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La inteligencia emocional

psicologo1Los sentimientos son el motor de nuestra vida. Nos empujan hacia estados de felicidad o tristeza, dependiendo en gran parte de los factores que nos afectan desde el exterior, pero sobre todo, de la reacción interna que tenemos ante estos estímulos externos.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la capacidad personal de saber gestionar todas aquellas emociones negativas que captamos, para que no nos empujen hacia un estado de tristeza, estrés o angustia.

Para ello debemos de descubrir todas nuestras fortalezas y saber atenuar nuestras debilidades. Y en este escenario debemos de hacer uso de nuestra parte más racional, analizando la forma de “no sentirse mal”, es decir, saber generar un buen estado de ánimo desde una captación de malas emociones.

Para conseguir todo esto lo principal es mantenernos en un estado contínuo de equilibrio psicológico, y una vez conseguido, saber nivelar nuestros sentimientos cada vez que tengamos una percepción negativa de la realidad. No se trata de ser ignorante, se trata de poder elegir como queremos sentirnos ante cierta situación, sin ser sometidos por los sentimientos.

Cuando nuestro cuerpo y nuestra mente tiene que reaccionar ante algún suceso, se abre un debate interno, en el cual debemos elegir entre el pensamiento racional o el pensamiento sentimental ¿Por cual nos debemos dejar guiar? Lo ideal es saber mantener un equilibrio entre ambos, solo asi, podremos anticipar estados emocionales antes de ejecutar conductas y tener la capacidad de elegir pensamientos alternativos que se puedan
adaptar.

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Una correcta inteligencia emocional nos permite manejar los conflictos de forma más pausada y con unas capacidades mayores para actuar ante ellos, se trata de no desmoronarse y tener la capacidad de actuar con una cierta lógica, evitando asi el estrés y la toma errónea de decisiones.

¿Cómo son las personas inteligentes emocionalmente?

Las personas inteligentes emocionalmente suelen presentar una serie de características comunes, las cuales vamos a enumerar a continuación:

  • Son personas felices, y no solo eso, sino que también comparten y transmiten esa felicidad, y las personas que se mueven a su alrededor suelen verse beneficiadas de esta felicidad plena.

  • Son personas seguras, no se inquietan ante las situaciones más adversas, porque saben que son capaces de conseguir lo que se propongan, además, son conscientes de que el nerviosismo, el estrés y el dejarse llevar por sus sentimientos estropearán la forma de actuar ante los conflictos.

  • Son personas responsables, que no se enconden ante nada ni ante nadie, y que asumen las consecuencias de sus actos de forma natural y amena.

  • Son personas abiertas y optimistas, que mantienen una actitud positiva ante todo tipo de personas, adaptando su forma de actuar ante cada persona, sin miedo a reproches y sin pensar en lo que la otra persona puede pensar de nosotros.

Enrique Jiménez

Psicólogo


Pienso, luego siento (y hago)

Solemos pensar que nos sentimos mejor o peor en función de lo que nos sucede, es decir, de los acontecimientos externosPero, eso es sólo una verdad parcial ya que si bien es cierto que tienen una influencia importante en nosotros (no es lo mismo que te toque la lotería a que te echen del trabajo), lo determinante, lo que marca realmente la diferencia es la manera en que los interpretamos, lo que nos decimos a nosotros mismos acerca de estos eventos. Ejemplo. A y B son dos estudiantes con unas aptitudes y conocimientos parecidos. Los dos están cursando los mismos estudios y han suspendido el mismo examen. Pero, mientras que A piensa que estudiando más conseguirá aprobar,  B por el contrario cree que será incapaz de  pasar esta asignatura por más que se esfuerce. Pensando así, los dos se sentirán de manera diferente y, probablemente, también actuarán de forma diferente, estudiando con más empeño el primero y dejándose llevar por el victimismo, el segundo. Seguir Leyendo


