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Archivos por mes: junio 2013

Chantaje emocional (II): qué nos hace vulnerables y cómo afrontarlo

canstockphoto5565068Nuestra vulnerabilidad al chantaje emocional depende de nuestros puntos sensibles, conflictivos, aquellos que están “cargados” con temas psicológicos no resueltos. Los más frecuentes suelen ser:

  • La adicción a la aprobación, la necesidad excesiva de que los demás nos quieran y acepten.
  • El temor excesivo a los conflictos y a las discusiones: por evitarlos, cedemos demasiado.
  • El temor excesivo al abandono, a creer que no seriamos capaces de sobrevivir sin el otro/la otra.
  • La tendencia a sentirnos culpables por todo.
  • La tendencia a cargar con todos los problemas, la excesiva “empatía” hacia los demás, a darnos demasiado, a curar heridas ajenas y a ser excesivamente protectores y “compasivos” en detrimento de nuestras propias necesidades.
  • La baja autoestima y la poca confianza en nosotros mismos, que nos hace dudar de nuestros propios criterios y nos vuelve demasiado vulnerables a las opiniones ajenas y a ciertas demandas abusivas.

No es nada raro que se den varios de los factores mencionados en una misma persona, ya que todos tienen una raíz común que es la inseguridad y falta de autoestima.

Los chantajistas obtienen pistas de nuestros puntos débiles observando cómo reaccionamos a sus demandas, a sus comentarios, etc. y determinando hasta dónde pueden llegar.

Para afrontarlo, conviene sobre todo:

  • Concienciarnos del chantaje, observar con qué vulnerabilidades nuestras engancha, qué derechos nuestros se están violando y convencernos de que podremos hacerle frente (solos o con ayuda profesional si es preciso)
  • Identificar los pensamientos erróneos que nos suelen llevar a ceder a la manipulación. Por ejemplo: “sería horrible que me dejara, no lo podría soportar”, “no sé hacerle feliz”, “a veces los problemas le desbordan y la paga conmigo, pero nos queremos mucho”, “esta(mos) pasando un mal momento, pero eso cambiará”, “tampoco es para tanto, hay cosas peores”, “no puedo dejarle, sencillamente soy incapaz”, etc.
  • Sustituir los pensamientos anteriores por otros más realistas y “combativos”. Por ejemplo: “me comprometo a defender mis derechos de esta forma y de la otra”, “cuando él/ella haga/ diga X, yo responderé con Y”, “merezco una persona que me quiera y respete, no tengo por qué aceptar que me traten mal”, “me costará pero soy capaz de afrontar esto”, “buscaré ayuda de un profesional”, “buscaré el apoyo de mi familia, de mis amigos, etc.”, “soy una persona valiosa”, “todos tenemos derecho a ser tratados con dignidad y respeto”, “voy a intentar resolverlo hablando con él/ella y ver si podemos llegar a acuerdos concretos”, “voy a poner límites, y si no los respeta, entonces abandonaré la relación”, etc.
  • Trazar un plan de acción y unas estrategias concretas para afrontar el problema. Por ejemplo:
  1. Utilizar la asertividad para comunicarte con él/ella.
  2. Darte tiempo para responder a una demanda poco clara, en lugar de responder inmediatamente, y poder así pensar con serenidad.
  3. Poner límites a todo aquello que consideres abusivo, manipulador o que atenta contra tus derechos como persona. Por ejemplo, ante una petición que consideres inadecuada podrías decir: “entiendo que tú quieras… pero no me parece justo/ no puedo/ no quiero, etc. hacer esto o aquello” y si te parece oportuno, añadir: “¿podemos buscar una alternativa?” o “¿entiendes lo que te estoy diciendo?”. O ante una descalificación o insulto: “no voy a tolerar que me digas X delante de tus amigos como hiciste el otro día en la cena. Si eso vuelve a ocurrir, la próxima vez me iré a casa sola” Las palabras concretas, el tono más duro o más conciliador dependerá del contexto y un poco también de nuestra manera de ser. Y si establecemos consecuencias, éstas deberán ser proporcionadas a la situación: recordemos que nuestro objetivo no es castigar al otro sino defender nuestros derechos de forma digna. Si la experiencia demuestra que si ponemos límites, tendremos que enfrentar consecuencias inaceptables, podemos considerar l decisión de mantener momentáneamente la situación hasta poder efectuar algún cambio con menores riesgos.

