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Archivos por mes: septiembre 2013

¿Por qué soy hipocondríaco?

hipocondríaEn la génesis y mantenimiento del temor hipocondríaco y/o las sensaciones físicas corporales experimentadas, suelen jugar un papel los siguientes factores:

-       Una tendencia a observar y amplificar las sensaciones internas del cuerpo, una sensibilidad especial para captar pequeños matices o señales.

-        Haber sufrido diversas enfermedades, o haberlas visto en alguien cercano. O haber estado en contacto con personas, preferentemente padres, excesivamente preocupados por la salud. De todas formas, esto puede dejar una huella o predisposición pero para que se dé un episodio hipocondriaco es necesario que se dé antes un suceso desencadenante: noticias de enfermedad (epidemias, casos graves presenciados en alguien cercano, etc. por ejemplo el SIDA en su momento) o presencia de algún síntoma o señal novedosa, alarmante y difícil de explicar.

-       Estrés : cuando uno se pone nervioso, algunos problemas pueden “somatizarse”. Es decir, a veces los dolores pueden ser la traducción de algunas situaciones problemáticas o difíciles de manejar. Cuando existe, además, un déficit en las capacidades para afrontar las fuentes habituales de estrés, es más probable que se genere un temor hipocondríaco.

-       Mala respiración:  hiperventilación (respiración rápida, entrecortada e irregular). Puede dar lugar a mareos, taquicardias o latidos irregulares (extrasístoles), dificultades visuales, calambres e, incluso, a veces sensaciones de irrealidad y despersonalización.

-       Interacciones inadecuadas con el medio. Por ejemplo, hablar mucho de las preocupaciones hipocondríacas para desahogarse, hallar consuelo u obtener información tranquilizadora lo cual tiene varios efectos secundarios adversos:  a) hace que uno se centre más en sus temores, y desperdicie la ocasión de salir un poco de sí mismo y hablar de temas más amenos,     b) puede incrementar el temor según cuál sea la respuesta recibida (por ejemplo, si a uno le hablan de casos peores o le dan una información que le provoca todavía más confusión),      c) puede generar irritabilidad y cansancio en las personas cercanas. Asimismo, puede ser que la persona renuncie a hacer cosas que le apetezca hacer porque su estado físico le parece malo, con lo cual se reducen las gratificaciones, o bien que haga un montón de pruebas diagnósticas innecesarias.

-       Estado de ánimo bajo. Cuando uno se encuentra triste o deprimido, es mucho más probable que se dé cuenta de lo que va mal en su cuerpo que cuando se encuentra animoso. Lo contrario no siempre es cierto: no hay que dar por sentado que si uno sufre dolores o no se encuentra en su mejor momento desde el punto de vista físico, tiene que sentirse necesariamente deprimido.

-       Explicaciones alarmistas y dramáticas de los dolores, en base a creencias o informaciones erróneas como por ejemplo:    a) considerar que la salud es equivalente a la ausencia completa de molestias y dolores. La realidad, no obstante, es que constantemente se están produciendo reacciones en nuestro organismo y, la mayor parte de ellas, no revisten importancia y desaparecen o se modifican por si solas,   b) tendencia a desconfiar de lo que digan los médicos,    c) tendencia a verse como más vulnerable o débil, más propenso a padecer diferentes tipos de enfermedades.

-       Reacciones y comportamientos inapropiados que mantienen y consolidan el problema (algunos de ellos ya citados en el apartado “interacciones inadecuadas con el medio”) como por ejemplo:     a) hablar preferentemente sobre temas de salud y enfermedad,    b) buscar información relativa a enfermedades mediante consultas a amigos, familiares, Internet, etc.         c) desconfiar con frecuencia de los consejos de los médicos y alterar o no seguir las instrucciones sobre la medicación,   d) someterse a análisis y pruebas diagnósticas innecesarias y potencialmente peligrosas en algunos casos,    e) acumular medicinas y fármacos llevándolos a todas partes, y comportarse como un enfermo grave (por ejemplo, modificar la dieta, guardar cama, abusar de medicación paliativa, etc.),    f) abusar de la medicación aunque, en algunos casos, se puede dar el comportamiento opuesto,    g) prestar excesiva atención al propio cuerpo mediante autoinspecciones, manipulación corporal, rituales de comprobación, etc.,    h) descenso o reducción de las conductas propias de las personas sanas, como comer o beber razonablemente, divertirse, salir de viaje, etc.,    i) abandono de las responsabilidades de tipo social, laboral o personal que hasta entonces se habían asumido.

