora y si quieres lo volvemos a hablar, cuando estés (o estemos) más calmado(s).  De cualquier forma, espero que no se vuelva a repetir lo que sucedió anoche, pues, como te digo me dolió mucho y me dio mucha rabia.

Esa forma de comunicarse puede parecer artificial  pero en ciertos momentos, hemos de tratar la comunicación como si tuviéramos un objeto muy frágil en nuestras manos que se pudiera romper al menor descuido.

  • CUIDA TANTO LA COMUNICACIÓN VERBAL COMO LA NO VERBAL. Evita gestos de desaprobación, burla, sorpresa, tono de voz agresivo, etc. En lugar de eso, adopta una actitud neutra o de acercamiento afectuoso (por ejemplo, cogiendo la mano, escuchando sin interrumpir, etc.)
  • ELIGE EL MOMENTO Y LUGAR ADECUADOS. Por ejemplo, un momento en que la otra persona te pueda prestar su atención relajadamente y tenga pocas posibilidades de distraerse con factores externos.
  • SÉ CLARO/A, HONESTO/A Y DIRECTO/A, evitando ambigüedades o fórmulas indirectas de comunicación. manipulaciones y trampas. Por ejemplo, en lugar de decir “siempre vienes del trabajo con cara de malhumor” sería mejor “a veces, cuando vuelves del trabajo te veo muy serio y tengo miedo de que ya no me quieras”. En la comunicación más directa, nos “exponemos” más, nos mostramos más vulnerables pero damos la oportunidad a los demás de que nos comprendan mejor y que puedan empatizar más con nosotros. En la comunicación indirecta o defensiva, la mayoría de veces tan sólo conseguimos confundir o irritar al otro/a.
  • EVITA DECIR LO CONTRARIO DE LO QUE QUIERES DECIR POR RESENTIMIENTO, por pura “pataleta” y mantén en todo momento una comunicación respetuosa. Utiliza la comunicación para “comunicarte” y no para castigar.
  • INICIA (Y TERMINA) LA CONVERSACIÓN DE FORMA CONSTRUCTIVA, comenzando por decir algo positivo de la otra persona o que denote una cierta empatía o respeto, y termina con alguna propuesta concreta (razonable, que tenga en cuenta los intereses de ambos). Por ejemplo “entiendo que para ti es muy importante tu familia, pero no me agrada ir todos los domingos a comer a casa de tu madre y quisiera estar algunos fines de semana sólo contigo y los niños. ¿Te parece que podríamos hacer algún cambio en esto?, ¿qué te parecería si, por ejemplo…?”
  • Muestra una ACTITUD DE ESCUCHA ACTIVA Y RESPETUOSA. A menudo nos preocupamos más de responder o defendernos que de entender al otro/a, hasta el punto de que antes de escucharle ya estamos ensayando la respuesta en nuestra cabeza.
  • VALIDA LAS RESPUESTAS, DEMANDAS O CRÍTICAS DEL OTRO/A. Es decir, sin que tengas que estar necesariamente de acuerdo, acepta que tiene derecho a opinar o sentir de la forma que lo hace. En todo caso, pon límites a las “formas” (no a los contenidos) si no son respetuosas. Por ejemplo, imagina que la otra persona te dice algo totalmente absurdo como “la Tierra es plana” (ponle, si quieres, cualquier otra cosa con la que no estés de acuerdo, no importa lo que sea), en lugar de responder “hombre, así no se puede hablar contigo” o “¿qué tontería es ésa?” o “me sorprende que digas esto”, o “no, la Tierra es esférica“, para validar la respuesta del otro/a diríamos simplemente “estás diciendo que la Tierra es plana” y sólo después, una vez que el otro/a nos confirme que sí, que está diciendo esto, añadiríamos nuestra opinión de forma respetuosa: “no estoy de acuerdo con que la Tierra sea plana puesto que…” o le preguntaríamos para entender mejor su punto de vista “¿qué te hace pensar que la Tierra es plana?”. Validar equivale a escuchar de forma empática, reflexiva y no defensiva, descalificadora, etc. sea cual sea la opinión de la otra persona.
  • Procura SER OBJETIVO/A EN TU INTERPRETACIÓN de las palabras,  conducta o intencionalidad del otro/a, evitando dramatismos, victimismo, etc. Para hacer esto, en primer lugar has de tener en cuenta que cualquier cosa puede interpretarse de múltiples maneras y no caer en el error de pensar que la tuya es la única posible o, incluso, la más acertada. Pregúntate: “¿de qué otra manera podría interpretar esto?”.  En segundo lugar, has de procurar validar de alguna manera tu interpretación con hechos objetivos preguntándote “¿qué me hace pensar que…?” “¿qué pruebas tengo de que…?”, etc. También podemos limitarnos a describir los hechos sin añadir ninguna valoración personal, por ejemplo “mi jefe me ha dicho que siempre llego tarde” o “mi pareja me dice que pasamos poco tiempo juntos”, en lugar de “mi jefe me tiene manía” o “mi pareja está siempre reclamando atención”, etc. y a partir de aquí intentar discernir el grado de veracidad de lo que nos han dicho y buscar opciones para manejar la situación de la mejor manera posible.

Josep Planas, psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar