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Archivos por mes: junio 2014

Se aprende a vivir viviendo

Niebla-      “Sí, Augusto, sí – prosiguió don Avito -; la vida es la única maestra de la vida; no hay pedagogía que valga. Sólo se aprende a vivir viviendo, y cada hombre tiene que recomenzar el aprendizaje de la vida de nuevo” (Niebla, de Miguel de Unamuno)

Los libros, el acervo cultural en general, las personas más sabias o más experimentadas que nosotros Seguir Leyendo


Manejar el malestar emocional


malestar emocional
Podemos sentir diversas emociones, algunas agradables
como la alegría, la sensación de felicidad, bienestar o calma internos, etc. y otras desagradables como ansiedad, depresión, culpa, vergüenza, rabia, tristeza, etc.

Todas ellas, incluso las que no nos gustan y consideramos “negativas”, cumplen una función importante si son adecuadas al contexto. Por ejemplo, sentir rabia ante una injusticia nos ayuda a poner límites y protegernos; sentir culpa o vergüenza cuando hemos actuado mal, a rectificar y corregir nuestros errores. Por tanto, solamente debemos intentar librarnos de ellas cuando no cumplen una función útil, es decir, cuando no son apropiadas al contexto bien por sus características o por la intensidad (desproporcionada) con que las sentimos. Seguir Leyendo


Unidos por nuestra humanidad

soy humano-         “Soy hombre, nada de lo humano me es ajeno” (Terencio)

A veces, pensamos que somos diferentes, que los demás no nos pueden comprender, etc. y ocultamos partes de nosotros mismos, avergonzados, confusos… Creemos que si los demás descubrieran realmente cómo somos, nos rechazarían e intentamos aparecer ante ellos con una imagen más aceptable socialmente. A veces, hacemos grandes esfuerzos para conseguirlo, para aparentar lo que no somos, y nos causamos mucho sufrimiento por este motivo.

Pero, los seres humanos como tales compartimos muchas características comunes: con toda nuestra diversidad, en el fondo, no somos tan diferentes aunque pueda parecer una paradoja. En lo fundamental, nos parecemos. Y quién ha participado en talleres de crecimiento personal o en psicoterapia de grupo, por ejemplo, en dónde la gente se muestra más tal como es, lo sabe, lo ha podido vivenciar. Y los psicólogos, al poder observar más de cerca a las personas y ver lo que se oculta tras la fachada que presentamos al mundo, también lo sabemos.

Todos tenemos grandes virtudes y grandes defectos, grandes potencialidades y puntos muy vulnerables…  Y cuando digo todos, digo todos. De no ser así, no sería posible la empatía. Y si tuviéramos más confianza para “desnudarnos” ante otros más a menudo, nos daríamos cuenta y viviríamos, seguramente, de otra manera, con otros valores. Y nos sentiríamos menos solos.

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Maresme, psicólogos online


¿Por qué le doy tantas vueltas a las cosas?

vueltas a las cosasHablamos de “rumiación” (comernos el coco o rayarnos, en lenguaje coloquial) para referirnos al proceso de darle vueltas, una y otra vez, a algo que nos preocupa en una especie de mónologo repetitivo que no podemos parar y que no nos conduce a la solución del problema sino más bien a sentimientos de indefensión, culpa, ansiedad, etc. Es como estar atrapados en un laberinto: por más que nos movemos de un lado a otro, no encontramos la salida y cada vez nos sentimos más frustrados y angustiados. Da la sensación de que estamos haciendo algo, de que nos estamos esforzando por solucionar o por entender un problema pero, en realidad, estamos dando vueltas en círculo.

Ejemplo: “Creo que he metido la pata con Enrique, no tenía que haberle dicho lo que le he dicho… Pero, claro, ahora ya está ¿qué puedo hacer?… Ay, Dios mío!, ¿qué pensará de mí?… No puede ser que haya metido tanto la pata… Es que soy idiota… ¿Se habrá enfadado conmigo?… Seguro que sí, claro, pero ya no puedo hacer nada… Tal vez si le dijera X, pero no, ¿para qué?… Entonces, ¿qué hago?… Pero, ¿por qué le habré dicho eso?… Ahora, él también a veces me ha dicho cada cosa… Sí, pero ¿y qué?, esto no cambia nada… No lo soporto, todo el día dándole vueltas y vueltas a las cosas… pero ¿qué puedo hacer si soy así? Etc. etc.”

Observamos lo siguiente:  1) nos centramos mucho en el problema en lugar de focalizarnos en la solución,    2) insistimos mucho en los “¿por qué?” y en la búsqueda de culpas y culpables, tendemos a juzgar en lugar de comprender,,     3) nos movemos en círculo, entre un mar de dudas y vacilaciones, ora pensamos esto ora pensamos lo contrario,      4) tendemos a dramatizar y a quedarnos en un rol pasivo, de indefensión, nos cuesta ver la realidad de forma objetiva.

