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Actitud Keledén

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Según John C. Parkin, “gurú” de la filosofía Keledén, cuando dices “¡Keledén!” (“fuck it” en inglés) renuncias a controlar algo, normalmente algo que te perjudica, y te abandonas al flujo de la vida. Viene a ser el equivalente occidental a esas ideas espirituales orientales que aconsejan dejarse llevar, renunciar y disminuir el control de las cosas (apegos).

Es como hacer una pedorreta al mundo del sentido común, a los convencionalismos, a la autoridad y al orden establecidos, a todo aquello que nos preocupa en exceso, a una existencia demasiado “llena de sentido”, al control excesivo sobre las cosas.

En mi opinión, no se trata de pasar de todo y abandonarnos a una vida egocéntrica y carente de valores morales, pero sí de intentar ser más flexibles, menos rígidos, de dejarnos llevar más por el fluir natural de la vida en lugar de querer controlar lo incontrolable, y de ser a veces un poco irreverentes con los valores establecidos, con lo “políticamente correcto”.

A fin de cuentas, ante aquello que nos saca de nuestras casillas o nos preocupa, sólo tenemos dos opciones: intentar cambiarlo (si es posible y el coste no sobrepasa los beneficios) o aceptarlo tal como es y renunciar a preocuparnos, confiando en que de alguna manera la “vida” (o una fuerza superior) nos conducirá. La peor actitud es la de no hacer nada al respecto y quejarnos de ello constantemente, o darle vueltas y más vueltas sin llegar a ninguna parte.

Tal vez todo se reduzca a no dar tanta importancia a las cosas, y a no darnos tanta importancia a nosotros mismos.

Diremos “¡Keledén!” cuando:

  • La presión de los demás para que adoptemos una actitud determinada es excesiva, y nos sentimos coaccionados para hacer algo que no deseamos hacer.
  • Nos preocupa demasiado la opinión de los demás.
  • No nos permitimos hacer muchas cosas que nos gustaría porque creemos que son inadecuadas, nos desaprobarán, etc.
  • Nuestras vidas están demasiado llenas de “sentido” y todo es demasiado rutinario.
  • Sentimos que llevamos un exceso de “equipaje”, demasiado peso en la mochila y necesitamos aligerarnos.
  • El consumismo excesivo nos impone falsas necesidades y nos quita libertad, Salta a un momento en que tenías unos 5 años y estabas jugando: ¿recuerdas cómo disfrutabas de las cosas más simples? Después, poco a poco, aumentamos la lista de cosas “importantes” y …  ya no supimos cómo salir de esa rueda.

A veces, nos dice John C. Parkin, en momentos difíciles y en medio de la desesperación causada por el dolor, podemos sentir la libertad de a quien nada le importa, como hicieron muchos maestros espirituales cuya vida se transformó radicalmente a partir de determinadas experiencias vitales críticas.

Técnicas básicas:

-       Relajarnos. Cuando estamos relajados, la energía fluye mejor.

-       Renunciar a aquello a lo que nos aferramos en exceso o de manera enfermiza (objetos, personas, creencias, hábitos, etc.), siendo conscientes de que no nos pasará nada si ya no lo tenemos, de que nuestra vida en lo fundamental no cambiará sin ellas. Además, cuanto más nos aferramos a las cosas, mayor es el dolor que sentimos cuando desaparecen o mueren. En realidad, y en contra de lo que nos han enseñado, se puede vivir con muy poco y ser (razonablemente) felices si nuestra actitud interior es positiva. Una vez satisfechas nuestras necesidades básicas, la felicidad reside más en nosotros mismos, en nuestra actitud ante la vida, que en lo externo.

-       Aceptar. Solemos vivir en un constante estado de inquietud y, a menudo, no podemos hacer mucho respecto a muchas de las cosas que nos fastidian en la vida. Renunciemos, pues, a esa preocupación excesiva, inútil, manteniendo una actitud más flexible, de apertura al fluir de la vida y a sus constantes cambios. Aceptación, no equivale a resignación: es más bien una forma de sabiduría que nos hace distinguir qué podemos (o vale la pena) cambiar y qué no.

-       Practicar el hábito de observar (y aceptar) lo que ocurre en nuestra cabeza (qué nos decimos a nosotros mismos) y en nuestro cuerpo (qué sentimos). Y, al ser conscientes de nuestros pensamientos y emociones y aceptarlos, veremos que todo tiende a calmarse un poco.

-       Respirar conscientemente. Es un complemento del ¡Keledén!… Cuando las cosas te importen demasiado, te sientas tenso, ansioso o asustado, di ¡Keledén!, suspira y espira.

Cuando renunciamos a nuestra obsesión por aferrarnos al placer o por evitar el dolor, podemos dedicarnos a vivir y a experimentar, concluye el autor del libro.

Para saber más:

  • Keledén, lo último en medicina para el espíritu (John C. Parkin)

Josep Planas, psicólogos Barcelona, psicólogos online.