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Algunas reflexiones sobre la pareja y el amor

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Nuestras relaciones con los demás son un reflejo de las relaciones que mantenemos con nosotros mismos. El amor que transmitimos, y nuestra capacidad de amar y respetar al otro/a están estrechamente vinculados a nuestra capacidad para amarnos y respetarnos a nosotros mismos. El amor es importante, pero no es suficiente para mantener una relación sana de pareja. Necesitamos haber desarrollado otras habilidades y recursos como, por ejemplo: saber escuchar al otro/a; saber gestionar nuestras emociones y no dejarnos dominar por ellas; cambiar expectativas irreales o demasiado fantasiosas por otras más realistas; saber respetar la particular manera de ser del otro/a y su visión de las cosas (dentro de los límites del respeto mutuo); saber comunicarle nuestras demandas e insatisfacciones sin acusaciones ni exigencias, de forma asertiva;  afrontar los conflictos mutuos  con una orientación basada en la solución de problemas evitando el ataque y la descalificación,  etc. etc. El amor no puede ni debe ser una solución a nuestros problemas personales, ni puede obrar el milagro de “arreglarnos” la vida y hacernos felices, tan sólo puede intensificar la felicidad que ya sentimos, tan sólo puede potenciar aquello que ya poseemos. Una vida vacía e insulsa no se puede transformar en otra plena y gratificante con ninguna varita mágica,  ni siquiera con la del amor. La vida no es un cuento de hadas  y nada ni nadie nos van a venir a rescatar, nos tenemos que rescatar nosotros mismos con nuestro esfuerzo personal, con nuestro afán de superación en el día a día.

Algunas personas, en la actualidad, tienden a tener relaciones sucesivas, con la esperanza de que alguna de ellas acabe constituyendo el gran amor, aquel que nos va a redimir de todas nuestras desdichas, aquel que podrá mantener su intensidad a lo largo del tiempo, etc. Pero, suele suceder en estos casos que, con el tiempo, las parejas se suceden unas a otras cada vez con mayor rapidez hasta que la persona, cansada de tantos cambios, termina aceptando  una unión imperfecta o… quedándose solo/a. El hombre o la mujer ideal no existen. El príncipe azul o la princesa encantada son sólo personajes de ficción.  Únicamente existen personas de carne y hueso, seres humanos con sus luces y sus sombras, con sus virtudes y sus defectos. Evitemos, pues, reprochar a los demás que no estén a la altura de nuestros sueños y pensemos que somos nosotros quienes nos decepcionamos a nosotros mismos con fantasías y expectativas poco realistas, conflictos no resueltos, errores que repetimos una y otra vez… Librémonos, en suma, de esa pesada carga de la búsqueda de una perfección imposible.

El romántico sueño de fusionarse con el otro/a, de ser uno con la otra “media naranja”,  aparte de ser poco realista, va en contra de la propia autonomía y, por tanto, de la madurez personal. Como dijo el gran poeta Khalil Gibran: “amaos el uno al otro, pero que haya espacio en vuestra unión, y que los vientos del cielo dancen entre vosotros… Llenaos las copas el uno al otro, pero no bebáis en una sola copa. .. Bailad y cantad juntos y sed alegres pero permitid que casa uno pueda estar solo, al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, no obstante, vibran con la misma armonía”. La necesidad irrefrenable de ser amado, protegido, “adorado” por el otro/a, puede llegar en algunos casos a ser patológica.  Como alguien dijo en una ocasión, existen “intoxicados” de la relación como hay intoxicados de otras drogas. Las dependencias insanas son muy parecidas a una adicción. No se puede imponer una determinada manera de querer. Hay muchas maneras de querer que son válidas, no existe un modelo único. Por ejemplo, hay personas que, desde el comienzo de la relación, querrían ver al otro/a todos los días, mientras que otros prefieren que haya más espacio, más libertad. O a unos les cuesta más expresar lo que sienten y a otros menos. O querrán tener más relaciones sexuales o menos. La intensidad de los sentimientos puede ser la misma, el ritmo o la forma que éstos adoptan, distinto, siempre dentro de los límites del respeto mutuo eso sí. Cuando se produce una ruptura, a menudo se contabiliza como un fracaso. Pero… ¿y si en lugar de rupturas habláramos de situaciones que evolucionan, de fases de la vida, de bifurcaciones en el camino, de puertas que se cierran y otras que se abren, de conflictos y oportunidades?

Si tienes conflictos de pareja, si crees que te hallas bloqueado/a en alguno de los puntos mencionados, si crees que necesitas ayuda para relacionarte mejor, para superar una ruptura, para desengancharte de una relación malsana, puedes consultar a Josep Planas – psicólogo Barcelona col. núm. 4007