:::: MENU ::::

Agorafobia y ataques de pánico: qué son y cómo se superan

canstockphoto0631584Decimos que una persona tiene agorafobia cuando teme (y tiende a evitar, a menos que vaya acompañada) salir de casa, ir a lugares públicos muy concurridos como calles, supermercados o centros comerciales, quedarse solo, etc. Ese miedo está relacionado con el temor a perder el control sobre las propias reacciones y a sufrir un ataque de pánico.

Esas crisis de angustia o ataques de pánico implican períodos cortos de ansiedad intensa que alcanzan su punto culminante a los 10 minutos aproximadamente (para luego ir descendiendo progresivamente de forma espontánea) y que pueden abarcar: sensación de asfixia, mareo o desmayo, náuseas, taquicardias, dolor torácico, sudoraciones, temblores, entumecimiento u hormigueo, miedo a morir o a volverse loco, a perder el control, etc. Aparte de eso, algunas personas piensan que pueden hacer el ridículo en público, marearse, caerse y quizás lastimarse o despertarse inconscientes en un hospital o, incluso, que la sensación de pérdida de control sea permanente.

Es frecuente que las personas que sufren estas crisis por primera vez, no entiendan lo que les sucede y teman tener alguna enfermedad grave o, incluso, piensen que se pueden morir durante alguno de estos ataques. A menudo, acuden a los servicios de urgencias donde, después de descartar otras patologías como problemas cardíacos o respiratorios, les suelen recetar tranquilizantes y, en algunos casos, les sugieren seguir un tratamiento psicológico.

El origen de la agorafobia se suele situar en un episodio más o menos “traumático” o bien en períodos de estrés y tensión prolongados que, desencadenaron una crisis de ansiedad (con algunos de los síntomas mencionados) que no se comprendió bien y que, a partir de entonces, provoca un fuerte temor a que se pueda repetir, con la consiguiente evitación de aquello que se crea que podría volver a desencadenarlo, es decir, de lugares o estímulos relacionados con esa sensación de miedo original.

De alguna manera, la persona queda condicionada a esa situación de miedo. a esa primera crisis de ansiedad. Y las posteriores evitaciones de lugares y estímulos asociados, no hace sino agravar el problema: el miedo se extiende a más situaciones, se hace más “resistente”, la persona se siente cada vez más vulnerable, cada vez teme más cosas, cada vez son menos los lugares y situaciones en que se siente segura (le suele preocupar especialmente estar lejos de casa o sola).

A corto plazo, el/la afectado/a se siente mejor evitando lo que le provoca ansiedad; a medio y largo plazo el trastorno se agrava y tiende a cronificarse. Llegados a este punto, si no busca ayuda, se instala en ella la desesperanza, se siente en un callejón sin salida, depende demasiado de personas cercanas a ella para salir de casa, etc. Las personas próximas tienden, o bien a protegerla demasiado, o bien a enfadarse con ella por no hacer frente al problema con más “valentía”, o ambas cosas a la vez. Nada de eso ayuda a la persona agorafóbica, por supuesto.

La agorafobia afecta a 6 personas de cada 1.000, y es más frecuente en mujeres que en hombres. No está relacionada con ninguna enfermedad mental grave ni con ninguna enfermedad física.

Si te identificas con estos síntomas u otros parecidos, desde mi consulta de psicólogos Barcelona o psicólogos Vilassar de Mar te puedo ayudar a superarlo mediante una serie de estrategias cognitivo-conductuales encaminadas a una mejor comprensión del trastorno, a un aumento de la confianza en ti mismo/a y a un afrontamiento progresivo y guiado de los temores que limitan tu vida y tu libertad. La única condición para el éxito es que estés dispuesto/a a implicarte activamente en el proceso, y que seas perseverante y no tires la toalla en los momentos más duros. No importa la cantidad de tiempo, tal vez años, que lleves con este problema: se puede superar.

El mayor enemigo está, no en la gravedad del problema, sino en el desánimo, en la actitud derrotista que a veces está tan enquistada en la persona que ya se ha acostumbrado a llevar una vida recluida, limitada, de “ir tirando”, dependiente de las personas de su entorno, que tal vez lo ha intentado (por su cuenta) demasiadas veces sin éxito y que ya empieza el tratamiento sin mucha convicción y lo abandona ante las primeras dificultades.

Finalmente, quiero resaltar que la medicación en estos casos en mi opinión solamente puede actuar como un paliativo y, aunque se puede pasar por períodos mejores y peores, con toda probabilidad, si no va acompañada de psicoterapia no resolverá el problema de forma definitiva.

Josep Planas –psicólogo Barcelona, psicólogos Maresme, psicólogos online