Si te sientes atrapado/a en lo que crees que es un problema de chantaje emocional o/y de falta de comunicación con tu pareja, tu jefe, tus hijos, tus padres, etc. y quieres ampliar la información que te he pasado en esta entrada y en la anterior “chantaje emocional (I): qué es y cómo actúa” y/o ver cómo puedes aplicar estas estrategias a tu caso particular, no dudes en consultarme en “psicólogos Barcelona” a través de los formularios de contacto, o llamando directamente a los teléfs. 933150084 / 654898716.

Josep Planas, – psicólogo Barcelona -, – psicólogo Vilassar de Mar -, – psicólogos online -


Chantaje emocional (I): qué es y cómo actúa

psicologos mataroLlamamos chantaje emocional a una forma de control que utiliza la culpa, el miedo, etc. para lograr que otra persona actúe de acuerdo con los deseos del manipulador.

Los chantajistas conocen nuestros puntos vulnerables y los utilizan a su favor. Cuando se salen con la suya suelen rodearnos de una reconfortante intimidad, pero si no lo consiguen nos coaccionan con amenazas o intentan hacernos sentir culpables. Algunos lo hacen de forma directa, y otros encubren sus intenciones a través de una especie de niebla que nos confunde y nos hace dudar de la legitimidad de sus demandas.

Según Susan Forward, el chantaje emocional puede adoptar diferentes rostros:

  • El del castigador, cuyo lema es “si no haces lo que te pido, voy a hacértelo pagar”. A veces, el mensaje no es explícito sino que se transmite indirectamente a través de la comunicación no verbal (por ejemplo, con un mutismo desaprobador)
  • El del autocastigador: a menudo, amenaza con hacerse daño o, incluso, quitarse la vida si no accedemos a sus demandas. Suele ser una persona excesivamente dependiente y necesitada.
  • El del sufriente: en lugar de amenazar, nos indica de forma más o menos directa que si no hacemos lo que quiere sufrirá y la culpa será nuestra. A veces, puede decirlo con una aparente “bondad”, por ejemplo: “me pondré triste si tú haces tal o cual, pero no te preocupes, ya sé que tú necesitas…”
  • El del atormentador: nos alienta, nos promete amor, un ascenso profesional, dinero, etc. si nos comportamos como quiere, pero la recompensa se desvanece cada vez que nos acercamos.

Y los recursos de los que se sirve el chantajista suelen ser:

  • Dar la vuelta a la tortilla, de manera que nosotros somos los malos y él/ella el bueno. Ejemplos: a) un amigo te pide dinero por la cara, y si no se lo prestas tú eres el egoísta,   b) tu pareja llega a casa de malhumor e intenta pagarlo contigo, y si te enfadas, te dice que eres agresivo.
  • Patologizar: poner una etiqueta de enfermo o desequilibrado. Esto se puede hacer de forma más violenta  (por ejemplo diciendo “eres una histérica” o “estás loco de remate”) o más “suave” (por ejemplo, “me parece que no has resuelto tu complejo de X”) pero siempre supone una falta de respeto y una agresión hacia el otro/a.
  • Echarnos en cara algún supuesto rasgo o actitud negativa para hacernos sentir culpables y que cedamos en algo. Nadie es perfecto y es un recurso muy fácil utilizar (o inventar, si se tercia) algún “defecto” del otro para hacerle sentir mal.
  • Dar “golpes bajos”, o sea, atacar dónde más le duele al otro, en uno de sus puntos más vulnerables, para situarlo fuera de juego, y poderlo manipular a gusto.
  • Utilizar comparaciones negativas. Por ejemplo: “¿por qué no eres/ no haces como…?”
  • Recabar aliados: cuando los intentos individuales no dan resultado, el chantajista puede buscar a otros que le apoyen en sus demandas, o puede apelar a “figuras de autoridad” (“lo dice…”)