Lo que se ve y lo que no se ve

En la terapia se ve a dos personas sentadas una frente a la otra, al psicólogo/a que intenta escuchar y ser amable, al paciente que intenta explicar lo que le ocurre y que desea ser comprendido y ayudado. En la terapia se escuchan palabras, se ven gestos, emociones que se contienen o que afloran; se ven intentos de complacer, gestos de confianza o desconfianza; se ven intentos de ayudar y de ser ayudado/a. En la terapia, se cuenta o se intuye pero no se ve la historia de ilusiones y desilusiones de cada paciente, su dolor auténtico, sus esfuerzos para ser querido/a, las zancadillas que le ha puesto la vida, las oportunidades que le ha ofrecido, cómo era de pequeño/a, la gente que le quiere o lo/a ha querido, la gente que le ha odiado… En la terapia, se oyen las palabras de consuelo o de ayuda del terapeuta, se ven o se conocen sus diplomas y sus masters pero no se ven tampoco sus ilusiones y desilusiones, la trayectoria de su vida, cómo ha sido su infancia, los retos que ha tenido que afrontar, lo que espera del futuro, lo que teme, lo que le mueve… En la terapia, dos personas están sentadas una frente a la otra pero hay cosas que se ven, y otras que no se ven. Aparentemente una es el/la experto/a y el otro alguien que desea ser ayudado pero son, ante todo, dos seres humanos frente a frente.


El mapa no es el territorio

Las palabras son sólo palabras, el mapa no es el territorio. Alguien dijo también que el lenguaje es la abreviatura, y la experiencia el texto completo. Cuando tú estás diciendo(te), por ejemplo, “soy X” o “mi vida es Y”, simplemente estás diciendo(te) “soy X” o “mi vida es Y”, nada más que eso. Las palabras no son el objeto, aunque lo nombren (la palabra “mesa”, por ejemplo, no es una mesa que se pueda ver y tocar), no son la realidad aunque la interpreten. Ahora bien, las palabras no son neutrales: pueden llevar una fuerte carga emocional, y debes tener cuidado en cómo las manejas, en cómo te manejan.


Caminante, no hay camino…

 Si no hay verdades absolutas, tampoco hay caminos “correctos”, ni forma alguna de tener una certeza absoluta de nada, ni mucho menos gurús infalibles o sumos sacerdotes que nos puedan iluminar. Entonces, ¿qué hay? Hay verdades relativas, complementarias, aproximaciones a la realidad, cosas que funcionan o son ciertas en un contexto pero no en otro… Hay aprendices, buscadores de la verdad, personas que han recorrido un tramo más largo o más corto del camino… Hay sendas con corazón, como dice Castaneda, y sendas que no lo tienen… Hay pros y contras en cada decisión que tomamos… Hay maneras de convertir un fracaso en una oportunidad, y hay maneras de convertir una oportunidad en un fracaso… Hay maneras de aprender, de experimentar pero no hay maneras de saber con certeza qué va a pasar sin salir al ruedo, sin enfangarnos, sin errar… Como dice el gran poeta Antonio Machado: “caminante, no hay camino: se hace camino al andar”


El cuento de los ciegos y el elefante o “Las mil caras de la verdad”

Creo que la “verdad” tiene muchas caras, que la realidad es siempre compleja y las cosas se pueden contemplar desde múltiples perspectivas -a menudo, complementarias entre sí- , algunas más acertadas que otras tal vez pero ninguna que pueda explicarlo todo. Seguramente habrás oído el cuento de unos ciegos que yendo por una carretera polvorienta, y guiados por un amable caballero que les hacía las veces de guía, se encontraron de pronto con un elefante, animal del que no tenían conocimiento alguno. El guía les sugirió que palparan el animal y que, a través de sus sensaciones, describieran cómo era. Llenos de alegría, los ciegos se acercaron al enorme animal y lo tocaron. Al cabo de un instante, el elefante, irritado, se marchó corriendo. Entusiasmados, los ciegos describieron su experiencia. Uno de ellos, que había palpado una pata del paquidermo exclamó: “oh, el elefante es una bestia maravillosa, es como un gran árbol, pero fuerte como una roca” No, replicó el segundo que había tocado la trompa: “el elefante es como una gran serpiente que se mueve lentamente hacia atrás y hacia adelante”. “Imposible!”, gritó otro que había tocado la oreja del animal: “el elefante es como una enorme hoja de árbol, amplia y delgada”. El cuarto, a su vez, recordando la cola del elefante, dijo: “era un animal en forma de rama, largo y delgado”. El quinto, no acorde con las explicaciones de los demás, Protestó: “no, es como un enorme muro”, ya que había palpado el elefante por el costado. Y los cinco ciegos, entraron en una violenta discusión sobre cuál era la naturaleza de los elefantes hasta que, finalmente, molestos y decepcionados por la “ignorancia” de los demás, cada uno tomó diferentes direcciones y no se volvieron a hablar.


