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Chantaje emocional (II): qué nos hace vulnerables y cómo afrontarlo

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canstockphoto5565068Nuestra vulnerabilidad al chantaje emocional depende de nuestros puntos sensibles, conflictivos, aquellos que están “cargados” con temas psicológicos no resueltos. Los más frecuentes suelen ser:

  • La adicción a la aprobación, la necesidad excesiva de que los demás nos quieran y acepten.
  • El temor excesivo a los conflictos y a las discusiones: por evitarlos, cedemos demasiado.
  • El temor excesivo al abandono, a creer que no seriamos capaces de sobrevivir sin el otro/la otra.
  • La tendencia a sentirnos culpables por todo.
  • La tendencia a cargar con todos los problemas, la excesiva “empatía” hacia los demás, a darnos demasiado, a curar heridas ajenas y a ser excesivamente protectores y “compasivos” en detrimento de nuestras propias necesidades.
  • La baja autoestima y la poca confianza en nosotros mismos, que nos hace dudar de nuestros propios criterios y nos vuelve demasiado vulnerables a las opiniones ajenas y a ciertas demandas abusivas.

No es nada raro que se den varios de los factores mencionados en una misma persona, ya que todos tienen una raíz común que es la inseguridad y falta de autoestima.

Los chantajistas obtienen pistas de nuestros puntos débiles observando cómo reaccionamos a sus demandas, a sus comentarios, etc. y determinando hasta dónde pueden llegar.

Para afrontarlo, conviene sobre todo:

  • Concienciarnos del chantaje, observar con qué vulnerabilidades nuestras engancha, qué derechos nuestros se están violando y convencernos de que podremos hacerle frente (solos o con ayuda profesional si es preciso)
  • Identificar los pensamientos erróneos que nos suelen llevar a ceder a la manipulación. Por ejemplo: “sería horrible que me dejara, no lo podría soportar”, “no sé hacerle feliz”, “a veces los problemas le desbordan y la paga conmigo, pero nos queremos mucho”, “esta(mos) pasando un mal momento, pero eso cambiará”, “tampoco es para tanto, hay cosas peores”, “no puedo dejarle, sencillamente soy incapaz”, etc.
  • Sustituir los pensamientos anteriores por otros más realistas y “combativos”. Por ejemplo: “me comprometo a defender mis derechos de esta forma y de la otra”, “cuando él/ella haga/ diga X, yo responderé con Y”, “merezco una persona que me quiera y respete, no tengo por qué aceptar que me traten mal”, “me costará pero soy capaz de afrontar esto”, “buscaré ayuda de un profesional”, “buscaré el apoyo de mi familia, de mis amigos, etc.”, “soy una persona valiosa”, “todos tenemos derecho a ser tratados con dignidad y respeto”, “voy a intentar resolverlo hablando con él/ella y ver si podemos llegar a acuerdos concretos”, “voy a poner límites, y si no los respeta, entonces abandonaré la relación”, etc.
  • Trazar un plan de acción y unas estrategias concretas para afrontar el problema. Por ejemplo:
  1. Utilizar la asertividad para comunicarte con él/ella.
  2. Darte tiempo para responder a una demanda poco clara, en lugar de responder inmediatamente, y poder así pensar con serenidad.
  3. Poner límites a todo aquello que consideres abusivo, manipulador o que atenta contra tus derechos como persona. Por ejemplo, ante una petición que consideres inadecuada podrías decir: “entiendo que tú quieras… pero no me parece justo/ no puedo/ no quiero, etc. hacer esto o aquello” y si te parece oportuno, añadir: “¿podemos buscar una alternativa?” o “¿entiendes lo que te estoy diciendo?”. O ante una descalificación o insulto: “no voy a tolerar que me digas X delante de tus amigos como hiciste el otro día en la cena. Si eso vuelve a ocurrir, la próxima vez me iré a casa sola” Las palabras concretas, el tono más duro o más conciliador dependerá del contexto y un poco también de nuestra manera de ser. Y si establecemos consecuencias, éstas deberán ser proporcionadas a la situación: recordemos que nuestro objetivo no es castigar al otro sino defender nuestros derechos de forma digna. Si la experiencia demuestra que si ponemos límites, tendremos que enfrentar consecuencias inaceptables, podemos considerar l decisión de mantener momentáneamente la situación hasta poder efectuar algún cambio con menores riesgos.

Si te sientes atrapado/a en lo que crees que es un problema de chantaje emocional o/y de falta de comunicación con tu pareja, tu jefe, tus hijos, tus padres, etc. y quieres ampliar la información que te he pasado en esta entrada y en la anterior “chantaje emocional (I): qué es y cómo actúa” y/o ver cómo puedes aplicar estas estrategias a tu caso particular, no dudes en consultarme en “psicólogos Barcelona” a través de los formularios de contacto, o llamando directamente a los teléfs. 933150084 / 654898716.

Josep Planas, – psicólogo Barcelona -, – psicólogo Vilassar de Mar -, – psicólogos online -