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Archivos por mes: marzo 2016

La teoría de la balanza en las relaciones de pareja

relaciones de parejaSegún Iván Entusiasmado, autor del libro “Cómo olvidar a alguien en 10 pasos”, las leyes de la atracción entre hombres y mujeres están regidas por una serie de factores que se pueden resumir en la siguiente fórmula:

-          Valor total de una persona en la relación = valor de mercado + valor de situación + valor por el interés recibido.

Y de acuerdo con su “teoría de la balanza“, tendemos a buscar personas que tengan para nosotros el mayor valor de relación posible (el cual, a su vez, irá en función de nuestro propio valor de relación).

Aclaremos los conceptos: Seguir Leyendo


¿Cómo gestionar mis emociones?

EmotionsLas emociones vienen a ser un sistema de señales internas cuyo objetivo es proteger nuestro bienestar. Así, por ejemplo, el miedo nos puede ayudar a protegernos de un peligro. O la ira, de un trato injusto si actuamos para reclamar nuestros derechos.

Por otro lado, el funcionamiento de nuestro sistema emocional es más bien arcaico: no ha variado mucho desde los tiempos primitivos en que los peligros para la supervivencia física eran muy elevados. Entonces, cuando una emoción se dispara, no sólo se activa una alerta mental sino también corporal, es decir, acelera la preparación de nuestro cuerpo como si  tuviéramos que hacer frente a una amenaza real a nuestra integridad física, lo cual hoy en día ocurre pocas veces. De esa manera, se producen (dependiendo de la intensidad de la alarma) una serie de cambios corporales (aceleración del ritmo cardíaco, dilatación de las pupilas, aumento del volumen sanguíneo, tensión muscular, cambios en la respiración, etc.) que teóricamente nos prepararían para la lucha o huida. Pero, al no estar ante una amenaza física, más bien son un estorbo y nos pueden generar una crisis de ansiedad en momentos en que más bien deberíamos conservar la calma para poder actuar con serenidad.

Complica más las cosas todavía, el hecho de que a veces puede ser una “falsa alarma”. Es decir, se puede activar por razones equivocadas, por una defectuosa interpretación de una determinada situación. Por ejemplo, si voy por una calle poco transitada, oigo unos pasos acelerados detrás de mí y pienso que alguien me quiere atacar o robar, y se trata simplemente de alguien que tiene prisa por llegar a algún sitio.  Vemos, una vez más, que esas señales están activadas por nuestro pensamiento. De ahí la importancia de pensar “correctamente”.  Y también puede ocurrir que haya un peligro y esas señales no se activen. Por ejemplo, cruzo de manera imprudente un semáforo en rojo porque no lo he visto o porque pienso que “a mí no me va a pasar nada”.

Volviendo al principio, diremos que las emociones nos proveen de una retroalimentación psicológica importante, que es vital para la regulación adecuada de nuestra salud física y emocional. Por ejemplo, cuando nos sentimos tristes o desanimados, la señal emocional nos está transmitiendo que algo no está bien. Y esa emoción “negativa” no desaparecerá hasta que hayamos tomado nota para cambiar o bien una condición externa o bien el pensamiento erróneo que la ha generado. La podemos hacer desaparecer artificialmente, por ejemplo consumiendo drogas o alcohol o de mil maneras poco constructivas pero no sería un buen negocio. Equivaldría a desactivar la alarma de un coche cuando nos están robando, sólo para no oír el molesto sonido.

Entonces, ¿cómo debemos responder a los signos emocionales perturbadores?. El objetivo de estas señales o signos es impulsarnos a actuar para resolver o eliminar el problema de fondo que las genera. Pero, lo primero que debemos hacer es determinar si el pensamiento que las genera está realmente justificado. Es decir, la señal podría estar basada en una percepción válida de algo que no está bien y que requiere una acción por nuestra parte.  O podría ser el resultado de una mala interpretación o una reacción exagerada de nuestro pensamiento. En este último caso, habría poco o ningún beneficio en realizar alguna acción con respecto a esta señal. Sería mejor calmarnos e intentar pensar de forma diferente. En resumen, debemos explorar nuestras opciones y preguntarnos: “¿es mejor tratar de cambiar la situación, o simplemente tratar de cambiar nuestros pensamientos acerca de eso?” A veces, la situación es injusta o mala pero no la podemos cambiar, no tenemos control sobre la misma: ahí también deberíamos intentar cambiar nuestra forma de considerarla. Otras veces, las más, se trata de intentar cambios en ambas direcciones: hacia afuera (condiciones externas) y hacia adentro (pensamientos o diálogo interno). Necesitamos ser cuidadosos para tomar la decisión apropiada. De lo contrario, ponemos en peligro nuestro bienestar emocional.

Finalmente, señalar que otro problema podría provenir de no haber identificado correctamente la emoción o sensación interna. Por ejemplo, si noto una desazón, como un vacío en el estómago que proviene de que me siento solo y falto de cariño en un momento dado, y lo identifico erróneamente como una sensación de hambre, comeré en vez de intentar acercarme a alguien o darme mimos yo. O también puede ser que note un malestar al que no sepa poner nombre: me siento mal, pero no sé si es tristeza, miedo, ira, frustración, aburrimiento, etc. En este caso, debería intentar ver qué imágenes o pensamientos se generan mientras estoy sintiendo esto y establecerlo por deducción. Por ejemplo, si me siento mal y por mi cabeza pasan pensamientos de que alguien se ha portado muy mal conmigo y de venganza, puedo deducir que es ira lo que siento (aunque puede estar mezclada con otros sentimientos de tristeza, frustración, etc.). A veces, no queremos reconocer una emoción determinada porque no cuadra con la imagen que tenemos o queremos tener de nosotros mismos, etc.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online