El viaje a Itaca

Quizás pienses “yo quiero cambiar, pero no sé si podré” Pregúntate: ¿te parece que otra persona en condiciones similares a las tuyas -o, incluso, con muchas más limitaciones- podría llegar a conseguir lo que tú quieres conseguir?, ¿sería esto “objetivamente” posible?, ¿existe alguna probabilidad, por pequeña que sea?, ¿lo ha conseguido alguien en la historia de la humanidad? Y procura no hacer trampas, por favor, ni contestar apresuradamente. Si tienes dudas, pregunta, investiga. Y si tu respuesta es, por ejemplo, “hombre, quizás una entre un millón pero yo…” Entonces, te digo: ¡puedes conseguirlo! Es cierto, que el hecho de que “puedas” no es una garantía de que lo logres, o de que lo logres al 100 %, pero recuerda lo que decía Cavafis sobre que el viaje es tan importante o más que el destino: “Itaca te brindó tan hermoso viaje, sin ella no habrías emprendido el camino”


El cambio tiene un precio

La mayoría quisiéramos evitar el dolor, ser felices, tener una autoestima elevada, fuerza de voluntad, un trabajo en el que nos sintiéramos realizados, encontrar el amor de nuestra vida, sentir que controlamos nuestras emociones, etc. etc. y sería maravilloso que… alguien nos dijera las palabras mágicas para conseguirlo o nos diera la pócima milagrosa. Pero hélas… las cosas no son tan sencillas y el cambio, el verdadero cambio personal tiene un precio, a veces elevado… Y yo te pregunto: ¿estás dispuesto a pagarlo? Y no me refiero ahora al económico – de éste hablaremos en otro apartado-, sino al esfuerzo personal que deberás hacer para superar tus dificultades, para superar todo aquello que te impide estar dónde quieres y puedes estar, para sentir que “vives” tu vida y no eres tan sólo un mero superviviente o una marioneta movida por fuerzas ajenas a ti -sean éstas externas o internas- Pero, ¿estás dispuesto/a a enfrentarte a tus propios fantasmas personales, a tus miedos, a tu dolor, a tu pereza, a tus dudas, a tu escepticismo, a tus desilusiones pasadas y presentes, a tus fracasos personales, a tus “excusas” para no hacerlo y… a invertir tiempo y esfuerzo ilimitado para llegar adónde quieres llegar, para cumplir tus sueños, para sentirte vivo/a?, ¿o sólo quieres un “arreglo” para ir tirando?, ¿o una varita mágica que te lleve a un mundo de felicidad y bienestar permanente, un “mundo feliz” donde no exista el dolor, ni la tristeza, ni la incertidumbre?, ¿o, tal vez, sólo deseas señalar culpables de tu mala suerte, desahogarte un poco y que te dé unas palmaditas en la espalda y un poco de consuelo?, ¿o. simplemente, que te confirme que no podrás, que lo tuyo es demasiado complicado, que es demasiado tarde o/y que nadie te puede ayudar? Tú tienes la respuesta: si lo quieres intentar, y quieres que yo te acompañe un tramo del camino, ¡aquí me tienes! Luego… luego deberás seguir tú caminando hacia el horizonte, sólo, con otros acompañantes, ¡quién sabe!…


Trastornos de ansiedad

. Trastorno de ansiedad generalizada

Se caracteriza por la presencia de preocupación y ansiedad casi constantes que suele flotar de un problema a otro, como por ejemplo cuestiones de trabajo, salud, familiares, etc. La persona puede ser consciente de ello pero sentirse incapaz de controlarlo. Suele ir acompañado de otros síntomas tales como dificultades de concentración, irritabilidad, insomnio, dolores de cabeza, náuseas, molestias abdominales, sudoración, etc.