Por otra parte , añadir que el comportamiento hipocondríaco suele tener las siguientes consecuencias:      a) positivas (a corto plazo), como la atención de familiares, amigos y personal médico en forma de escucha, cariño, cuidados y, a veces, recompensas que no obtiene cuando está sano. Asimismo, cuando uno se encuentra enfermo (o cree estarlo), los que le rodean suelen reducir los problemas que le plantean, posponen decisiones conflictivas, tienden a evitar discusiones,  bajan sus exigencias y mientras, no se recupera, queda dispensado de ciertas obligaciones sociales y laborales,   b) negativas: las personas del entorno pueden acabar cansándose de los enfermos eternos, agotarse y finalmente dejarlos solos o retirarles su atención. Además, el hipocondríaco suele perderse muchos de los aspectos más positivos y estimulantes de la vida: el bienestar y la autonomía que producen el estar activo, las relaciones directas con los demás, las sensaciones corporales de energía y todo un abanico de vivencias placenteras, ocultas tras tanto sufrimiento.

Si piensa que tiene algún de estos síntomas o necesita ser escuchado, el psicólogo de Barcelona Josep Planas, le puede ayudar tanto en su consulta o pueden ponerse en contacto en http://www.psicologobarcelona.es/contacto/

Josep Planas –psicólogos Barcelona-, -psicólogos Vilassar de Mar-, psicólogos online-, -psicólogos Mataró


TOC de amores

Where_is_the_love__Logo_by_Keablr[1]De un tiempo a esta parte, se está hablando bastante del llamado “TOC de amores”, una especie de trastorno obsesivo focalizado en el “miedo a no querer a la pareja”, caracterizado por dudas constantes sobre si estoy enamorado, etc.

Esas dudas pueden activarse por diferentes tipos de pensamientos o imágenes. Así, por ejemplo, películas (románticas), ciertos programas de televisión o canciones pueden actuar como fuertes desencadenantes: al ver las películas o escuchar las canciones, la persona comienza a preguntarse por qué su relación no refleja la conexión emocional profunda que aparece en la pantalla o el estribillo de la canción, sin tener en cuenta que suelen estar idealizadas o ser poco realistas. Otras personas se comparan con otras parejas que ven a su alrededor y que también idealizan, o bien se imaginan escenas románticas con otros/as que no son su pareja.

Las personas afectadas por ese trastorno no son conscientes de los altibajos en los sentimientos hacia la pareja: si no sienten intensamente en cada momento atracción y deseo hacia él/ ella, piensan que ya no están enamorados y que han dejado de quererle. A veces, pueden llegar a poner fin a relaciones de pareja perfectamente válidas para ellas sólo porque consideran que sus sentimientos no son como creen que deberían ser.

Una persona normal, no afectada por el TOC, también puede tener esas dudas, pero no las experimenta con tanta fuerza, no le atormentan de la misma manera y les da mucha menos importancia.

Su origen está bastante relacionado con la visión romántica y perfeccionista que la sociedad actual ha creado en numerosas personas, con una idealización ficticia del amor, con una necesidad de vivir a cada instante una conexión mágica con el/la amado/a.

Es frecuente que la persona afectada por ese trastorno:

-     intente deducir mediante pruebas si está enamorada/o de su pareja o no. Por ejemplo: mirar a su pareja (o una foto de él/ella, representarse su cara en la imaginación) para ver qué siente, medir el grado de emoción al hablar con él/ella por teléfono, si lo ve guapo/a o atractivo/a, si ve a otro chico/a guapo/a comparar los sentimientos, buscar las respuestas en un libro de autoayuda o en los foros de Internet, etc.

Le pregunte a otra persona si cree que estamos enamorados.

-     Lo hable con la pareja, le comunique sentimientos.

-     Se formule preguntas tales como “¿es TOC o es desenamoramiento?” (si ha leído acerca del trastorno), “¿lo quiero como pareja o como amigo?”, “¿me estoy obligando a quererlo/a porqué no sé estar solo/a? y  otras parecidas.

Evidentemente, se pueden mezclar muchas cosas y es posible que la persona que tenga estas dudas obsesivas tenga realmente problemas con su pareja, incluso que no le/la quiera pero todo esto se ha de ir aclarando poco a poco, con ayuda de una terapia. Es decir, la/el obsesivo no se puede guiar (únicamente) por su propia visión que puede estar muy distorsionada, y necesita el acompañamiento de un profesional objetivo que le guie en los pasos a dar y las estrategias a seguir.