Si te sientes identificado/a con ese conflicto, si tú también tiendes a “machacarte” con cavilaciones estériles que no te llevan a ninguna parte y a darle mil vueltas a las cosas de forma obsesiva, te aconsejo que pruebes algunas de las siguientes opciones:

-          Cambia los “¿por qué?” por “¿qué puedo hacer?” Y si crees que no puedes hacer nada en un tema concreto que te preocupa, mira si puedes aprender algo de la situación e intenta aceptar los hechos de la mejor forma posible, dándote cuenta de que no puedes controlarlo todo ni evitar equivocarte algunas veces.

-          Si tus inquietudes se refieren a hechos que podrían suceder en un futuro, pero que todavía no han sucedido, pregúntate: “qué sería lo peor que podría pasar?, y si pasara, ¿serían tan terrible?; ¿qué probabilidad hay de que ocurra?; ¿cuántas veces en el pasado me he preocupado por cosas parecidas? Y, ¿cuántas veces ha ocurrido lo que más temía?

-          Pregúntate: “¿estoy magnificando los hechos?, ¿estoy presuponiendo cosas que tal vez no sean del todo ciertas?, ¿qué puedo estar distorsionando o exagerando?, ¿podría sacar conclusiones diferentes de las que estoy sacando?”, etc.

-          Comparte tus preocupaciones con los demás, sobre todo con personas en las que confíes y crees que te podrían ayudar a ver las cosas desde otros ángulos, y… presta atención a lo que te dicen.

-          Cede el paso a la acción: haz algo, lo que sea (no autodestructivo ni agresivo, claro), para cambiar de escenario, para salir de tu monólogo. Por ejemplo:

. Si has pensado en varias opciones a lo que te preocupa, pero no te decides por ninguna, pon en práctica una de ellas, cualquiera, por pequeña que sea y aunque no estés muy convencido/a de los resultados. Hacer algo siempre moviliza algo, y de eso se trata, de no quedarse paralizado, de aportar aire fresco, de no quedarse “intoxicado” por el propio pensamiento.

. Haz ejercicio físico o, al menos, mueve tu cuerpo de alguna manera. Puedes salir a correr, ir al gimnasio, hacer estiramientos, dar un paseo, hacer una excursión a la montaña, etc.

. Búscate alguna distracción. Escucha música, ve al cine, tómate un té, lee un libro, planea alguna actividad para este fin de semana, ponte a bailar, dibuja, pinta, escribe un diario, llama a alguien, etc.

. Intenta buscar tareas que te absorban, que te saquen de tus cavilaciones.

. Haz algo diferente, algo que aporte ilusión y frescura a tu vida. Por ejemplo, apúntate a un taller de escritura o a un curso de baile, ponte a cultivar un huerto ecológico o… lo que sea que siempre has deseado hacer y nunca te has atrevido o nunca te lo has permitido.

 Y si esto te ocurre con frecuencia, o has probado ya muchas estrategias sin resultado, te aconsejo que busques ayuda profesional: probablemente se trate de un trastorno de ansiead que puedes superar con las herramientas adecuadas. Si lo deseas, puedes contactar conmigo en mi consulta de psicólogos Barcelona – psicólogos Vilassar de Mar – psicólogos online a través del siguiente formulario y te informaré de tipos de tratamiento, precios, etc.

 


Reconciliarse y resolver problemas con la pareja

Reconciliarse con la parejaEs inevitable que en la pareja (y en toda relación humana) se produzcan roces, conflictos, etc. y es muy importante saberlos manejar de la mejor manera posible, defendiendo tanto nuestros derechos como los del otro/a, con empatía e intentando evitar choques innecesarios e improductivos, con voluntad de escuchar y llegar a acuerdos y no defendiéndonos o intentando imponer nuestro criterio, con actitud amable y no de forma airada, etc.

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Agorafobia y ataques de pánico: qué son y cómo se superan

canstockphoto0631584Decimos que una persona tiene agorafobia cuando teme (y tiende a evitar, a menos que vaya acompañada) salir de casa, ir a lugares públicos muy concurridos como calles, supermercados o centros comerciales, quedarse solo, etc. Ese miedo está relacionado con el temor a perder el control sobre las propias reacciones y a sufrir un ataque de pánico.

