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Archivos por mes: mayo 2014

Lo que puede facilitar u obstaculizar la psicoterapia y el desarrollo personal

facilitar u obstaculizarSi bien está claro que el psicólogo debe poseer unas actitudes, conocimientos profesionales y experiencia determinados para poder llevar una psicoterapia con éxito, no es menos cierto que también el paciente o cliente juega un papel importante en el curso de la misma a través de sus actitudes, creencias y expectativas.

En este sentido, lo que en mi opinión PUEDE OBSTACULIZAR la psicoterapia sería:

-       Confundir el alivio del síntoma con la solución definitiva del problema, con el cambio auténtico. Creer que en el momento en que nos sentimos un poco mejor, en que la ansiedad ya ha bajado de manera significativa, en que hemos resuelto la “urgencia”, la terapia ya está terminada,  sin haber trabajado los problemas de fondo.

-       Una actitud culpabilizadora. Culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros problemas, esperar que sean los otros quienes cambien.

-       Una actitud de baja implicación. Esperar que el terapeuta nos de la “solución” con un mínimo de esfuerzo e implicación por nuestra parte (“sólo contando lo que me pasa…”), no dedicar tiempo a hacer las tareas o hacerlas con desgana, de manera muy superficial o siguiendo las pautas “a nuestra manera”, llegar tarde a las sesiones o saltarse algunas, etc.

-       Una actitud victimista. Estar dispuestos a quejarnos pero no a actuar, pensar constantemente que no podemos, tirar la toalla a la mínima dificultad o frustración, etc.

-       Una actitud escéptica, derrotista frente a la terapia y a la propia capacidad de cambio. O, por el contrario, el espejismo del cambio rápido y fácil. Esperar soluciones “mágicas” que nos eviten transitar por las necesarias y, a veces dolorosas, etapas del cambio. Creer que en un tiempo récord hemos de poder deshacer todos los “nudos” en que nos hemos ido enredando a lo largo de nuestra vida.

-       Una actitud evitativa. Evitar meternos en temas difíciles o dolorosos y/o esperar que todo se resuelva “hablando” sin tener que pasar a la acción.

-       Una actitud de “si, pero…” que lleva a dar vueltas en círculo.

-       Formular demandas demasiado abstractas, confusas o poco realistas. Por ejemplo, querer ser feliz, no tener nunca ansiedad, saber vivir, etc.

-       Evitar formular objetivos concretos, dejándolo todo demasiado “abierto”, demasiado disperso como un barco que navega a la deriva, sin rumbo fijo (“hoy hablamos de esto, mañana de aquello”, abrir muchos temas sin profundizar en ninguno)

-       No tolerar el fracaso, los errores que nos ayudan a aprender: “lo haré sólo si estoy seguro/a de que saldrá bien”

-       Dejar la terapia de forma abrupta, sobre todo después de unas pocas sesiones. En mi opinión, es importante dar opción por lo menos a una última sesión de “cierre”.  Y ello, por varios motivos:   a) los actos impulsivos, no suficientemente meditados, nos pueden llevar fácilmente a decisiones erróneas, a menudo motivadas más por el deseo de “huir de” que de “afrontar” o “resolver”,    b) cortar la terapia de golpe puede dejar asuntos importantes “abiertos” (como abrir una herida y no coserla) con los problemas que eso pueda conllevar: confusión, etc.     c) dejar la terapia es especialmente tentador en momentos clave del proceso, momentos que quizás están exigiendo más coraje, más esfuerzo y más implicación o compromiso; y dejarlo ahí, aunque a corto plazo puede ser un alivio, posteriormente te puede dejar el sabor amargo del fracaso, la triste “confirmación” de que nadie te puede ayudar y, junto con todo ello, una interpretación errónea de lo que es realmente una psicoterapia y de las herramientas y recursos que te pueden ayudar (si conoces todos los pasos y los pones en práctica durante el tiempo suficiente)

Y lo que la PUEDE FACILITAR:

-       Una actitud de máxima implicación, de poner “toda la carne en el asador”, de estar dispuestos a lo que sea para conseguirlo, de no dar un paso atrás pase lo que pase, de arriesgarnos al 100 %, de no detenernos antes de llegar a la meta.

-       Una actitud esperanzada, confiada, realista: “aunque no sea fácil, si quiero y pongo en ello todo mi esfuerzo, puedo conseguirlo”

-       Una actitud responsable: “aunque los demás puedan ayudarme, el cambio depende básicamente de mí”, “no puedo hacer cambiar a los demás, pero puedo cambiar yo”.

-       Dar(se) un voto de confianza, evitar actitudes hipercríticas (con uno mismo, con el terapeuta y con el mundo en general)

-       Plantear(se) un objetivo u objetivos terapéuticos realistas y concretos.