De todas maneras, “para bailar hacen falta dos” y para que el chantaje tenga éxito es preciso que el otro/la otra tenga unas determinadas características que le hagan vulnerable a la manipulación.  De eso, y de cómo hacerle frente, hablaremos en una próxima entrada de este blog. No se la pierdan.

Para terminar, solamente añadir que no hemos de confundir el chantaje, es decir, una demanda deshonesta bajo coacción, con la sana fijación de límites, es decir una demanda justa y asertiva, respetando los derechos del otro/a.

Josep Planas –psicólogos online, psicólogos Barcelona.


La inteligencia emocional

psicologo1Los sentimientos son el motor de nuestra vida. Nos empujan hacia estados de felicidad o tristeza, dependiendo en gran parte de los factores que nos afectan desde el exterior, pero sobre todo, de la reacción interna que tenemos ante estos estímulos externos.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la capacidad personal de saber gestionar todas aquellas emociones negativas que captamos, para que no nos empujen hacia un estado de tristeza, estrés o angustia.

Para ello debemos de descubrir todas nuestras fortalezas y saber atenuar nuestras debilidades. Y en este escenario debemos de hacer uso de nuestra parte más racional, analizando la forma de “no sentirse mal”, es decir, saber generar un buen estado de ánimo desde una captación de malas emociones.

Para conseguir todo esto lo principal es mantenernos en un estado contínuo de equilibrio psicológico, y una vez conseguido, saber nivelar nuestros sentimientos cada vez que tengamos una percepción negativa de la realidad. No se trata de ser ignorante, se trata de poder elegir como queremos sentirnos ante cierta situación, sin ser sometidos por los sentimientos.

Cuando nuestro cuerpo y nuestra mente tiene que reaccionar ante algún suceso, se abre un debate interno, en el cual debemos elegir entre el pensamiento racional o el pensamiento sentimental ¿Por cual nos debemos dejar guiar? Lo ideal es saber mantener un equilibrio entre ambos, solo asi, podremos anticipar estados emocionales antes de ejecutar conductas y tener la capacidad de elegir pensamientos alternativos que se puedan
adaptar.

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Una correcta inteligencia emocional nos permite manejar los conflictos de forma más pausada y con unas capacidades mayores para actuar ante ellos, se trata de no desmoronarse y tener la capacidad de actuar con una cierta lógica, evitando asi el estrés y la toma errónea de decisiones.

¿Cómo son las personas inteligentes emocionalmente?

Las personas inteligentes emocionalmente suelen presentar una serie de características comunes, las cuales vamos a enumerar a continuación:

  • Son personas felices, y no solo eso, sino que también comparten y transmiten esa felicidad, y las personas que se mueven a su alrededor suelen verse beneficiadas de esta felicidad plena.

  • Son personas seguras, no se inquietan ante las situaciones más adversas, porque saben que son capaces de conseguir lo que se propongan, además, son conscientes de que el nerviosismo, el estrés y el dejarse llevar por sus sentimientos estropearán la forma de actuar ante los conflictos.

  • Son personas responsables, que no se enconden ante nada ni ante nadie, y que asumen las consecuencias de sus actos de forma natural y amena.

  • Son personas abiertas y optimistas, que mantienen una actitud positiva ante todo tipo de personas, adaptando su forma de actuar ante cada persona, sin miedo a reproches y sin pensar en lo que la otra persona puede pensar de nosotros.

Enrique Jiménez

Psicólogo