Esas crisis de angustia o ataques de pánico implican períodos cortos de ansiedad intensa que alcanzan su punto culminante a los 10 minutos aproximadamente (para luego ir descendiendo progresivamente de forma espontánea) y que pueden abarcar: sensación de asfixia, mareo o desmayo, náuseas, taquicardias, dolor torácico, sudoraciones, temblores, entumecimiento u hormigueo, miedo a morir o a volverse loco, a perder el control, etc. Aparte de eso, algunas personas piensan que pueden hacer el ridículo en público, marearse, caerse y quizás lastimarse o despertarse inconscientes en un hospital o, incluso, que la sensación de pérdida de control sea permanente.

Es frecuente que las personas que sufren estas crisis por primera vez, no entiendan lo que les sucede y teman tener alguna enfermedad grave o, incluso, piensen que se pueden morir durante alguno de estos ataques. A menudo, acuden a los servicios de urgencias donde, después de descartar otras patologías como problemas cardíacos o respiratorios, les suelen recetar tranquilizantes y, en algunos casos, les sugieren seguir un tratamiento psicológico.

El origen de la agorafobia se suele situar en un episodio más o menos “traumático” o bien en períodos de estrés y tensión prolongados que, desencadenaron una crisis de ansiedad (con algunos de los síntomas mencionados) que no se comprendió bien y que, a partir de entonces, provoca un fuerte temor a que se pueda repetir, con la consiguiente evitación de aquello que se crea que podría volver a desencadenarlo, es decir, de lugares o estímulos relacionados con esa sensación de miedo original.

De alguna manera, la persona queda condicionada a esa situación de miedo. a esa primera crisis de ansiedad. Y las posteriores evitaciones de lugares y estímulos asociados, no hace sino agravar el problema: el miedo se extiende a más situaciones, se hace más “resistente”, la persona se siente cada vez más vulnerable, cada vez teme más cosas, cada vez son menos los lugares y situaciones en que se siente segura (le suele preocupar especialmente estar lejos de casa o sola).

A corto plazo, el/la afectado/a se siente mejor evitando lo que le provoca ansiedad; a medio y largo plazo el trastorno se agrava y tiende a cronificarse. Llegados a este punto, si no busca ayuda, se instala en ella la desesperanza, se siente en un callejón sin salida, depende demasiado de personas cercanas a ella para salir de casa, etc. Las personas próximas tienden, o bien a protegerla demasiado, o bien a enfadarse con ella por no hacer frente al problema con más “valentía”, o ambas cosas a la vez. Nada de eso ayuda a la persona agorafóbica, por supuesto.

La agorafobia afecta a 6 personas de cada 1.000, y es más frecuente en mujeres que en hombres. No está relacionada con ninguna enfermedad mental grave ni con ninguna enfermedad física.

Si te identificas con estos síntomas u otros parecidos, desde mi consulta de psicólogos Barcelona o psicólogos Vilassar de Mar te puedo ayudar a superarlo mediante una serie de estrategias cognitivo-conductuales encaminadas a una mejor comprensión del trastorno, a un aumento de la confianza en ti mismo/a y a un afrontamiento progresivo y guiado de los temores que limitan tu vida y tu libertad. La única condición para el éxito es que estés dispuesto/a a implicarte activamente en el proceso, y que seas perseverante y no tires la toalla en los momentos más duros. No importa la cantidad de tiempo, tal vez años, que lleves con este problema: se puede superar.

El mayor enemigo está, no en la gravedad del problema, sino en el desánimo, en la actitud derrotista que a veces está tan enquistada en la persona que ya se ha acostumbrado a llevar una vida recluida, limitada, de “ir tirando”, dependiente de las personas de su entorno, que tal vez lo ha intentado (por su cuenta) demasiadas veces sin éxito y que ya empieza el tratamiento sin mucha convicción y lo abandona ante las primeras dificultades.

Finalmente, quiero resaltar que la medicación en estos casos en mi opinión solamente puede actuar como un paliativo y, aunque se puede pasar por períodos mejores y peores, con toda probabilidad, si no va acompañada de psicoterapia no resolverá el problema de forma definitiva.

Josep Planas –psicólogo Barcelona, psicólogos Maresme, psicólogos online


¿Pastillas o psicoterapia?

Tras efectuar un amplio estudio sobre la salud mental, la OCU (organización de consumidores y usuarios) recomienda que sea la psicoterapia, y no la medicación, el tratamiento prioritario para personas que sufren de ansiedad y depresión menor. Antidepresivos y tranquilizantes, dicen, se prescriben con demasiada frecuencia. Anteriormente, otros estudios científicos ya han cuestionado la eficacia de los antidepresivos afirmando que en muchos pacientes sólo tienen un efecto placebo, tras comparar su efecto en grupos de pacientes a los que se administró medicación y placebo, con una mejoría muy similar. Seguir Leyendo