. Ataques o trastorno de pánico (con o sin agorafobia)

La persona afectada sufre crisis o ataques inesperados de ansiedad muy intensa sin que, aparentemente, existan estímulos externos que los desencadenen. Suelen alcanzar su punto álgido a los 10 o 20 minutos y luego van remitiendo progresivamente.  Síntomas físicos más frecuentes: dolor torácico, mareo con sensación de desmayo, sensación de asfixia, sentimientos de irrealidad, temblores, etc. Pueden darse en cualquier lugar, incluso estando en casa. A menudo, el afectado/a tiene la sensación de que va a morir (por ejemplo, de un ataque cardíaco) o de que va volverse loco o perder el control, y siente una necesidad apremiante de escapar del lugar o situación. Con frecuencia la persona vive con miedo a otro ataque y puede temer estar sola, o en un sitio del que sea difícil salir o lejos de la ayuda médica. Hablamos de agorafobia cuando el miedo se ha extendido a la mayoría de lugares públicos, y la persona se siente incapaz de salir de casa sola.

. Fobias específicas

Se caracterizan por un temor fuerte e irracional frente a algo que, en realidad, representa poco o ningún peligro. La persona afectada intenta evitar el estímulo fóbico y, en caso de que no le sea posible hacerlo, puede experimentar una crisis de ansiedad importante junto a un deseo intenso de huida. Existen fobias específicas a una gran variedad de cosas o situaciones, tantas como pueda abarcar la imaginación si bien unas son  más frecuentes que otras (por ejemplo, la fobia a ir en avión o la fobia a la sangre)

. Fobia social o trastorno de ansiedad social

Se caracteriza por un temor exagerado a ser juzgado por otros o/y a sentirse avergonzado o humillado en una situación social. El temor puede ser generalizado a todo tipo de interacciones sociales o limitarse a algunas situaciones (por ejemplo, a hablar en público o a comer delante de otras personas). Puede estar también más centrado en alguna preocupación concreta (por ejemplo, temor a ruborizarse o a quedarse en blanco) o ser más inespecífico. El miedo puede ser, en algunos casos, tan fuerte que le impida a la persona ir al trabajo, a la universidad o llevar a cabo actividades normales de la vida diaria.

. Trastorno obsesivo compulsivo (TOC)

Las personas afectadas de ese trastorno tienen pensamientos recurrentes y perturbadores (obsesiones) y ejecutan rituales o conductas repetitivas (compulsiones) para controlar la ansiedad que esos pensamientos les provocan. La mayoría de veces, esos rituales atrapan a la persona en un círculo vicioso del que no logra salir: se siente obligado a repetirlos una y otra vez para disminuir su ansiedad. Por ejemplo, las personas obsesionadas por la suciedad o el temor a contagiarse de alguna enfermedad, pueden lavarse las manos repetidamente y de forma exagerada para aliviar su temor. O personas preocupadas por hacer daño a sus seres queridos, pueden sentir la necesidad compulsiva de esconder cuchillos o repetir algún ritual o fórmula mágica para conjurar el peligro. Si bien todos hemos podido tener, en algún momento, ese tipo de preocupaciones, la diferencia básica estriba en que en la persona afectada de TOC puede ser tan exagerado que acabe interfiriendo gravemente en su vida diaria.

. Trastorno por estrés postraumático (TEPT)

La persona afectada de ese trastorno, lo sufre después de haber vivido determinados eventos traumáticos (por ejemplo, un accidente grave, una guerra, abusos físicos, etc.) en forma de “flashbacks” (escenas retrospectivas con la sensación  de que el evento está sucediendo nuevamente), pesadillas, explosiones de ira, irritabilidad persistente, fuertes sentimientos de culpa, preocupación, tristeza, etc. Puede manifestarse de forma aguda (inmediatamente después del suceso traumático) o con inicio tardío (meses o incluso años más tarde)


Depresión y otros trastornos del estado de ánimo

Depresión mayor

Los síntomas más frecuentes de la depresión mayor son la tristeza o irritabilidad durante la mayor parte del día, la pérdida de interés y desgana por las cosas que antes se disfrutaban y/o por las actividades habituales, la desesperanza, alteraciones del sueño, sentimientos recurrentes de inutilidad o culpa, abatimiento, enlentecimiento o agitación psicomotriz, ideas recurrentes de muerte o suicidio, etc.

Distimia

La Distimia se caracteriza por un estado crónico de depresión en el cual los estados de ánimo están regularmente bajos, pero los síntomas no son tan graves como en la depresión mayor

Trastorno bipolar

El trastorno bipolar se caracteriza por cambios drásticos en el estado de ánimo. La persona que lo sufre puede pasar de un estado eufórico y de energía descontrolada (episodios maníacos), a un estado depresivo, de tristeza, desesperanza y abatimiento.