-       Una actitud abierta a la experimentación y al cambio, una actitud de “voy a probar, aunque no esté del todo convencido/a”: “si lo que he hecho hasta ahora no ha funcionado o no ha funcionado suficientemente bien, he de probar otras cosas; haciendo más de lo mismo, no cambiaré nada”, “antes de decidir que una cosa no va a funcionar, necesito probarla; de lo contrario, puede que me esté engañando a mí mismo/a con razonamientos dictados por el miedo”

-       La consciencia de que lo más cómodo o agradable para mí (a corto plazo) no es necesariamente lo mejor (a medio y largo plazo).

Josep Planas – psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Psicólogos Barcelona – Aristóteles y el manejo de la ira

Psicólogos Barcelona

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-      “Cualquiera puede ponerse furioso…eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.” (Ética a Nicómano, de Aristóteles)

En otras palabras, cuando nos sentimos frustrados es fácil desahogar nuestra rabia de cualquier manera, a trompazos o/y con la persona que tenemos más cerca o que menos nos atemoriza. Pero hacer un análisis riguroso del problema, determinar responsabilidades (propias y ajenas) y dirigir nuestra ira hacia la persona o personas adecuadas, de forma asertiva, en el momento oportuno y con el propósito de corregir una injusticia y no con afán de venganza,  ya no es tan sencillo. Eso requiere:

-        Un trabajo de elaboración interior que, a su vez, implica haber desarrollado una cierta capacidad de introspección y autocrítica honesta. El victimismo, la manipulación, el pensamiento en blanco y negro, etc. no facilitan la tarea.

-        Capacidad de contención del malestar interior y de tolerancia a la frustración, con el objetivo de descartar opciones a muy corto plazo que nos permitan un desahogo fácil pero que no sólo no solucionan sino que a menudo agravan el problema.

-        Unas creencias y valores sólidos que sostengan y dirijan nuestras acciones. Si no sabemos qué queremos o cuáles son nuestros derechos y responsabilidades, fácilmente acometeremos acciones inadecuadas, guiadas por la emoción o impulsividad del momento y no por una reflexión lúcida y madura.

-        El coraje de luchar por nuestros derechos y de dar la cara con quién la tenemos que dar, aunque sea difícil, aunque nos reporte la desaprobación de algunos o de muchos, aunque para ello tengamos que salir de nuestra zona de comodidad.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos online


Zona de confort

Zona de confort imLa llamada “zona de confort” viene a ser una especie de “burbuja” invisible que nos hemos ido construyendo a través del tiempo, y dentro de la cual sentimos que el mundo es más o menos predecible y manejable. Se refiere tanto a lugares físicos (por ejemplo, el restaurante al que voy todos los días a comer, el tipo de libros que suelo leer, la casa en la que vivo, el trabajo que desempeño desde hace años, etc.) como psicológicos (por ejemplo, cómo me veo a mí mismo, las creencias que tengo, etc.) en los cuales nos sentimos seguros, cómodos y protegidos.

Dentro de ella, podemos tener tanto cosas buenas (por ejemplo, una casa que nos encanta, una familia a la que queremos y que nos quiere, unos valores que nos hacen crecer como seres humanos, etc.) como no tan buenas o francamente malas (por ejemplo, creencias erróneas, prejuicios, miedos que nos condicionan, hábitos autodestructivos, trabajos en los que no nos sentimos realizados, etc.)

Aparte de eso, se produce un resultado curioso. Si nos acomodamos demasiado a nuestra zona de confort, por miedo a lo que pueda haber fuera de ella, ésta tiende a contraerse, a hacerse más pequeña. Y cada vez son menos los espacios (físicos y mentales) en los que nos sentimos seguros y nuestra vida se empobrece, se hace más limitada y el aire dentro de ella se enrarece.

Nos conviene, pues, asumir riesgos regularmente más allá de los límites que nos hemos trazado como seguros para ensanchar esta zona (o, como mínimo, evitar que se reduzca), enriquecer nuestras vidas y crecer como personas. Si lo hacemos, al principio se producirá un aumento temporal de ansiedad (en proporción al riesgo asumido), nuestra tranquilidad se tambaleará poco o mucho y es probable que sintamos la tentación de volver atrás. Llegados a este punto, tenemos dos opciones:  a) retroceder a antiguas posiciones: en este caso, la ansiedad bajará automáticamente pero como contrapunto nos sentiremos frustrados y puede que notemos un bajón anímico y de nuestra autoestima,     b) avanzar a pesar de todo, plantando cara a nuestros miedos e inseguridades: en este otro caso, la ansiedad tenderá a bajar poco a poco hasta que consigamos sentir este nuevo espacio como seguro, y nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima subirán también.

Si quieres saber más de este tema, te recomiendo ver este estupendo video de youtube.

Y si quieres aprender técnicas y estrategias para superar tus miedos y expandir tu zona de confort, puedes contactar con psicólogos Barcelona a través del siguiente formulario para recibir información.

Josep Planas –psicólogos Barcelona, psicólogos Vilassar de Mar, psicólogos on line