En mi consulta de psicólogos Barcelona/ psicólogos Maresme/ psicólogos online, ofrezco un tratamiento personalizado basado en la utilización de técnicas cognitivo-conductuales y de la ACT (terapia de aceptación y compromiso) para salir del bucle del pensamiento obsesivo y aprender a utilizar otras pautas de reflexión más saludables y flexibles, hacer una valoración objetiva y un balance de los pros y contras de la relación, aprender a contactar mejor con los propios sentimientos y a expresarlos de forma adecuada, sanar heridas emocionales que la persona tal vez arrastra desde la infancia, mejorar la autoestima, etc.

Si deseas información más concreta para tu caso particular o/y acerca de las tarifas de precios, no dudes en consultarme a través del formulario de contacto de psicólogos Barcelona.


Hacernos cargo de nosotros mismos: qué significa y por qué es importante

canstockphoto7226530Hacernos cargo de nosotros mismos implica tomar las riendas y hacernos responsables de nuestra vida, con todo lo que ello comporta. Después del famoso “conócete a ti mismo” (inscrito en el templo de Apolo en Delfos), ésta podría ser muy bien el segundo imperativo moral de todo ser humano.

Algunos podéis preguntaros si semejante aseveración no es demasiado egoísta o poco solidaria. Bien, personalmente creo que toda persona que no se hace cargo de sí misma –sea porque no quiere, porque no sabe o porque no puede- , de alguna manera, deviene una “carga” para los demás en mayor o menor grado.  Y cada uno de vosotros/as, supongo que puede encontrar ejemplos de esto en su propia familia, entorno social, etc. De todas maneras, voy a poner una serie de supuestos sencillos:

  • Si yo desatiendo mi salud o tengo hábitos adictivos peligrosos (alcoholismo, ludopatía, etc.), tarde o temprano, eso ocasionará consecuencias negativas no sólo para mi mismo sino también para mi familia, entorno laboral o/y servicios de la seguridad social.
  • Si yo, en lugar de intentar buscar soluciones a mis problemas, tiendo a culpar a los demás o a hacerme la víctima, a la corta o a la larga, alguien tendrá que hacerse cargo de mis problemas amén del “mal rollo” que habré creado a mi alrededor.
  • Si en lugar de buscar ayuda cuando la necesito, meto la cabeza bajo tierra como el avestruz o/y intento obligar a los demás a que cambien y se adapten a mis carencias o manera de ser problemática, estaré creando frustración y desesperanza a mi alrededor y, a la larga o a la corta, los demás pagarán un precio por ello (y yo también, por supuesto)

Ahora bien, si realmente no puedo (y fíjate que “no puedo” es diferente de “creo que no puedo”) hacerme cargo de mi mismo -en algún aspecto en particular de mi vida, o en todos-, entonces será lógico y justo que los demás (familia, instituciones sociales, etc.) en la medida de lo posible, me ayuden y se ocupen de mí. Y si puedo pero no sé hacerlo, será justo también que me enseñen, que me den la oportunidad de aprender.

Es decir, no estoy predicando una sociedad en la que predomine la ley del más fuerte –o del más desalmado- , pero tampoco estoy a favor de una sociedad inmadura, infantil, en la que todo el mundo espere que le salven los demás –o que le lleven a cuestas-. Ni estoy a favor de una “libertad” mal entendida, en la que creo que puedo hacer con mi vida lo que me da la gana sin tener en cuenta qué consecuencias tendrá esto para los demás. Todos formamos parte de un “todo” que va mucho más allá de nosotros mismos y creo que es un deber colectivo intentar la máxima armonía sin detrimento de nuestros derechos individuales, como personas.

Hacernos cargo de nosotros mismos no implica tampoco dejar de luchar a favor de la justicia o de unos ideales en los que creamos, dejando toda la responsabilidad en el individuo, sino todo lo contrario. En otras palabras, estoy pregonando una responsabilidad individual, sí, pero también una responsabilidad colectiva: ambas deben equilibrarse entre sí, la una no tiene sentido sin la otra.

Fritz Perls, creador de la terapia Gestalt, expresó en términos muy elocuentes lo de la responsabilidad personal diciendo que “limpiarse solo el culo es una señal de madurez”.

Josep Planas psicólogos Barcelona-, -psicólogos Vilassar de Mar-, psicólogos online-