La teoría del Yin y el Yang

No debemos perder de vista que todos formamos parte de un mundo que va más allá de nosotros mismos, que se extiende más allá de nuestras fronteras -sobre todo- individuales, pero también de nuestras fronteras como grupo (familia, nación, etc.) e incluso, me atrevería a decir como planeta Tierra hasta unos confines desconocidos en la vastedad del universo. Un mundo en que las cosas están de alguna manera -visible o invisible- interrelacionadas, y en el que no podemos o no debemos actuar como si estuviéramos solos, ignorando la influencia de nuestros actos en el entorno, ignorando la influencia del entorno en nosotros. Creo que debemos, pues, actuar con responsabilidad individual pero también colectiva; que debemos procurar hacernos plenamente responsables de nuestra propia vida y de las elecciones que hacemos, sin victimismos ni atribuciones de culpa trasnochadas pero a la vez no permanecer ciegos a los condicionamientos del entorno. Y la psicología debe intentar encontrar e inculcar este justo equilibrio entre responsabilidad individual y colectiva, entre mirar hacia adentro y mirar hacia afuera, entre ocuparme de mí y ocuparme de los otros, entre yo y los demás. Estoy convencido de que los intereses individuales no se han de sacrificar a un supuesto bien colectivo -de forma sistemática-, pero tampoco los intereses colectivos al individuo porque no puede existir lo uno sin lo otro, al igual que no existiría el día sin la noche, el yin sin el yang.


Ansiedad, depresión y estrés los síntomas de la crisis

La situación económica que estamos viviendo se ve reflejada en muchos ámbitos de nuestro día a día. La ansiedad, la depresión o el estrés se están convirtiendo en las enfermedades de la década,  y son cada vez más las personas que acuden a consultas de atención psicológica con estos síntomas derivados de la situación económica que les rodea.

Las mujeres (87%) mayores de 60 años (65%) son el grupo más afectado por estos trastornos. Según los especialistas esta situación se produce en este grupo al ver a distintos de sus círculos más cercanos o  en una situación económica complicada.

El constante goteo de noticias sobre la crisis y la negativa situación del país es otro de los motivos que generan estrés y ansiedad, patologías que sufren 3 de cada 10 pacientes.

Para sobrellevar la situación de crisis y no verse afectado por estas patologías los expertos recomiendan una actitud positiva, intentar ver el lado positivo de cada momento y pensar en la  crisis como un cambio que puede dar lugar a nuevas oportunidades.


La importancia de la autoestima

La autoestima es importante porque tiene que ver con aspectos esenciales de nuestra existencia, tales como la manera en qué nos relacionamos con los demás, la profesión y la pareja que escogemos y el grado de paz y armonía interior que alcanzamos.

Así, por ejemplo, en el tema del amor si no nos queremos a nosotros mismos, nuestra inseguridad nos hará también desconfiar de que los demás puedan querernos y, como consecuencia de ello, podremos provocar involuntariamente conflictos que terminen por dañar o romper el vínculo con lo cual, finalmente, reforzaremos nuestra creencia de no ser dignos de amor o no ser capaces de alcanzarlo. Es como el pez que se muerde la cola. Por otro lado, difícilmente vamos a poder querer a los demás si no nos queremos nosotros: de todos es sabido que no se puede dar aquello que no se tiene. A lo sumo, podremos hablar de dependencia, pero no de amor auténtico. Además, con una baja autoestima es posible que en lugar de buscar a personas apropiadas para nosotros, valorándolas por sus cualidades y el grado de compatibilidad que tengamos con ellas, tendamos simplemente a buscar personas que nos acepten, que no nos rechacen. En el tema del trabajo ocurrirán cosas parecidas. Guiados por el miedo más que por la ilusión, por la inseguridad más que por la confianza, por el afán de seguridad más que por el riesgo creativo, lógicamente actuaremos por debajo de nuestras posibilidades e incluso nos sabotearemos posibles éxitos. Finalmente, ¿cómo podemos alcanzar paz y equilibrio interno si nos machacamos a menudo con pensamientos negativos sobre nosotros mismos, si no nos aceptamos mínimamente, si nos llevamos “a matar” con nuestro propio yo?